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jueves, 15 de octubre de 2015

Ada Colau no tiene razón: no fue un genocidio

No soy nacionalista. Nunca he sido de banderitas y odas a la patria, más allá de la curiosidad de quien se interesa por la Historia. Nunca celebro ni el 12 de Octubre ni el 11 de Septiembre. No me va, qué le vamos a hacer. 

Por todo esto, cuando el pasado 12 de Octubre saltaron los típicos lemas como el "nada que celebrar", pasé de ellos igual que paso de los fachillas como el diario ABC, que publicó una lamentable portada en la que la palabra "España" se repetía hasta la saciedad, rodeada de los colores amarillo y rojo del desfile militar. Paso. Ni me va el patrioterismo trasnochado, ni tampoco la autoflagelación de quienes se las quieren dar de modernos y cosmopolitas lamentándose de algo que pasó hace más de 500 años. Aún así, tanto postureo de unos y otros, me llegó a molestar un poco por la falta de visión y de conocimientos históricos que muestran.

La guinda la pusieron, desgraciadamente, mi alcaldesa, Ada Colau, con un desafortunado tuit en el que calificaba de genocidio la llegada a América, o el alcalde de Cádiz, diciendo que nunca la descubrimos. Tócate los cojones.

Aún así, todo entraba dentro de lo previsible, en estos tiempos de postureo que vivimos, y que envenenan incluso a personas loables y respetables. La gota que ha colmado el vaso ha sido un artículo del catedrático Vicenç Navarro, diciendo un montón de tonterías impropias de alguien que ostenta tan alto título en la Universidad, aunque sea en Ciencias Políticas y no en Historia. Este artículo pretende ser una respuesta al suyo.

Pero vamos por partes.

No fue un genocidio

El descubrimiento de América llevó inevitablemente a la conquista. La Humanidad es así, y más en el siglo XVI. Si dos civilizaciones se encuentran, es muy probable que haya guerra, y si una de las dos está más avanzada que la otra, la acabará dominando y sojuzgando. Fue así con los españoles, y hubiera sido así si Colón hubiera llegado al acuerdo previo con los portugueses, o si lo hubiera hecho con franceses o ingleses. También hubiera sido así si por un casual los aztecas hubieran estado más desarrollados militarmente que los europeos: Europa habría sido conquistada y sus habitantes convertidos en esclavos de los aztecas, y quizás hoy en lugar de tantas iglesias tendríamos algunas pirámides escalonadas. De hecho los aztecas ya ejercían su poder sobre otras naciones vecinas, como los Txacaltecas, que se aliaron con Cortés precisamente para librarse de ellos. 

El caso es que fueron los europeos quienes se dieron cuenta de su superioridad militar, y la aprovecharon, como la habría aprovechado cualquier otra civilización. Españoles y portugueses, que tenían la ventaja de haber navegado los primeros por aquellas aguas, se lanzaron a la conquista, con pocos efectivos (España era un país algo despoblado, y bastante tenía con sostener las guerras en Europa), pero considerable éxito.

Sin duda esta conquista no fue algo pacífico ni humanitario. Los españoles no tuvieron piedad alguna y masacraron a los indígenas siempre que les pareció necesario. Mataron, quemaron, violaron y destruyeron, pero sobre todo robaron, sin miramientos y sin remordimientos (salvo algunos hombres destacados como Bartolomé de las Casas). Como hacía cualquier ejército entonces, desde los mongoles en Asia hasta los turcos en los Balcanes, pasando por los ejércitos europeos en la propia Europa (¿O no fue entonces también cuando los españoles saquearon Roma? ¿O acaso Alemania no quedó medio despoblada con la Guerra de los 30 años?). Ahora bien, no se realizó un genocidio, básicamente por dos razones.

