viernes, 31 de agosto de 2007

La zona del silencio

En 1930, el piloto mexicano Francisco Sarabia, notificó que su radio había dejado de funcionar misteriosamente al atravesar con su avión una zona desértica situada en el llamado Vertice de Trino, punto en que confluyen los límites de los estados mexicanos de Chihuahua, Durango y Coahuila, y que está delimitada por la Sierra del Diablo.

Por el momento, el hecho se consideró anecdótico y no se le dio importancia, pero en la década de los 70, un error provocó la caída de un cohete de la NASA, a lo cual siguió su correspondiente búsqueda por parte de los técnicos norteamericanos. Extrañamente, los aparatos que rastreaban el lugar en busca del cohete no aportaban datos, y aunque finalmente lo encontraron, alguna gente tuvo la impresión de que había algo raro en aquel caso, sobre todo porque los estadounidenses se llevaron también una gran cantidad de arena del desierto, no se sabe para qué fin. Cuando por aquellos días un tal Harry de la Peña informó de que había un punto del lugar al que no llegaban las ondas de radio, comenzó la leyenda de que existía un cono magnético sobre la zona, y se la bautizó con el misterioso nombre de Zona del Silencio. Siguieron las comparaciones con otros lugares singulares como el Triángulo de las Bermudas, y las noticias de OVNIS, pero sobre todo las particularidades electromagnéticas del lugar, la abundante presencia de meteoritos y las extrañas desviaciones de las brújulas que se encuentran en él.

La leyenda atrajo un cierto turismo, que comenzó a poner en peligro la fauna del lugar, especialmente un tipo de tortuga en peligro de extinción, y en 1978, se creó la Reserva de la Biosfera de Mapimí, a la que pertenece esta zona. Hoy en día es sobre todo un lugar privilegiado para la observación del cielo y de las estrellas fugaces, por lo limpio de su atmósfera, lo singular de su flora y fauna, y por los restos fósiles que hay en él, incluyendo fósiles marinos, pues en el pasado esta zona estuvo cubierta por el Mar de Thetis.

Fuentes:
http://www.interpower.com.mx/salac/2001leon.htm
http://www.torreon.gob.mx/laciudad/turismo/alrededores/zona_del_silencio.php
http://es.wikipedia.org/wiki/Zona_del_Silencio


Foto: http://www.grupoelron.org/fisicaastronomia/zonadelsilenciomexico.htm

miércoles, 29 de agosto de 2007

El sótano de las golondrinas

En el estado Mexicano de San Luis Potosí, podemos encontrar uno de los lugares más bellos y singulares de la Tierra: el sótano de las golondrinas. Se trata de un agujero natural de 512 metros de profundidad, de los cuales 376 son de caída libre (y de hecho se han realizado bastantes descensos en paracaídas), y una abertura de casi 60 metros de diámetro.

Se le llama "de las golondrinas" porque en él habitan numerosos pájaros, entre ellos vencejos, que suelen ser confundidos con las golondrinas. Desgraciadamente, la población de aves ha disminuído en los últimos años debido a la afluencia de turistas, que no siempre se controla todo lo que se debería de cara a proteger lugares como este.

Resulta increíble que la Naturaleza haya podido, por sí sola, crear una cueva como esta, aparentemente obra de un ser inteligente que hubiese querido crear este profundo pozo.


Extraordinaria la imagen del sol entrando en la cueva y los paracaidistas cayendo en ella, junto a algunos grupos de aves, como podemos observar en este video. Realmente vale la pena.

Fuentes:
http://www.mexicodesconocido.com/espanol/deportes/terrestres/detalle.cfm?idcat=5&idsec=28&idsub=105&idpag=3043
http://dmcas.blogspot.com/2007/05/el-stano-de-las-golondrinas-slp.html
http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%B3tano_de_las_Golondrinas
http://www.viajeros.com/diario-4565.html


