sábado, 7 de julio de 2007

El tonto que se ríe de otro tonto

Me gustan mucho los artículos de Alber Vázquez en Libro de notas, no sólo porque suelo coincidir mucho con su opinión, sino porque me encanta la manera tan directa, sencilla y honesta (muy vasca, por cierto) que tiene de decir las cosas. Una de sus últimas entradas (a la que ha seguido una auténtica guerra de comentarios en su página) me ha hecho reflexionar especialmente sobre un tema que, de tan recurrente ya cansa un poco, pero que por mucho que nos esforcemos siempre vuelve a nosotros: el de que las generaciones jóvenes están peor educadas y formadas que la nuestra y las anteriores a la nuestra. En este caso, no acabo de estar de acuerdo con él, y lo pongo aquí porque un comentario me parece un lugar demasiado breve para aclararlo.

Personalmente, y a pesar de compartir la impresión intuitiva de que los jóvenes son algo ignorantes en cosas que antes sabía cualquier adolescente, pienso que la guerra de generaciones es, como la guerra de sexos y tantas otras, una gilipollez. Siendo honestos, tendremos que reconocer que ninguna generación es mejor ni peor que cualquier otra, de la misma manera que los hombres no somos mejores que las mujeres ni ellas mejores que nosotros, etc. Cada cual en esta vida intenta salir adelante como puede, en las circunstancias que le tocan vivir; aprende lo que necesita y desprecia, por lo general, aquellos conocimientos que no le aportan ninguna utilidad real.

Si los jóvenes no aprenden ciertas cosas, será, digo yo, porque su entorno no se lo pide. Si no, ya verías cómo espabilaban. Tontos no son: mira con qué facilidad aprenden a pasar pantallas del último juego de la play o averiguan cómo configurar los puertos para usar el emule por mucho que Telefónica intente impedirlo. Cada cual se esfuerza en aquello que le parece necesario o que simplemente llama su atención, así de simple. Y eso no es de tontos, sino de inteligentes.

Pongo un ejemplo muy claro: Se critica mucho (y yo soy el primero en tirarme de los pelos por ello) la mala ortografía de los jóvenes, achacándola al lenguaje propio de los móviles. Y digo yo: Sí, es horrible, pero por ejemplo mi padre y muchos de su generación son casi incapaces de escribir y mandar un sms, y en cambio estos chavalillos te escriben uno con una parrafada en un santiamén. No sé yo entonces quién es aquí el tonto. De hecho, cuando yo comencé a usar un móvil y me llegaron mensajes en este curioso "idioma", lo primero que pensé no fue "oh, generación degenerada que ya no sabe ni escribir como Dios manda", sino "ostras, qué ingeniosa manera de comprimir la información para opitimizar la transmisión".

Cada generación tiene sus virtudes y sus tonterías, y cuando una se ríe de otra, no comprende que es un tonto riéndose de las tonterías de otro.

3 comentarios:

Johnny Tastavins dijo...

Es igual. Nunca llegaremos a un acuerdo. Nuestro padres pensaban que éramos unos degenerados, nuestros abuelos lo mismo de nuestros padres, y podríamos llegar al Libro del Génesis. Cada generación tiene su tiempo, su estilo, sus necesidades y sus virtudes. La buena educación y un mínimo decoro la redacción no forma parte especialmente importante en las prioridades de la generación que asoma.

Simplemente nos puede molestar. Seguro que a ellos también les molesta nuestro "perfeccionismo", ¿no? Lo que no quita que me gustaría arrimarlos a mi estilo.

Oldman dijo...

Bueno, yo creo que los adolescentes (que no jovenes, cuidao xD) siempre han (y hemos) sido lo peor, iba a alargar mas este punto, pero creo que se puede resumir en: "La Edad del Pavo" (si no eres guay, te machacamos), básicamente se basa en esto, lo que lleva a los gilipuertas esos a hacer cosas que realmente no quieren (lease enborracharse hasta vete tu a saber cuando, empezar a fumar...etc) [Joder me han venido a buscar y me he dejado esto a medias, a ver por donde iba... xD] mierda bueno, lo dejo aqui, que me quedao atascado xD. Que eso, que los tontos son los de la edad del pavo, pero no ahora, siempre lo han sido xDD.

Ana Lorenzo dijo...