La primera es que a los españoles y portugueses, lo último que les interesaba era eliminar a la población local. Ambicionaban el oro y la plata, así como los beneficios de la agricultura, y para eso necesitaban miles de indios trabajando tanto en las minas como en las plantaciones (aparte de como sirvientes y como mercenarios de sus escasas fuerzas). Reducir la población local era una estupidez, y en ningún momento se pretendió. Eso sí, mataron a todos aquellos que se resisitían a su poder, pero nunca a la población en su conjunto, como si se tratase de eliminar la raza india para suplantarla con la europea.

La segunda es que no disponían de fuerzas para hacer algo así. Sólo los imperios inca y azteca (sin contar otras naciones) ya sumaban más de 30 millones de personas. Las fuerzas españolas en su totalidad, jamás superaron unos pocos miles durante el siglo XVI. ¿Cómo hubieran podido llevar a cabo tal empresa? Ni queriendo (que no querían) hubieran podido hacerlo.

Aún así, sí hubo un considerable descenso de la población local, sobre todo en Brasil y en las primeras islas del Caribe dominadas por los españoles. Pero la razón no fue la guerra, sino las epidemias. El contacto de las dos civilizaciones trajo algunas enfermedades de América a Europa (como se cree que ocurrió con la sífilis, por ejemplo) y también otras de Europa a América, como la viruela. Los indios, sin defensas ante estas nuevas enfermedades, sufrieron epidemias que diezmaron a la población. Pero esto no fue ninguna alegría para españoles y portugueses. Al contrario: les obligó a traer esclavos de África para sustituir a los indios, aprovechando además que los consideraban más aptos para los trabajos duros. Es por esto precisamente que Brasil, por ejemplo, tiene una buena parte de su población de origen africano.

Por tanto, sí, hubo una gran mortandad de indios, pero sólo una mínima parte se debió a la guerra. El resto, murieron de enfermedad, y muy a pesar de los europeos, para quienes esto fue un contratiempo.

Prueba de que no hubo genocidio es que hoy en día, si uno visita Hispanoamérica, encuentra una grandísima parte de la población con rasgos indígenas. Claro que hay habitantes que parecen "europeos 100%", pero son los menos. Salvo en países de inmigración más reciente, como Argentina, casi todo el mundo tiene algún antepasado indio. Si hubiera habido genocidio, tal cosa no hubiera sido posible.

Otros países como EEUU sí arrinconaron a la población local en "reservas" discriminándolos racialmente, y prueba de la efectividad del genocidio (este sí) norteamericano es que actualmente es relativamente difícil encontrarse a ciudadanos de ese país de origen indio. Sin embargo, no veo que se autoflagelen cuando celebran el 4 de Julio, ni que nadie les eche en cara nada. Y es que los actos de los españoles, aunque terribles, pertenecen a épocas antiguas como el siglo XVI, donde eran relativamente habituales, mientras que los norteamericanos han venido masacrando indios hasta ya casi el siglo XX. Esto por no hablar del exterminio sistemático llevado a cabo en las colonias ya independizadas de España, como ocurrió por ejemplo en Argentina; un tema sobre el que veo a poca gente indignándose. Si tienen curiosidad, busquen datos sobre la Campaña del Desierto, llevada a cabo por Julio Roca.

Gente respetable que pierde el Norte

Respeto y admiro a Ada Colau. Creo que tenemos una enorme suerte en Barcelona de tener una alcaldesa como ella. Estoy de acuerdo con más del 90% de sus propuestas y declaraciones. Desgraciadamente, ésta entra en el 10% restante, y la considero un patinazo que se podía haber ahorrado. No, Ada, no fue un genocidio, no caigas en el postureo. Infórmate sobre el tema, reflexiona, y tú misma verás que no era la palabra adecuada. Puedes afirmar, como Kichi, que se masacró y sometió un contiente en nombre de Dios, y será cierto. Pero lo de "genocidio" sobraba. 

