domingo, 19 de agosto de 2007

Las cuerdas desafinadas

Es bien sabido que cuando en una guitarra (o cualquier instrumento de cuerda) se pulsa una cuerda afinada en un cierto tono (por ejemplo en Re), cualquier otra cuerda que esté afinada en el mismo tono, vibra también. Es un fenómeno fácilmente observable y que los físicos llaman resonancia. Se produce porque los cuerpos tienen, según sus características físicas, una frecuencia característica llamada frecuencia de resonancia, que es la frecuencia a la cual vibran más fácilmente. Por eso, al recibir el choque de una onda de esa frecuencia, proveniente de la primera cuerda, vibra también la segunda, puesto que la frecuencia de la onda es justamente su frecuencia característica.

Este maravilloso fenómeno nos da una idea de la armonía del Universo y de las relaciones entre las cosas que lo forman, e incluso es fácilmente extrapolable al carácter de las personas. Todos tenemos un carácter con muchas complejidades, pero que básicamente tiene una manera de ser. Cuando encontramos a otra persona que "vibra a la misma frecuencia", por así decirlo, sentimos una sensación agradable, como si de pronto hubiéramos hallado una parte de nosotros mismos. Normalmente, esta perfecta compenetración de los caracteres lleva a la amistad, y en ella nos desarrollamos con más facilidad, al servirnos la otra persona de estímulo en nuestras propias ideas y afectos.

Pero si cada persona fuese una cuerda afinada a un tono, veríamos sin duda que habría tonos mayoritarios y otros que difícilmente se repiten. Como si la mayoría de las cuerdas estuvieran afinadas en Do, bastantes en Re, y luego ya sólo unas pocas en Mi, Fa... Y al final encontraríamos también extrañas cuerdas que parecerían estar desafinadas, y que vibran solitarias esperando, quizás en vano, que en algún lugar alguna otra cuerda escuche su sonido y lo repita. En esa sinfonía extraña que sería el mundo, estas cuerdas serían vistas por las demás como un estorbo, como un toque disonante que estropea la interpretación y que debería sel eliminado; pero quién sabe si al final, al evolucionar la obra, no será también necesario que se pulsen esas cuerdas, y que sus extraños y disonantes tonos, adornen también el mundo y lo liberen de la insoportable monotonía de las cuerdas afinadas en Do.

No sé vosotros, pero yo encuentro muy bella y poética la solitaria imagen de esa cuerda desafinada, sobre todo porque seguro que en algún lugar debe haber, sin duda, otra que vibre como ella, esperando escucharla algún día.

Imagen sacada de: http://www.flickr.com/photos/arussoni/318100307/

2 comentarios:

Sonia dijo...

Hay veces, que una cuerda afinada en Re se desafina, no se sabe bien el motivo, pero se desafina y siente que ya ninguna cuerda vibrará como ella...

Quizás, esas cuerdas desafinadas a las que te refieres no sean más que eso, bonitas variaciones en la afinación que hacen que todo suene distinto.

(Y yo que estaba calculadora en mano esperando a calcular la frecuencia de resonancia...decepcionada estoy!)

Monsieur le Six dijo...

En realidad esta metáfora se puede extrapolar a muchos aspectos. Igual que hay cuerdas que se desafinan, también hay muchas que comienzan sonando desafinado, pero que ellas mismas se tensan para adaptarse a un tono en el que puedan coincidir con otras. Pierden así parte de su carácter, pero ya no suenan solas.