Fotos: http://www.jornada.unam.mx y http://es.wikipedia.org

lunes, 27 de agosto de 2007

Dichos mal dichos

Existen pruebas de que el refranero, ese pozo de "sabiduría popular", es a veces también un reducto de confusiones populares. Hace tiempo leí (creo que en los Ensayos de Montaigne) la historia del famoso refrán "La excepción que confirma la regla". Cuántas veces nos habremos quedado extrañados pensando: "¿Cómo que la excepción confirma la regla? ¿No debería ser al reves?" Por supuesto. Es que es al revés. El refrán latino original dice: exceptio provat regulam, que significa literalmente "la excepción pone a prueba la regla", es decir, que cuando una regla se da por buena y surge una presunta excepción, ésta pone a prueba la regla, y debemos intentar explicar por qué en realidad no es una excepción, o bien aceptar que la regla era falsa. Pero en lugar de eso, la "sabiduría popular" ha adaptado el refrán para usarlo cuando una regla genérica (pero no estrictamente cierta) va encontrando excepciones que ya nos imaginábamos, pero que no por ello desmienten la validez de la regla (o eso creemos). Así, cuando se dice por ejemplo que los heavies llevan el pelo largo, si aparece uno que no lo lleva, alguién podría decir que es la excepción que confirma la regla, cosa bien absurda, aunque no menos, por cierto, que la regla misma.

Algo parecido ocurre con el famoso dicho "No hay mal que por bien no venga". Habitualmente la gente lo usa al revés, como si dijera "No hay bien que por mal no venga", es decir, que cuando pasa algo malo, siempre hay también alguna consecuencia positiva o alguien que sale beneficiado. Esto es bastante cierto, pero no constituye una idea tan profunda e interesante como la del refrán original: que a menudo cuando se quiere hacer el bien y ayudar, en el fondo siempre se acaba ocasionando problemas a alguien (quizás sin querer). En efecto, cuántos males provocan las meteduras de pata de quienes, por querer mejorar algo, inevitablemente estropean otra cosa. Pero a la gente le da igual si entienden el refrán o no, y lo recitan como el padrenuestro, de carretilla y por inercia.

viernes, 24 de agosto de 2007

La guerra de la oreja de Jenkins

Ya en un artículo anterior hablé del asedio a Cartagena de Indias y de la increíble defensa que Blas de Lezo y los suyos hicieron de aquella plaza, venciendo a una fuerza inglesa claramente superior. Queda pendiente hablar de la guerra en sí, o sea que vamos a ello.

En 1731, el buque de un contrabandista inglés llamado Robert Jenkins fue apresado por un barco español capitaneado por Julio León Fandiño, el cual, al apresar la nave, le cortó una oreja a su prisionero. Cuando éste consiguió quedar en libertad, la oposición al primer ministro Robert Walpole le apoyó para que se presentase en la Cámara de los Comunes explicando el suceso, con la oreja cortada en la mano, y añadió entonces que el español le había dicho: «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve» Fue entonces cuando el parlamento forzó la guerra con España, en contra de la opinión de Walpole. Lógicamente, la verdadera motivación no fue la oreja del contrabandista, sino el interés de los ingleses por apoderarse de alguna de las colonias que la ya decadente España tenía aún en América.

En realidad sólo hubo una operación exitosa en toda la guerra y fue justamente la primera: el asalto por sorpresa de seis buques ingleses al mando de Edward Vernom a Puerto Bello, en Panamá. Este éxito inicial hinchó de arrogancia a los ingleses, que pusieron por las nubes a su héroe y extendieron por aquel entonces todo tipo de burlas, como por otra parte es típico del carácter de este país aún hoy en día, y así puede verse en los diarios sensacionalistas ingleses, interesados siempre en el crear montañas a partir de pequeños errores o defectos.

La consecuencia de este optimismo se pagó cara en la siguiente acción: Pretendieron capturar Cartagena de Indias, con el resultado que ya comenté en su día: La derrota más grande que jamás ha sufrido la Royal Navy. Siguieron a esta algunas operaciones menores contra Cuba, pero también fracasaron. Los españoles, a los que consideraban débiles al principio, se mostraron más difíciles de vencer de lo que parecía, y todos los proyectos ingleses se fueron al traste. Igualmente en el Pacífico hubo alguna expedición naval inglesa, pero de menor importancia.

También en Norteamérica se produjeron enfrentamientos entre los españoles, que estaban en Florida, y los ingleses, que estaban en Georgia, pero tanto los ataques de un bando como los del otro fallaron y no dejaron de ser escaramuzas fracasadas. Sin embargo, no deja de ser curioso que existiese este olvidado enfrentamiento entre ambos países en territorio de lo que hoy es Estados Unidos.

