domingo 25 de octubre de 2009 | |

Papá estado

Hace pocos días tuve una sensación extraña al enterarme de dos noticias curiosas. La primera es que en Barcelona se van a prohibir las famosas "happy hour" de los bares y locales nocturnos, puesto que, según la Administración, favorecen el consumo de alcohol. La segunda es que la policía se acercará a los jóvenes que vea deambulando por las calles en horas de colegio para preguntarles qué hacen, por qué no están en clase, etc., y avisar a sus padres o al centro si lo creen conveniente.

No sé, quizás haya algunos "respetables ciudadanos", "personas de bien", a los que estas medidas les parezcan fantásticas e incluso lancen un "¡ya era hora!" al enterarse de ellas. A mí, en cambio, me producen más bien la sensación de encontrarme en un estado paternalista, por no decir fascista, cuya tutela me empieza a parecer excesiva.

Sinceramente, si a mis quince años me hubiera dado por hacer campana (nunca fui dado a esas cosas) y me hubiera encontrado por la calle con un policía que me hubiera comenzado a preguntar qué hacía allí e incluso hubiera llamado a mis padres, he hubiera quedado flipando. Supongo que es que en los ochenta las cosas eran diferentes, había más ansia de libertad, más aprecio por ella, quizás porque no muchos años atrás se había tenido muy poca, con Franco. El caso es que la noticia me parece de lo más alucinante. No me atrevería a decir que la decisión sea "mala", y supongo que de alguna manera tiene su lado positivo, pero en cierto modo me da mala espina. Me parece primer paso de un camino que puede no acabar bien para la libertad individual y el libre desarrollo del individuo.

La otra, la del 2x1, me parece todavía más patética. ¿De verdad se creen que las borracheras nocturnas se deben a este tipo de cosas? Quienes han dictado esa ley no deben salir mucho de marcha por ahí. El 2x1 suele hacerse en las horas en las que normalmente los locales están más vacíos, casi siempre por la tarde, con la lógica voluntad de atraer clientes; pero no nos engañemos: el cliente que se quiere emborrachar con el 2x1 se emboracharía igual con el precio normal, y quienes no quieren pasarse por el alcohol, no se pasarán tampoco aunque vayan a estas horas. Por contra, esta medida obliga a algunos ciudadanos a gastarse más dinero del necesario, precisamente en una época de crisis. Genial. Y todo por adoptar una vez más esa lamentable actitud paternalista, vigilante, que busca conducir al pobre e ignorante ciudadano por el camino recto, ese camino que sólo nuestros sabios dirigentes conocen. Si es que... no sé qué haríamos sin ellos, pobres de nosotros.

Imagen: http://thehappiesthour.files.wordpress.com/2009/05/happy_hour_logo_cropped.jpg

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miércoles 7 de octubre de 2009 | |

La ciencia española no necesita tijeras

No puedo dejar de sumarme a la inciativa de la aldea irreductible sobre el recorte en los presupuestos de ciencia que prentende llevar a cabo el gobierno. Una auténtica barbaridad para un país como el nuestro, que hace décadas que debía haber reorientado su economía, pero en el que los políticos no parecen dispuestos a modigficar el viejo modelo de pisos y turismo. Mi granito de arena.

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martes 29 de septiembre de 2009 | |

Las abuelas y los progres

Me llamó mucho la atención una frase de Hernán Casciari en un memorable artículo (que en realidad iba sobre el racismo en el fútbol) en el que decía:

Me está empezando a preocupar que las gestas sociales de estos dos grupos humanos (progres y abuelas, antaño tan diferentes en sus ideologías) cada vez se parezcan más.

Comparto la preocupación por ese curioso fenómeno. Antaño (me refiero a los años 70 y 80, básicamente) la sociedad estaba "equilibrada", en el sentido de que por un lado las generaciones más viejas defendían un comportamiento más estricto en todos los aspectos (maneras de vestir, comportamiento sexual, vida social, opiniones políticas...) y en cambio los sectores más progresistas de la sociedad (y generalmente más jóvenes) preferían tener la libertad por bandera y defender la diversidad y la espontaneidad, frente a las rígidas normas del pasado y la ya gastada moralidad católica que había dominado nuestro país durante siglos.

