martes, 14 de agosto de 2007

Enemigos, los justos

Ya hace un tiempo publiqué un artículo sobre ello, pero hoy me apetece recordar el tema de los perdones, las reconciliaciones y todo lo que rodea a las subidas y bajadas que sufre nuestro afecto y respeto por las demás personas; y me apetece porque después de fenomenales broncas, desprecios e insultos, ayer por fin hubo fumata blanca con cierta personita de lo más curiosa y cuyo blog he añadido ya a mis enlaces, como pequeño detalle amistoso. ¿Verdad que mola esto de llevarse bien? Ya lo creo. Y más cuando hay amigos comunes que sin duda están más contentos al ver que no se encuentran en medio de un fuego cruzado. Yo es que para estas cosas cada día soy más hippie, paso de malos rollos. Si hay que dar hostias se dan, pero darlas porque sí, es tontería.

Sin embargo, hay reconciliaciones imposibles. Cuando lo que nos produce repulsión es la propia manera de ser de la otra persona, cuando vemos que ella es todo lo que nosotros odiamos en alguien, ahí la verdad es que la cosa está jodida; porque ya no es cuestión de conseguir un "oye, perdona, creo que me pasé con aquello", sino de aceptar su manera de hacer las cosas, y eso no es posible cuando esa manera de hacer las cosas representa todo aquello contra lo que luchamos, todo aquello que detestamos. En esos casos, yo soy de los que piensan que también hay que ser honesto con uno mismo y saber ser enemigo de nuestros enemigos. No es nuestro destino llevarnos bien con todos, siempre hay unas personas (en mi caso pocas, afortunadamente) con las que estamos destinados a enfrentarnos. Sepamos hacerlo también con valor y dignidad, sin falsedades ni hipocresías. Si he de tener enemigos, prefiero que sean como Dios manda, que no me vengan intentando disimular.

Los actos, en cambio, se pueden arreglar, y las enemistades que se producen por ellos son siempre solucionables con algo de buena voluntad y más o menos tiempo. Más que enemistades son rachas de mala leche. Por algo que se dijo o se hizo siempre se puede pedir perdón y aceptar que se metió la pata, y si la otra persona es como debe ser, tiene que poder aceptarlo. Y ahí sí que empeñarse en ser enemigo es un error y una estupidez.

4 comentarios:

Sonia dijo...

Si es que está claro, cuando la metida de pata es "superficial" todo se puede perdonar y quizás la relación con esa persona sea mucho mejor de lo que lo era hasta el momento de la discusión.

Como tu dices, no todo el mundo puede caernos igual de bien, no por algún que otro comentario desafortunado, sino por su forma de ser, pero afortunadamente hay gente que si que merece la pena y que sería perdonada una y mil veces.

Wendy dijo...

Ainsh Pablito, si casi se me han saltado las lagrimas!! Muy mala, pero en el fondo soy una sentimentaloide de cuidado.

Sabes (y si no con el tiempo lo sabrás) que me alegro muchisimo de haber enterrado el hacha de guerra, y solo puedo decir que lo unico que me da rabia es no haber dado el paso yo. Supongo que por cobardía, cuando me pongo tan burra y bestiota en ciertas discusiones luego me da mucho palo admitir lo que he hecho. Pero bueno, todo se arregla y de todo se aprende, y sobre todo si tenemos en medio personas como la arriba firmante, que se lo merecen todo y mucho más.

Piruletas para toooodos!!

Monsieur le Six dijo...

Dar el paso uno u otro es simplemente un hecho aleatorio cuando ambos tienen buenas intenciones. Ha dado el caso de que he sido yo, pero bueno, simultáneamente tú ya dejaste por ahí un mensaje citándolo, así que podría decirse que fuimos los dos ;)

Y sí, sin una persona como ella, no hubiera sido tan fácil :)

Sonia dijo...

Joeee, pero si yo no he hecho nada!
Aunque lo cierto es que si que quería que de una santa vez os llevaseis bien, porque no sois tan diferentes!!

Habeis sido vosotros, que sois unos melones y que os cuesta eones daros cuenta de las cosas, pero bien está lo que bien acaba.