martes, 7 de agosto de 2007

La medusa

Llevaba ya un tiempo esperando la llamada del hospital para una intervención (afortunadamente no muy grave) que tienen que hacerme. Ante la tardanza en avisarme, decidí llamar por si iban a tardar mucho más (ya hace más de dos meses que se suponía que tenían que haberme llamado). Me dijeron que no sabían nada de mi caso y que consultase con el ambulatorio. "Vaya, hombre, ya estamos con lo de 'vaya usted a la otra ventanilla', pensé". Pero bueno, lo entiendo perfectamente, así que llamé al ambulatorio y me dijeron que mejor me pasara esta mañana, cuando estuvieran las chicas que se encargan de ello, que por la tarde no están (el mes de Agosto es especial, ya lo sabemos). Me he pasado esta mañana y me he encontrado a una señora que me ha atendido perfectamente, con gran interés y eficiencia, pero que me ha hecho ver los detalles lastimosos de toda la cadena de trabajo en la que se halla inmersa. En primer lugar, llama al hospital, y resulta que el teléfono que le constaba como del departamento al que tenían que llamar no era el que debía ser. Extrañada (y yo más, porque por narices tienen que haber llamado allá alguna vez en el último mes como mínimo), se lo apuntó para que quedara constancia. Luego, preguntando por el fax que enviaron hace dos meses (y que estaba confirmado como enviado correctamente) se vio que no lo tenían en el hospital, no se sabe bien por qué. Por lo visto una parte de los faxes que envían allá no suelen llegar, lo cual ha alarmado a la mujer, que se ha pasado un rato discutiendo por teléfono con la otra (la que la escuchaba desde el hospital) cómo cambiar el método de trabajo, mientras yo asistía atónito a tal muestra de desidia por parte del sistema sanitario, puesto que esto mismo tiene que haberle pasado a mucha otra gente por cojones. Finalmente decidieron que durante el mes de Agosto (en el que los jefes están fuera y sólo quedan ellas para solucionar los temas) lo harían por carta. Cuando llegasen los responsables ya lo decidirían. Es bonito esto de saber que tu caso sirve para mejorar cosas.

En vista de que había que enviar de nuevo el fax, la mujer (Rosa, creo que se llamaba) me dijo que intentaría recuperar el original del archivo, porque la copia de carbón que yo llevaba casi no se veía. Lo que yo no me imaginaba era que, como comprobé unos segundos más tarde cuando ella se levantó a buscar en el archivo, éste consistía, no en unas carpetas bien organizadas y convenientemente guardadas en su armario con clasificadores según la letra o la fecha, sino en una caja de cartón tirada en la parte de abajo de una estantería con las hojas ahí, a saco (ordenadas por fecha, sí, pero vamos, aquello tenía más pinta de papeles de una mudanza por extraer o de papeles para reciclar que otra cosa). Es sólo una cuestión estética, lo sé, porque a fin de cuentas los papeles ahí están, pero a veces los pequeños detalles son reveladores de toda una manera de hacer las cosas.

Por lo demás, Rosa, que me dijo que llevaba sólo unos meses allí y que la habían dejado sola en Agosto (completamente previsible, de hecho no me esperaba encontrar otra situación al llegar allá), me pareció enormemente eficiente. La típica persona que te gustaría encontrar en estos casos. Por su parte, no puedo tener ninguna queja, pero por parte del sistema en general, supongo que esta es de aquellas situaciones que a más de uno le hubieran llevado a liarla bien liada, con bronca incluída hacia la pobre infortunada de turno (que tiene menos culpa que nadie) y frases despectivas a la manera de emplear nuestros impuestos por parte de la Administración. Y es que por fortuna mi caso no es grave, pero ¿y si lo hubiera sido?

Mi reacción ha sido muy distinta, y como este podría nombrar muchos más casos en los que simplemente he aceptado con filosófica paciencia los inconvenientes del sistema, igual que cada día en la empresa donde trabajo, en el restaurante donde tardan en servirme o en mil sitios más, acepto los defectos de las situaciones, al entender que éstas están dirigidas por personas, que no son perfectas. Los seres humanos no somos máquinas, somos humanos. Estamos llenos de defectos, descuidos, manías, intereses... y por eso las cosas funcionan como funcionan. Por mucho que nos duela, no podemos pedir que todo vaya sobre ruedas. ¿Podemos hacer algo por cambiarlo? A veces sí, a veces no, a veces muy poco. En cada caso corresponderá actuar o no, según la capacidad que tengamos. En un caso como este, poco se puede hacer excepto manifestar la sorpresa por la situación y transmitir el deseo de que en el futuro se haga diferente. Con cabrearse no se arregla nada.

La actitud de asimilación de los problemas no es fácil, sobre todo cuando requiere cambiar, no una cosa, sino una persona. En esos casos es mejor asumirla como es o irse con la música a otra parte. Es lo que hay. A mí mismo me cuesta asumirlo, pero es lo que hay. Cuando alguien de quien esperas algo no te lo da, te decepciona, pero en el fondo, es difícil saber si esa decepción se debe a que él haga algo mal o a que tú esperas lo que no puedes esperar. Quizás sean ambas cosas. A veces creemos que el mundo funciona mal simplemente porque en nuestra mente funciona diferente, y esto me recuerda otro caso actual, en el que yo no he estado a la altura y quise que las cosas fuesen de otra manera, pero no lo son. Culpa mía, no de la realidad, ni en este caso de esa persona. Ella es lo que es. Hoy me toca decidir si me voy con la música a otra parte o si acepto lo que hay, pero en cualquier caso no puedo ni debo cambiar a nadie. Por eso ahora me pregunto: Si en la playa en la que te gusta pasar las tardes descubres un día una medusa, ¿dejas de ir a la playa para siempre, o te quedas porque asumes la molestia de algún picotazo ocasional, a cambio de seguir disfrutando en ella apaciblemente, como has hecho hasta ahora? No sé aún qué respuesta escogeré, pero en cualquier caso, quien se quiera quedar en la playa, deberá aceptarla toda entera, con sus limpias aguas, su fina arena, su hermosa puesta de sol, pero también con medusa y todo. Y no podemos olvidar una cosa: para los demás nosotros también somos otra playa, en la que quizás haya más de una medusa nadando.

2 comentarios:

Sonia dijo...

A veces las picaduras de las medusas son demasiado dolorosas como para no darles importancia.

Hay que saber hasta donde podemos llegar en cada situación, no todos somos iguales...yo a lo mejor puedo soportar algunas picaduras que a los demás les hacen demasiado daño con tal de ver de cerca esa playa y ese amanecer.

Si algo duele...por que no andar en dirección contraria a la causa de ese dolor?Enfrentándonos a el conseguiremos que sea menor?

Monsieur le Six dijo...

No será menor (aunque podría ser que nos acostumbrásemos). Hay que decidir si vale la pena o no. Pero es nuestra decisión, no podemos echarle la culpa a la playa.