Por cierto, Kichi, es cierto que se masacró y sometió, pero no vengas con que no descubrimos América. Una cosa no quita la otra. El encuentro de las civilizaciones de Europa-Asia-África con las de América era algo pendiente, que alguien debía lograr tarde o temprano, y fue España la que llevó a cabo la empresa. Lo que viniera después ya es otra cosa, pero fue Colón, con barcos españoles, quien hizo el viaje, no un francés o un inglés, ni tampoco fue un azteca quien llegase a Lisboa, por ejemplo. Justo es criticar lo que se hizo mal, pero también reconocer los méritos. Al César lo que es del César.

En cuanto al señor Navarro, decirle que busque mejores fuentes que el tal Chris Harman, porque resulta realmente chocante que una isla como La Española, en la que ni mucho menos había civilizaciones tan avanzadas como aztecas o mayas, tuviera un millón de habitantes ya con la llegada de Colón (finales del siglo XV), cuando por aquella misma época, el total de población de España rondaba los 5,5 millones. Por ejemplo, la fuente que cita Wikipedia (US News and World Report) estima 250.000, algo bastante más razonable. E incluso si hubieran sido un millón, es bastante torticero atribuir a los soldados españoles la reducción a unos pocos miles en unos pocos años, cuando es bien sabido que fue la enfermedad quien provocó tal descenso. Las tropas españolas no eran tan numerosas como para hacer algo así ni queriendo; y tampoco querían, porque no les convenía, como he comentado antes.

Pero no contento con eso, ni con usar alegremente la palabra genocidio, el señor Navarro se permite recordarnos que el día de la Hispanidad fue llamado anteriormente el día de la Raza, que se inició en 1918 y afirma que esto se debe a que pretendía celebrar la superioridad de la raza española sobre las indígenas. Basta una sencilla búsqueda en Internet para saber que se trataba de una propuesta anterior, de 1913 (un siglo después de la independencia de casi toda América), cuyo único interés era recordar el descubrimiento y potenciar el hermanamiento entre España y los países surgidos de las antiguas colonias. De hecho, el nombre "día de la raza", no gustó a algunos y por eso se cambió, pero en Hispanoamérica se sigue llamando así, por lo que difícilmente se puede interpretar como una ofensa.

Señor Navarro, que Ada Colau patine, tiene un pase, pero que unos días más tarde, con tiempo suficiente para reflexionar, salga un catedrático como usted diciendo tonterías, ya es menos justificable. Los soldados españoles hicieron cosas terribles durante la conquista; Pizarro y los suyos, por ejemplo, se portaron poco menos que como una banda de forajidos; pero nunca hubo genocidio ni intención de cometerlo. Al contrario, España promulgó leyes para proteger a los indios y prohibir la esclavitud; y si bien es cierto que en la práctica muchas de esas leyes fueron desoídas por los gobernantes locales, al menos se tuvo la iniciativa de publicarlas, cosa que otros imperios coloniales tardaron muchos años en hacer, sin que hoy en día nadie se rasgue las vestiduras por ello. Así que no se las rasgue usted tampoco por algo que nunca sucedió.

martes, 17 de febrero de 2015

Otra vez ellos

Hace unos 2.500 años, hacia el 491 a.C., ocurrió en Grecia un hecho notable. Unos mensajeros del rey Jerjes, soberano de los persas y dueño de un enorme imperio con recursos humanos y materiales casi inimaginables, se presentaron ante las principales ciudades griegas y les pidieron "tierra y agua". Tal petición simbolizaba, en realidad, el sometimiento de la ciudad a la autoridad del rey. La idea de Jerjes era que el temor de los griegos ante su poder, les haría aceptar una vergonzosa esclavitud antes que arriesgarse al exterminio total.

Efectivamente, la mayoría de las ciudades, entre ellas la antigua y renombrada Tebas, aceptaron la oferta. Pero las dos más poderosas, Atenas y Esparta, la rechazaron. Más aún, como muestra de desprecio ante el rey, los atenienses ejecutaron a los mensajeros, y los espartanos los arrojaron a un pozo, diciendo : "ahí tenéis el agua y la tierra que pedís".