Cher Monsieur, coincido contigo en que leer a Alber Vázquez es una de las buenas cosas que tiene la vida: la manera vasca de escribir se une a su humor.
Y sí, la guerra de generaciones, más que un tópico, es una típica repetición en el tiempo.
Es cierto que tienen habilidades estupendas, pero renuncian a la cultura en general y lo justifican con una falacia: no nos sirve (a corto plazo [el ya y el ahora, y, por supuesto, el dinero o el poder]), luego no es necesario. Cuántos grandes literatos y filósofos no habrán repetido mil veces contra el poder: podréis encerrarnos, pero no podréis quitarnos la libertad de pensar, de crear. Y, en los campos del holocausto nazi, abundaban los judíos que recitaban de memoria a los otros obras prohibidas en las precarias bibliotecas a las que unos pocos tenían acceso.
Pero la violencia tremenda de estas nuevas generaciones, su cuestionamiento de todo, no choca con nada, y en todas las generaciones chocaba con la de los adultos: la rebeldía de la adolescencia se filtraba.
Te copio aquí un comentario que hice sobre la noticia de la vuelta al usted, porque en él intento expresar lo que opino del sistema educativo en lo que concierne a esto de la violencia:
No creo que el tú o el usted resuelva nada pero sí estoy de acuerdo en que la educación empieza en la familia. Creo que los niños saben de derechos pero sus padres no debemos olvidarnos de decir que todo derecho conlleva un deber u obligación, que los derechos existen para todos, con lo que obviedades como tu libertad llega hasta donde empieza la del otro, no hagas lo que no te gusta que te hagan, etc., deberían enseñarse bien y desde pequeños. Es inútil dejar al niño a su antojo, no corregirle que en el parque vaya tirando arena a los ojos de los otros niños, o que deje el sitio lleno de papeles, que se cuele constantemente en la fila del tobogán, y esperar hasta los doce años para hablarle de convivencia y respeto. Es inútil también decirle que haga caso al profesor y, delante de él, comentar que el tal profesor «es un idiota, ya ves, qué le importará si el niño multiplica bien o mal, total, ya están las calculadoras, ¿o lo uso yo, eso de la multiplicación?». Es inútil pedirle al niño que muestre interés en las materias si, cuando nos va a leer una redacción o un cuento, subimos el volumen de la tele y le contestamos que no tenemos tiempo para tonterías, «déjame que estoy oyendo las noticias, es importante». Es inútil que nuestro hijo sepa respetar a los demás, sepa que la autoridad en el colegio la tiene el profesor (aclarándole desde bien pequeño que esto nunca es sagrado, claro, que si hay un bofetón o algo raro de por medio, acuda de inmediato a su tutor o al director y nos llame, también de inmediato, por teléfono [mundo malvado éste en el que hay que prevenir contra tales males]), etc., si la gran mayoría sigue impidiendo que las clases puedan darse y si los políticos han logrado quitar a los profesores hasta las medidas más inocuas de castigo, si les han despojado de toda autoridad contra estos vándalos, que por lo menos hay un grupo en cada clase. Porque es realmente inútil perder media hora de clase oyendo cómo una cría de doce años, con los pies encima de la mesa, responde constantemente con un «Pues vale» al «Ya basta, señorita X, no diga usted siempre la última palabra»; lo desesperada que tiene que estar esta profesora para aguantar semejante falta de respeto, para saber que enviarla a dirección o ponerle un parte no conseguirán nada; y lo increíblemente infantil y maleducada que es la niña, que no solo no se calla sino que hace durar media hora una situación estúpida ante una reprimenda que a nuestra generación le habría hecho ponerse roja de vergüenza. Es inútil pedir a un colectivo que, excepciones hechas, ilusiona, motiva y forma cuando le dejan, haga de tripas corazón, no se deprima y resuelva aquello a lo que nadie sabe dar respuesta. Tiene que ser frustrante que te envíen a ayudar a la vendimia con las manos atadas.
Y no entro ya en el tema de las peleas planeadas y los móviles grabando abusos y cosas de sobra conocidas. Solo quiero decir de esto que no me vengan los políticos con el rollo de que siempre ha existido pero ahora se ve por la tele: no, señores, no ha existido siempre, como tampoco ha existido un crío que fuera capaz de estar media hora de clase faltándole al respeto a un profesor día sí y otro también. La violencia sin planear, sí. La violencia de bandas de niñas normales, y de niños, contra niños, contra profesores, se lo aseguro, hace veinte años no existía.
Algo ha cambiado. Analicen, analicen, y escuchen a profesores, sobre todo, antes de aprobar leyes de educación.
Un saludo.
Perdón por el rollo.