martes, 20 de enero de 2009

Del amor a uno mismo

La vida no es nada sin amor. Parece una frase romántica, pero no lo es. Es la "triste" realidad, por así decirlo. Quien no ama nada, quien no siente interés por nada, pasa por la vida como un zombie, moviéndose sin espíritu y haciendo cosas sin disfrutarlas. El amor es un sentimiento que se puede proyectar sobre cualquiera de los elementos que forman parte de nuestra vida, y de todos estos elementos, ninguno es más importante que nosotros mismos.

Se piensa a menudo que amarse a uno mismo es fácil, puesto que el egoísmo es un defecto muy extendido. Falso. En realidad, el egoísta es una persona que no sabe amarse a sí mismo. Es como la madre sobreprotectora, que está siempre encima de su hijo, sin darse cuenta de que le perjudica de esta manera, y que si de verdad lo ama y desea lo mejor para él, haría mejor criándolo de manera que pudiera valerse por sí mismo en el futuro. Y aparte de los egoístas están los que, por un curioso estado de la sensibilidad, no se dan importancia a sí mismos, o creen que la vida va a durar mucho y que ya tendrán tiempo en el futuro de hacer esas cosas que deberían hacer ahora.

En el duro camino de la vida, cada uno de nosotros debería amarse a sí mismo como una madre, buscando lo mejor para nosotros, tanto en el presente como de cara al futuro. Una persona que se ama a sí misma también ama más facilmente a los demás y a todo lo que le rodea. Es una persona motivada, que crece interiormente cada día y a la que los demás también se sentirán más inclinados a amar que si se despreciase a sí mismo. La indiferencia no es atractiva.

Saber amarse a uno mismo no es fácil a veces, como tampoco lo es saber amar a los demás; sin embargo, este aprendizaje es sin duda el mejor favor que podernos hacernos a nosotros mismos, y también a quienes nos rodean.

Imagen: http://elmundosigueahi.blogspot.com/2004/12/el-espejo.html

4 comentarios:

Thimbler dijo...

Reitero lo dicho al mediodía. Thanks. Tomaré buena cuenta ;)

odiaC_le dijo...

Había un aforismo de Nietzsche que decía algo así como para ayudar a los demás primero debes saber ayudarte a ti mismo (no con estas palabras ni de forma tan de frase-de-nick-de-msn).

Yo no trato de ser un mesías ni un predicador ni un hombro sobre el que llorar. Me guío por unos valores que ahora no viene a cuento comentar y los tengo interiorizados de forma muy clara. El problema es que, al menos a mí, por nuestros miedos y complejos, ciertas formas todavía continúan afectándome en exceso cuando no debiera ser así.

Que la teoría la tengo bien aprendida es algo claro; lo malo es cuando todo eso falla por algo trivial que no tendría por qué afectarnos.

Ámate a ti mismo, con tus limitaciones y tus miedos, que diría el otro, lo cual es complicado de cojones. Yo al menos lo sigo intentando.

P.D. Igual el mensaje es algo críptico de más, pero juro que tiene que ver con la entrada original. xD

Madame Celofán dijo...

Pues sí, la verdad es que tienes toda la razón. Yo me quiero mucho a mí misma. La caridad empieza por uno mismo ¿no? y, además, la gente que se quiere bien pilla más.
¿Has visto?

La interrogación dijo...

Estoy contigo me parece que amarse uno mismo es lo más complicado. Amarse uno mismo no es lo mismo que ser narcisista o egoista es algo básico para saber amar a otros, creo, digo yo.