Naturalmente, a los pocos años, Jerjes reunió un gran ejército y marchó sobre Grecia, aunque, como todos sabemos, fue finalmente derrotado. Pero esta derrota fue algo inesperado. Unos días antes de Salamina, a nadie se le hubiera ocurrido pensar que la actitud de los griegos fuese sensata, sino más bien una bravuconada estúpida, propia de gente sin sentido común.

Lo cierto es que, sensata o no, la decisión de los espartanos y los atenienses salvó a la civilización occidental. Gracias a su coraje, los logros de la civilización griega, entre ellos la democracia, perduraron. Y no sólo eso: quién sabe si una vez dominada Grecia, Jerjes se hubiera animado a caer sobre Italia, y con ella la pujante, aunque todavía no muy poderosa república romana. De este modo, dos de los avances políticos y sociales más notables de la Antigüedad, la democracia ateniense y la república de los romanos, hubieran dejado de existir. Se demostró entonces que hay cosas por las que merece la pena arriesgarse a grandes penalidades, y que no basta con disfrutar de la libertad, sino que a veces hay que tener el valor de pelear por ella, incluso a riesgo de afrontar un suicidio casi seguro, como ocurrió a los espartanos que partieron hacia las Termópilas. Si atenienses y espartanos hubieran sido "sensatos", según el criterio dominante, la Humanidad misma hubiera visto su progreso retrasado en varios siglos.

Hoy, dos griegos llamados Tsipras y Varoufakis emulan a Temístocles y Leónidas enfrentándose a un enemigo mucho más poderoso, y aceptando un destino muy probablemente terrible. Muchos los llaman insensatos, y la prensa alemana se burla de ellos diciendo que están locos y mofándose de su "desfachatez" por el aire desenfadado (sin corbata, alegre e informal) del que hacen gala. El ministro Schäuble, con su aspecto de burócrata alemán rígido e inalterable, parece no acabar de creerse que esos dos tipos que parecen salidos de un local de copas le estén plantando cara. A él, al Bundesminister der Finanzen. Probablemente la misma sorpresa que tuvieron los generales persas seguidos de decenas de miles de hombres al enterarse de que 300 espartanos iban a plantarles cara en medio del camino. Ahí, con todo el morro.

Lo cierto es que, al igual que hace 2.500 años, la actitud de los griegos es ciertamente temeraria. Negarse a aceptar la financiación de la UE es prácticamente condenar a Grecia a la autarquía, una situación nada agradable. Ahora bien, la alternativa que propone la UE es inaceptable, y no simplemente por razones económicas, sino por una cuestión de principios, de política, de dignidad. Lo que hay en juego en Grecia no es sólo el futuro de los griegos, sino, al igual que en tiempos de Temístocles, la democracia misma y, en definitiva, la libertad. Ya no es una cuestión de cifras, de si me prestas al 2% en lugar de al 3% o si me das dos años de plazo en lugar de uno. 

De lo que se trata es de que el sistema financiero internacional se ha convertido en el mayor enemigo de la Humanidad, mucho más que el islamismo radical, del que tanto se habla. Una amenaza para Europa comparable a la que entonces era el Imperio Persa. Se ha convertido en una mafia que poco a poco va esclavizando los países para entregarlos a ciertos intereses privados, como si en la Edad Media feudal nos encontrásemos. La situación se ha agravado tanto en estos años que incluso países como Japón (el país más endeudado del mundo, con casi un 250% de deuda sobre su PIB) están al borde del abismo. Grecia es el que ahora está siendo apuntado por los focos, pero en el fondo no es sino el primero de una larga lista. Si Grecia se arrodilla, vendrán otros detrás, y el mundo entero acabará arrodillado. Es por eso que, al igual que en Salamina o Platea no sólo se decidió el futuro de los griegos, sino quién sabe si también el de los romanos, también ahora Grecia decidirá, con su actitud, si su ejemplo servirá a otras naciones para plantar cara a la mafia, o si su sumisión desanimará a los pocos que piensen en hacerlo.