Ante los sucesivos fracasos por ambos bandos, el enfrentamiento se estancó, y luego se enlazó con la Guerra de sucesión de Austria, que acabó en 1748. El resultado de todas estas batallas fue nulo. Nadie consiguió nada, y en cierto modo la derrotada fue Inglaterra, que había fallado en sus pretensiones iniciales de sacar tajada del debilitado reino español.

Es una pena que esta guerra haya sido tan olvidada. Aunque los resultados fuesen nulos por ambas partes, había mucho en juego. Si los ingleses hubieran conseguido sus ojetivos, quizás la Historia hubiera cambiado mucho, al pasar a ser una potencia también en América. No fue así, y encima esta muestra de debilidad sin duda alentó a los norteamericanos más tarde para atreverse a enfrentarse a ellos. Además, contiene una de las batallas más increíbles de la Historia, que ha quedado injustamente relegada al olvido. También constituye una buena enseñanza de cómo las naciones no deben dejarse llevar por la arrogancia, ni los políticos engañarse con la propaganda partidista, porque luego la realidad es mucho más dura, y a veces quien nos parece débil es tan fuerte o más que nosotros. Todo esto, unido a la curiosa anécdota de su comienzo (que le dio también su curioso nombre), hace que me haya parecido interesante dedicarle unas líneas.

Imagen: wikipedia

jueves, 23 de agosto de 2007

Esperar a que se enfríe

Hay veces que estás a punto de conseguir algo que anhelabas, y justo cuando ya alargas la mano para alcanzarlo ves que se aleja; vuelves a acercarte y se aleja más... como si fueses un burro al que alguien le pone una zanahoria delante para que camine sin cesar. Llevo ya unos días con esa sensación. Será que últimamente se suceden mucho estas situaciones en mi vida, y voy pasando de reconciliación a separación o viceversa, como si el destino me las mezclase para compensar, y que así no todo fuese absulutamente horrible ni absolutamente bonito.

Entenderse con las personas es algo complicado, y probablemente uno de los mayores retos de nuestra vida es precisamente el de entender a los demás y hacernos entender nosotros mismos, pero hay temporadas en las que parece como si hablásemos otro idioma, o como si la comunicación estuviera llena de interferencias. ¿No habéis tenido nunca la sensación de que queréis aclarar algo con alguien y de pronto parece como si cada frase aún lo pusiera más difícil, como si cada intento por arreglar los malentendidos sólo crease otros nuevos y peores?

Si reflexionamos sobre las peleas que a veces separan a las personas, veremos que en más de tres cuartas partes de los casos se deben a simples malentendidos. Tan triste como cierto. Amigos o parejas que antes compartían todo dejan de hablarse porque uno dijo algo alguna vez que al otro no le acabó de cuadrar (quizás simplemente porque lo entendió mal o el otro no supo explicarlo bien), y al intentar aclararlo salieron a la luz otros temas en los que ninguno quiso ceder por orgullo, con lo que al final acabaron siendo enemigos. He llegado a ver peleas acaloradísimas por una discusión en la que los que la mirábamos desde fuera veíamos atónitos que en el fondo ambas partes estaban diciendo lo mismo, y todo venía a raíz de matices y maneras de entenderlo, que cada cual quería que se tomaran al pie de la letra por una simple cuestión de cabezonería. Son escenas muy tristes, pero extrañamente frecuentes.

A menudo la reconciliación es tan sencilla como darse cuenta de que en el fondo no existe tanta distancia, y entender que, si ponemos buena voluntad por ambas partes, todo es posible. Dos personas con buena voluntad podrán ser muy amigas aunque discrepen en casi todo, porque no estar de acuerdo en algo no es tan importante como el sentimiento de amistad; en cambio, quienes anteponen su orgullo y su capricho a lo demás, acabarán enemistados por cualquier tontería que se presente.

A veces hace falta tiempo para que se produzca esa combinación de estados de ánimo en la que ambas personas pueden volver a comunicarse, a entenderse. Espero que no sea mucho en este caso; yo por mi parte, intentaré tener siempre la actitud positiva que hace falta para que eso ocurra, pero a partir de ahí quizás haya que esperar, igual que tuve que esperar en otros casos en los que el final fue feliz. Pero esto es como cuando cocinas según qué comidas: no tienes que tocar nada ni añadirle nada, pero sí esperar a que se enfríe para seguir cocinando.

Foto sacada de: http://www.edining.ca