sábado, 18 de octubre de 2008

El decrecimiento

Ya hace algunas semanas, un comentario de un visitante proponía el decrecimiento como alternativa a la actual falta de ideas para avanzar hacia un modelo de sociedad más justo y que garantice mejor la felicidad de los ciudadanos. Este es un concepto que vale la pena comentar, pues se trata de una auténtica alternativa, de un auténtico cambio de mentalidad. Aunque no soy ningún experto economista, siempre he defendido que el capitalismo / economía liberal / libre mercado / llámesele-como-se-quiera no se arregla con un "paquete de medidas" que tanto les gusta anunciar a nuestros políticos, porque esas medidas siempre acaban siendo superficiales. Si de verdad se quieren cambiar las cosas, se tiene que atacar la raíz del problema y atreverse a cambiar de mentalidad. Lo otro son apaños.

El decrecimiento propugna una sociedad que no esté basada en el consumo, y en la que, por tanto, el crecimiento y la conquista del mercado no sean el objetivo principal. Lógicamente, esto significa romper con la mentalidad que sustenta el capitalismo, si bien tampoco pretende socializar necesariamente las empresas ni igualar a los ciudadanos, por lo que no es tampoco un tipo de comunismo. Se trata simplemente de marcarse la sostenibilidad y la justicia como objetivos primordiales. Básicamente se trata de una idea ecológica: si nos empeñamos en gastar los recursos sin límite, al final acabaremos con ellos. Además, al sobreexplotar estos recursos, es evidente que, para que unos pocos mantengan esa alta actividad económica, otros deben quedar marginados, rompiendo así la justicia y aumentando las diferencias sociales.

Lógicamente, el decrecimiento es objeto de críticas, como cualquier idea nueva que pone en duda el orden establecido (la democracia también lo fue en la época en la que las monarquías absolutistas dominaban Europa), pero creo que es bueno planteársela. En mi opinión, el capitalismo, como doctrina, está desfasado. Siempre he dicho que es el equivalente en economía a lo que el imperialismo era en la política: sostiene la expansión como idea fundamental. Y de la misma manera que hoy en día a nadie se le ocurre mantener tesis imperialistas en un parlamento, tampoco creo que ahora tenga ya sentido empeñarse en defender las tesis capitalistas, vista la experiencia de los últimos dos siglos. El imperialismo también tuvo su momento, pero pasó; ahora la doctrina dominante es la de que cada país conserve sus fronteras, sin expandirse. Igualmente, en economía, se debe llegar a un punto en el que la mentalidad sea la de que los negocios funcionen sin crecer, simplemente manteniéndose.

Como es sabido, el pretendido crecimiento de la economía capitalista es en realidad un engaño. La economía capitalista no crece, sino que se mueve por ciclos, como una onda. Primero viene una etapa de crecimiento, en la que el consumo se dispara, las empresas crecen, y todo parece ir viento en popa; pero claro, es una ilusión y la gente en realidad lo que está haciendo es vivir por encima de sus posibilidades. Entonces, como consecuencia lógica, viene una época de crisis (ahora mismo estamos en una de esas situaciones), en la que todo parece irse al garete y el sistema vuelve entonces a condiciones más realistas, desde las que volver a remontar el vuelo de la locura consumista, la cual vuelve a acabar desencadenando otra crisis, y así una y otra vez, sin fin. En cierto modo, la sociedad capitalista es una sociedad loca, psicótica. En las épocas de crecimiento, parece estar enferma de consumismo; se compra porque sí, por capricho, porque está de moda; la publicidad crea en la gente necesidades que antes no tenía y la lleva a lanzarse a gastos que no necesita. En las épocas de decrecimiento, el pesimismo se apodera de todos, el dinero se guarda en una caja fuerte en lugar de usarlo, las empresas reducen personal con la excusa de la falta de consumo y nadie se atreve a invertir en nada; todos tienen miedo.

El capitalismo es un sistema esencialmente injusto, ya que quien más tiene, tiene también más posibilidades de ganar mucho más, mientras quien menos tiene, tiene también todos los números para seguir teniendo poco. Es la ley de la selva del mercado. Esta tendencia se agrava a medida que van avanzando los ciclos mencionados anteriormente, ya que en las épocas de crecimiento, los principales beneficiados son precisamente los dueños de las empresas que están expandiéndose, y en las de crisis, quienes mejor las pueden soportar (y luego volver a invertir cuando se acabe) son los que han acumulado ganancias en los últimos años y las tienen bien guardadas, no quienes sólo dependen de su trabajo, que se encuentran en la calle y sin posibilidad de salir adelante. En cierto modo se trata de un sistema en el que los ricos son siempre ricos (a veces algo más y a veces algo menos, pero ricos a fin de cuentas), mientras los pobres, en las épocas buenas se encargan de "mover la máquina" que crea esa riqueza, movidos por la ilusoria idea de que ellos también alcanzarán un alto nivel de vida; y en las épocas malas pagan el precio de su engaño cayendo de nuevo en la pobreza, de la que más tarde querrán escapar volviendo a mover la máquina, y así eternamente. Los ricos, mientras, ven caer las monedas que produce ese sobreesfuerzo en épocas de bonanza, y luego las atesoran en las épocas de crisis, esperando que lleguen tiempos mejores en los que vuelvan a caer monedas.