De momento Varoufakis ha partido hacia las Termópilas y Tsipras sigue planeando las posibilidades de salir adelante, cual Temístocles organizando la flota. Quizás tengan la misma suerte o quizás no, pero mientras, uno puede leer en los medios y en las redes sociales los mismos comentarios de los asustadizos ciudadanos que seguramente se pudieron escuchar hace 2.500 años en las calles de Tebas o Tesalia, cuando muchos seguramente preferían que Jerjes impusiera su ley, con tal de no pasar la vergüenza de no haber tenido el valor de hacer lo que sabían que era correcto, y que otros estaban haciendo por ellos.

sábado, 12 de octubre de 2013

Días grandes y pequeñeces

Hoy he paseado por las calles de Barcelona y he visto algo inédito: bastante gente con banderas españolas, dispuestos a celebrar el día de la Hispanidad. Muchos de ellos venían en autocares (he podido ver bastantes en Pau Claris), otros supongo que eran de la propia ciudad. En su ánimo, hacer de contrapeso a la reciente manifestación independentista de la Diada. Por lo visto los españoles nunca nos cansamos de pelearnos entre nosotros.

Luego he entrado en facebook y he visto a bastante gente, sobre todo sudamericana, con lemas del estilo "12 de Octubre, nada que celebrar". Muchos mostraban imágenes en referencia a las masacres que sufrieron los indios americanos, o a la forzosa evangelización llevada a cabo por los españoles. Cosas todas ellas muy tristes, pero inevitables cuando varias naciones entran en contacto, pues la Historia de la Humanidad es eso: guerras, conquistas y artimañas para ser los más poderosos. En aquel momento les tocó a los indios ser los más débiles, igual que en su día los celtas fueron más débiles que los romanos, o éstos más tarde cayeron ante los germanos. Mala suerte para cada uno en su momento, pero la Historia es así, no podemos estar siempre lamentándonos de cosas que eran inevitables dadas las circunstancias. Y ese político-correctismo con el que algunos intentan remover culpas de hace 500 años, aunque en parte comprensible, me parece inoportuno e injusto con la fecha. Si quieren revindicar matanzas, mejor que lo hagan el día en que Pizarro capturó a Atahualpa en Cajamarca, lo cual marcó el principio del fin del Imperio Inca. Empañar el descubrimiento con las guerras posteriores, me parece injusto.

Todas estas actitudes me dan mucha pena. Y siento que la gente sea tan corta de miras.

Yo no es sido nunca de banderas. Jamás he enarbolado una. Lo máximo que recuerdo en este aspecto es haber colgado con mi familia una bandera de Barcelona en el balcón durante las olimpiadas del 92, y haber besado la bandera nacional durante la jura, cuando estaba en el Ejército. Me siento más a gusto viéndome como un ciudadano del mundo, como ayer por la noche: fuimos mi chica y yo a cenar con unos ex-compañeros de su curso de catalán; uno de Senegal, otro de Inglaterra, una rusa, dos vascas, una extremeña... todos compartiendo cerveza y mesa, sin pensar en banderas. Como debería ser siempre.

Reflexionando en estas cosas, me ha dado mucha pena ver cómo una jornada histórica como la del 12 de Octubre, el descubrimiento de América, se ha convertido más en una jornada de odio, resentimiento, nacionalismo, revanchismo, chauvinismo y otros sentimientos detestables, en lugar de un recuerdo de un momento importantísimo y de una gesta increíble, cuando tres barquitos provenientes del continente europeo (aunque en realidad su última escala la hicieron en territorio africano, en Canarias), se atrevieron a cruzar ese océano que antes nadie se había atrevido a cruzar, llegaron a unas tierras nunca vistas por sus conciudadanos y, lo más importante: volvieron para contarlo, poniendo así en contacto dos civilizaciones que hasta entonces habían permanecido separadas: la de los indios americanos y la de las naciones de Europa, Asia y África. Y me da pena que algunos lo usen como exaltación nacional, otros para provocar sentimientos de culpabilidad, otros para sentirse ofendidos por las exhibiciones nacionalistas de los de al lado... como si la unión de dos mundos fuese algo sin importancia, una mera escusa para molestar a otros.