Ahora, en cambio, uno ya no sabe si la antigua actitud impositiva, casi fascista, que pretende ordenar la sociedad respecto a un pensamiento único, y recortar no sólo la libertad de acción, sino, lo que es mucho más grave, la de pensamiento, es ya patrimonio sólo de las abuelas, o son también los progres quienes la han adoptado, a veces con más virulencia incluso que las abuelas mismas. El "políticocorrectismo" que vemos todos los días a nuestro alrededor es una muestra de que ya no está bien visto pensar libremente; hay que pensar como un "ciudadano decente", como un "español de bien", que dirían Rajoy. Pero la novedad es que no son precisamente las abuelas quienes pretenden castigar al librepensador, sino los progres. O mejor dicho: se suman ambos colectivos, arrinconando aún más así a los pocos que seguimos defendiendo la libertad

Cosas que antes era posible hacer o decir, ahora no pueden hacerse o decirse sin un gran riesgo, y no son precisamente unos pocos censores canosos quienes lo impiden, sino, al igual que en la época de nuestros abuelos, una buena parte de la sociedad, convencida de que ciertas ideas deben imponerse cueste lo que cueste, y cualquier disidente eliminado o acallado.

Precisamente Casciari, en su artículo, comenta con acierto la paranoia antirracista que lleva a tomarse como crimen contra la humanidad las tonterías propias del público del fútbol, cuyo único interés, a menudo, es descargar tensiones o poner nervioso al contrario, sin más trascendencia. Ahora se pone el grito en el cielo por un chiste, una canción, una película o el grito de una afición de fútbol, cuando antes sencillamente se comentaba a favor o en contra, pero casi nadie pretendía censurar.

Los progres de hoy son una gente un poco rara. Pretenden ir de modernos, pero en realidad son como las viejas, solo que la moral que defienden, en lugar de estar basada en el Cristianismo, está basada en las ideas típicas de los progres (obsesión con el machismo y con el racismo, obsesión por la discriminación sexual, etc.). Son ideas diferentes, pero la actitud es la misma: o piensas como yo, o tu alma está poseída por el demonio e irás al infierno. Cada día tengo más la impresión de que sólo unos pocos nos vamos quedando al margen de toda esta paranoia, y seguimos defendiendo hasta la muerte, como cuentan que dijo Voltaire, el derecho a tener otras opiniones, aunque no las compartamos.

Imagen: http://blogs.20minutos.es/myfiles/nilibreniocupado/abuela-fuma.jpg

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miércoles 9 de septiembre de 2009 | |

El problema está en la mente

En la época de emigración masiva desde Argentina a España, es decir, hace pocos años, como consecuencia del famoso corralito, tuve una sensación extraña respecto hacia la visión que los argentinos que venían aquí transmitían sobre su país. Me parecía exagerado que dijeran que allá no había futuro, que era un país en el que ya no se podía hacer nada. Yo veía a Argentina como una nación con grandes recursos de todo tipo, y una población formada y emprendedora, no entendía por qué no podían salir adelante solos. Pensaba que eran demasiado pesimistas respecto a su país.

Ahora, a medida que España se hunde más y más en la crisis actual, voy entendiéndoles. Lógicamente, cada país es diferente, pero cada vez percibo más claramente el problema real de España, e intuyo que es el mismo que los argentinos intentaban hacernos ver sobre su país: un problema cultural. No es un problema económico. Ninguna de las dos naciones está falta de recursos. España no tendría por qué estar por debajo de ningún otro país si sus habitantes realmente quisiéramos avanzar. De hecho, la situación hace pocos años era, aparentemente, esperanzadora. ¿Por qué ahora vuelve a dar la sensación de que somos la cola de Europa?

La razón está en la mente de los españoles, y no en su bolsillo ni, como algunos quieren hacer creer, en el gobierno de turno. Ningún gobierno pasado pudo hacer gran cosa, ni puede hacerla el presente, ni probablemente ningún gobierno futuro. Quienes tenemos que cambiar somos nosotros mismos.

Este país se ha pasado la vida viviendo del turismo y de la construcción, todos lo sabemos. A eso, sumémosle algunas empresas multinacionales que se instalaron aquí cuando salía barato fabricar en España (y que ahora se están largando, claro). Si quitamos todo esto, lo que queda es ya sólo una débil fuerza económica, incapaz de sostener al resto del país, con su enorme y anquilosado funcionariado, y mucho menos de conseguir que estemos a la par de franceses, suecos, etc. Mucho menos cuando la construcción se derrumba por culpa de la irracional burbuja de los últimos años, y cuando el turismo sobrevive como puede en un mundo en crisis donde ya no hay tantos extranjeros que puedan venir por aquí o, si vienen, no pueden gastar tanto como antes.