El objetivo del llamado decrecimiento es eliminar estos ciclos, y dejar a la economía estancada en una situación sostenible; que la gente no se mueva por afán consumista, sino que el mercado sea básicamente estático y funcione sólo para cubrir las necesidades de la sociedad, sin crear otras nuevas con la excusa de aumentar los beneficios y de "mover la economía". Evidentemente, se pueden producir fluctuaciones, momentos más favorables o menos favorables, más o menos actividad comercial... pero por otro tipo de factores más "aleatorios", no por los predecibles altibajos de una sociedad empeñada en crecer, desafiando las leyes de la física.

Además, ecológicamente, el capitalismo es peligroso, porque sólo propone al mercado como regulador de su actividad, es decir, que si se consume petróleo de manera descabellada, por ejemplo, eso debe seguir siendo así hasta que se agote o hasta que las leyes del mercado lo penalicen porque ya no hay tanta demanda o no sale a cuenta. Ahora bien, fijémonos en que esa mentalidad es irracional desde un punto de vista de la sostenibilidad, por dos razones: la primera es que ecológicamente puede ser muy peligroso; la segunda es que, quizás cuando el mercado se dé cuenta de que no hay demanda, sea tarde para reaccionar creando otras fuentes de energía, y eso provoque una crisis social importante durante un tiempo bastante largo. Si queremos que la sociedad vaya bien, y no sólo las empresas, debemos preocuparnos por el buen funcionamiento de todo nuestro entorno: que el ecosistema no se degrade y que las necesidades sociales estén bien cubiertas, les salga a cuenta o no a ciertas empresas.

El decrecimiento propone, en cambio, un modelo de vida sencilla en el que la gente consuma (y por lo tanto tenga) mucho menos, pero también trabaje menos, tenga más tiempo libre, y viva menos agobiada. Estaría por ver, sin embargo, si una sociedad como esa, sin los motores de la ambición y el egoísmo (porque esas y no otras son las fuerzas motrices del sistema capitalista), sería capaz de evolucionar favorablemente. Por lo menos, no parece descabellado.

El tema da para mucho, como se ve, pero hoy he querido hacer esta breve e incompleta introducción. Ya irá apareciendo esta idea en futuros artículos.

Imagen: http://news.soliclima.com/?seccio=noticies&accio=veure&id=2373

2 comentarios:

Tu primo Jordi dijo...

Me ha gustado lo que has escrito, además de estar a favor.

Quisiera puntualizar en el hecho que consideras que los motores del capitalismo son la ambición y el egoísmo. Realmente no he parado a pensar si son estos u otros (en estos momentos solo pienso en meterme en la cama ya que he tenido un fin de semana bastante movidito), pero lo que si quiero comentar es que la ambición no ha de ser forzosamente considerada como negativa. Se puede tener ambición de autosuperación sin tener que dañar a nada ni a nadie.

Me gustaría saber si sin capitalismo el I+D+I se daría, ya que si mantenemos una red industrial que solo mantenga/produzca lo estrictamente necesario para abastecer a la sociedad, entonces es necesario el I+D+I en productos nuevos para afianzarse en una posición de mercado dominante (vamos … joder a la competencia).

Una cosa esta clara, como se están haciendo actualmente las cosas en el futuro pintan bastos. Pero entre capitalismo y socialismo hay una enorme escala de grises. ¿El decrecimiento puede ser la solución? Ni puñetera idea, pero lo que si me gustaría es que no hubiesen de nuevo grandes ideas filosóficas sobre como la sociedad ha de organizarse. Únicamente que imperase el sentido común para poder vivir algo tranquilos que la vida ya es lo bastante jodida por si sola como para que un iluminado venga a decirte como has de vivir y al final joderte.

monsieur le six dijo...

Me alegro de que te guste, pero he de comentar un par de cosas:

-La ambición no la menciono como algo negativo (ni positivo tampoco). Simplemente es que el capitalismo se basa en ella, mientras que el decrecimiento exige que la ambición de la gente esté más controlada.

-El decrecimiento NO es una forma de socialismo. Aquí no se trata de iniciativa privada vs. pública, sino de moderar el consumo y la producción, da igual que sea pública o privada.