Qué quieren que les diga, para mí la llegada de Colón a América sí es algo que celebrar. Sin pensar en banderas ni en razas, sin buscar culpas o culpables, sin buscar orgullos ni vergüenzas, simplemente pensando que ese día, cuando aquel puñado de marineros contempló aquellas tierras hasta entonces desconocidas para ellos, y cuando los indios vieron a esos hombres que no se parecían a los que habían conocido, fue como la llegada del hombre a la Luna, o como cuando Marco Polo volvió de China para contar sus viajes. Fueron momentos históricos, pero no para esos hombres en concreto, o para España, o para las tribus indias del Caribe. Fue la Humanidad entera la que ese día quedó más unida, porque se conocieron los dos grandes núcleos humanos del mundo. Y eso es algo grande, más grande que ninguna bandera, tan grande que las pequeñeces de nuestro tiempo no pueden eclipsarla.

domingo, 24 de marzo de 2013

El odio y la zanahoria

Se ha hablado mucho del amor, pero pocas veces del odio. Esto resulta curioso si tenemos en cuenta la enorme importancia del odio en el desarrollo de la Historia. Muchos de los grandes cambios, sobretodo guerras y revoluciones, se han debido al odio. Fue el odio lo que causó el acontecimiento más importante de la historia contemporánea: la Segunda Guerra Mundial; ha sido el odio lo que ha propiciado uno de los elementos más importantes de la política internacional actual: el terrorismo; fue el odio la verdadera fuerza que alimentó casi todas las revoluciones. Es el odio el que mantiene vivo un conflicto tan importante como el de Israel con sus vecinos.

La enorme importancia del odio como motor de la Historia, ha hecho que los grandes poderes políticos y económicos hayan querido siempre controlarlo. Sabían que, junto con la avaricia, era el cebo con el que guiar al pueblo hacia donde donde les convenía, como la zanahoria que se pone ante el burro para que avance. Generalmente dirigiéndolo hacia otra nación, a la que culpar de las desgracias propias. Otras veces hacia una clase social, para culparla de los desórdenes y así, mediante el miedo, hacer creer a los temerosos ciudadanos que ellos eran los garantes del orden y la paz.

En una época tan convulsa como la actual, va a ser determinante dirigir el odio en sentido correcto para que el mundo cambie de la manera más positiva posible para la sociedad en general. Estoy seguro de que muchos poderes intentarán dirigirlo, una vez más, hacia otros países. China, por ejemplo, o en el caso de Alemania, se buscarán cabezas de turco como Grecia o Chipre. También a ingleses o franceses se les intentará vender la idea de que los responsables son los incompetentes socios del Sur, como España o Italia.

A veces serán determinados elementos sociales, como en España los sindicatos, habitual blanco de nuestra derecha rancia. En Estados Unidos será quizás el aparato estatal de Washington, al que los más tradicionales consideran enemigo de la libertad individual, símbolo del espíritu libre americano. En los países mediterráneos ya se está poniendo de moda personalizar en la figura de Merkel el odio por quienes nos están haciendo perder nuestro nivel de bienestar, distrayéndonos de nuestra propia responsabilidad como ciudadanos, y de la de nuestros dirigentes locales (a quienes, no lo olvidemos, elegimos nosotros).