El español, en general, no es emprendedor. Somos malos empresarios, y como trabajadores nos cuesta ver las cosas de manera diferente a la del típico "currito" que va cada día a hacer lo que le dice su jefe. Somos individualistas, nos cuesta trabajar en grupo, coordinarnos, hacer reuniones (útiles), planificar, ver a largo plazo, investigar el mercado en lugar de ir a salto de mata, etc.

Vemos el I+D como un gasto, no como la fuerza creativa de la empresa; vemos el control de calidad como algo que nos quita recursos, no como lo que consigue que podamos dar una buena imagen en el mercado; en general, lo orientamos todo al beneficio a corto plazo, y cosas como crear una bolsa de dinero para tiempos difíciles (algo que a más de una empresa quizás le hubiera venido bien ahora), sencillamente nos parece de ciencia-ficción. Luego, cuando vienen las vacas flacas, nos quejamos de los políticos (a los que nosotros mismos hemos votado) y exigimos soluciones.

Todas estas cosas no las resuelve un gobierno ni una ley, porque a los españoles el gobierno no les puede hacer un trasplante de cerebro. Esto va a seguir siendo así durante generaciones. Por eso cada vez entiendo más a quienes recientemente emigraban a Gran Bretaña e Irlanda en busca, no sólo de mejor sueldo, sino de mejor entorno laboral. No se trata ya de ir a un sitio donde haya recursos, sino de ir a un sito donde la gente intenta que las cosas funcionen.

Imagen: http://tono7.files.wordpress.com/2007/07/homer_cerebro.jpg

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domingo 6 de septiembre de 2009 | |

La puta calle

Anda la cosa revuelta en Barcelona por el tema de las putas que merodean las Ramblas (y otras calles cercanas). Por lo visto al ayuntamiento ya se le ha agotado la paciencia, aunque la verdad es que no lo acabo de entender, porque hará cosa de un año o dos se pusieron duros y casi "limpiaron" la ciudad de prostitución, creo que apoyándose en una normativa que multaba a los clientes, no a las putas, y que sigue existiendo, supongo. Misteriosamente, al cabo de un tiempo resurgió el problema, y no igual que antes, sino peor de lo que yo he visto jamás.

El caso es que, por la razón que sea, el alcalde ha pedido auxilio a los legisladores del estado español, para que doten a la policía de armas con las que actuar. Por una vez estoy de acuerdo con él. Las cosas hay que tenerlas claras: o se regula (como proponen los progres de IC) o se prohíbe, pero lo que no puede ser es seguir mirando hacia otro lado, como ha hecho la sociedad durante siglos.

Personalmente, el tema de las putas siempre me ha importado un comino y nunca hasta ahora me había sentido molesto. Antes tú ibas por la calle y a veces veías a alguna chica en la esquina esperando clientes. Bueno, ¿y qué? Pasando. Si acaso ella a lo mejor te guiñaba el ojo o algo así a ver si ganaba un cliente, pero para de contar. Tú a la tuya y listo. Pero eso era antes. Ahora, recorrer la tradicional calle de las Ramblas de noche se ha convertido poco menos que en una odisea, en la que tienes que ir apartando putas con los brazos cual explorador que aparta los matojos de la selva con su machete. No es una frase hecha, me he llegado a encontrar así. Y qué quieren que les diga, agradable no es. Sobre todo porque se les suman los pakistaníes que te abruman cada 1,5 metros intentando venderte latas de cerveza. Menos mal que a estos últimos sí que los han erradicado con una normativa que prohibe esa venta ambulante (o eso dicen, a ver si tras el periodo vacacional me paso una noche por Barcelona y lo compruebo). Por lo visto contra la venta ambulante se puede actual, pero contra las putas no.

Otra cosa curiosa es que todas las putas de las Ramblas son negras. No me parece bien ni mal, simplemente me llama la atención. No hay sudamericanas, rusas, rumanas... solo negras. Qué mundo más raro, será que van por zonas.

La situación que recientemente se vive en las Ramblas sólo la había visto antes en la famosa calle Montera, de Madrid, otro sitio que hace sentir vergüenza, y en el que los vecinos, desamparados ante la inacción del ayuntamiento, habían amenazado con filmar a putas y clientes y difundir las grabaciones públicamente. No sé si allá finalmente se ha movido el ayuntamiento, pero falta haría.

De momento el presidente Rodríguez se ha quedado un poco fuera de juego, y solo ha sabido poner cara de circunstancias y decir que la situación le produce una sensación de rechazo... En fin, esperemos que al final salga alguna ley sobre el tema que lo deje resuelto de una vez, que ya va siendo siglo.

Imagen: http://www.rionegro.com.ar/diario/2007/10/05/images/42961.jpg

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