Van a intentar dirigir nuestro odio en esas direcciones para que no veamos a los grandes obstáculos de nuestro bienestar: las élites financieras mundiales. Esas élites sin nombres ni apellidos (todos conocemos a Rajoy o a Obama, pero, ¿alguien conoce a alguno de los presidentes de las 10 principales sociedades financieras mundiales?), sin los cuales es muy difícil hacer surgir el odio (el ser humano necesita personalizar sus sentimientos, llamar a algo por su nombre). Aún así, les va a costar. La intercomunicación que permite Internet ha creado un flujo de información más poderoso que todas las televisiones y diarios. La gente está cada vez más concienciada del origen de los males y, aunque les cueste poner un nombre al "culpable" (porque el entramado financiero es complejo y abstracto), ya no es tan fácil distraer su atención como lo fue en los años 30 o en el siglo XIX.

Ahora mismo esta es una de las grades claves para decidir nuestro futuro en los próximos años. Si la gente se mantiene bien informada y entiende a quiénes hay que derribar, hay esperanza; si nos distraen con enemigos inventados y dirigen nuestro odio hacia países y personas aisladas, estaremos metiendo la pata otra vez.

lunes, 30 de julio de 2012

El curioso caso de Violeta Jessop


Ayer fui a ver la exposición sobre el Titanic que actualmente se encuentra en el Museo Marítimo de Barcelona. Bastante interesante y surtida, salí contento. Tan solo eché en falta alguna explicación más sobre el destino del capitán del barco, el señor Edward John Smith.

Ahora bien, el destino del Titanic es de sobra conocido; lo que no es tan conocido es que este enorme barco era gemelo de otros dos de la misma serie: el Olympic y el Britannic. La exposición a la que fui los menciona, aunque no nos aclara sus destinos, bastante poco conocidos. Ambos fueron usados en la Primera Guerra Mundial, el primero para transporte de tropas, y el segundo como buque hospital. El Britannic fue hundido durante el transcurso de este conflicto, en 1916. El Olympic , por su parte, sobrevivió a la guerra y continuó en servicio hasta 1935.

Pero hay algo todavía menos conocido y es lo siguiente: El Olympic entró en servicio antes que el Titanic, concretamente en junio de 1911. Entre su tripulación se encontraba la enfermera Violeta Jessop, nacida en Argentina, aunque de familia irlandesa. El 20 de Septiembre de ese mismo año, el Olympic tuvo un accidente al chocar con el buque de guerra HMS Hawkee, lo que ocasionó un enorme boquete en su casco. Pero afortunadamente no hubo heridos, y el barco fue conducido a los astilleros para ser reparado.

Violeta fue entonces destinada al barco gemelo Titanic, para el viaje inaugural. Pero como todos sabemos, el choque con un iceberg creo una enorme abertura en el casco, lo que hizo que el barco se hundiera. Violeta, sin embargo, se contó entre los pasajeros que pudieron ser rescatados del Titanic.

¿Adivinan cuál fue su siguiente destino? En efecto, el Britannic. Allá permaneció hasta 1916, cuando, mientras el barco estaba frente a las costas de Grecia, se produjo una gran explosión que abrió un boquete en el casco, y el barco se hundió. Nunca ha quedado claro si fue culpa de una mina, un submarino o una explosión interna del propio barco, pero sí se sabe que casi todos los tripulantes consiguieron salvarse en los botes salvavidas, excepto 29 cuyos botes fueron absorvidos por el vórtice de la hélice. En uno de esos botes iba Violeta, que pese a todo tuvo la intuición de arrojarse al agua antes de que el bote fuera absorvido, y finalmente fue rescatada por otro bote, por lo que sobrevivió también a este tercer percance. Murió mucho más tarde, en 1971.

Fuente y foto: wikipedia

martes, 12 de abril de 2011

Reflexión viva

Hoy, leyendo sobre la Primera República, he encontrado esta cita del presidente Pi i Maragall, que muestra el carácter político de nuestro país y explica en parte la dificultad para crear una verdadera actitud democrática. Su eco, quiero pensar que atenuado, sigue resonando en estos días en los que vivimos actitudes parecidas:
Han sido tantas mis amarguras en el poder, que no puedo codiciarlo. He perdido en el gobierno mi tranquilidad, mi reposo, mis ilusiones, mi confianza en los hombres, que constituía el fondo de mi carácter. Por cada hombre agradecido, cien ingratos; por cada hombre desinteresado y patriótico, cientos que no buscaban en la política sino la satisfacción de sus apetitos. He recibido mal por bien...
Como puede imaginarse, Pi i Maragall no duró mucho en el gobierno y acabó dimitiendo. No menos triste fue el destino de los otros dos presidentes de aquel breve periodo republicano, ambos hombres honrados e íntegros.

El presidente anterior, Estanislao Figueras, (barcelonés, igual que Pi i Maragall), acabó gritando un día: Senyors, ja no aguanto més. Vaig a ser-los franc: estic fins als collons de tots nosaltres! ("Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros"). Poco después, mientras daba un paseo por el Retiro, se subió a un tren sin avisar, y no se bajó hasta llegar a París.

El presidente posterior fue el almeriense Nicolás Salmerón, un hombre tan íntegro y fiel a sus ideas que, ante las presiones de los militares para poder fusilar a los soldados desertores, prefirió dimitir antes que firmar una sentencia de muerte.

Tras esto se entró en un periodo de gobiernos "de unidad" cuya máxima prioridad fue que el país no se hundiera bajo la Tercera Guerra Carlista, y poco después, en vista de que la monarquía era casi lo único que podía imponer una cierta unidad y cohesión a este extraño país, llegó el reinado de Alfonso XII.

Y aquí seguimos, más de un siglo después, con un jefe de estado descendiente de aquel rey, con más de 100 imputados en las listas de las próximas elecciones, y con líderes (por así llamarlos) mucho menos íntegros que Pi, Figueras o Salmerón.

Imagen: Wikipedia

viernes, 24 de diciembre de 2010

Joeux Noël

Los aficionados a temas históricos y militares no podemos llegar a estas fechas sin acordarnos de la famosa tregua de Navidad, que se produjo en algunos puntos del frente occidental de la Primera Guerra Mundial, durante la Navidad de 1914.

Se ha hablado bastante del tema, y hay abundante información al respecto, pero nunca está de más recordarlo. En la Nochebuena de 1914, muchos soldados de uno y otro bando comenzaron a celebrar la fiesta con villancicos de su país, especialmente los alemanes con su conocido Stille Nacht (en España conocido como "Noche de Paz"). Al escucharse unos a otros surgió en seguida la sensación de que valía la pena disfrutar aquel momento en paz y concordia, y desde las trincheras se lanzaban felicitaciones o pedían tal o cual villancico. Al surgir la confianza, algunos se atrevieron a acercarse para ofrecer cigarrillos, bebida o algún otro pequeño detalle. Pronto el intercambio de regalos y las conversaciones hicieron que surgiera un clima de concordia, e incluso se llegó a realizar una misa conjunta, y se cuenta que incluso un partido de fútbol, que ganaron los alemanes.

Cuando los altos mandos de uno y otro bando se enteraron, montaron en cólera y dispersaron a las unidades implicadas, castigaron a los responsables y ordenaron que en sucesivas navidades se realizasen bombardeos sistemáticos para prevenir hechos similares.

Pese a la tozudez de los generales, este episodio es siempre recordado como un buen ejemplo de lo alejadas que están las guerras de los hombres de a pie, quienes, ajenos a los intereses y pasiones de los políticos, preferirían vivir en paz y armonía si se lo permitiesen.

Hay una película francesa que intenta reflejar este suceso. Se trata de Feliz Navidad (Joyeux Noël). Creo que es bastante buena y bastante fiel a los hechos, aunque tampoco se ajusta a ellos al 100%, y se toma algunas libertades como la historia de la pareja de cantante. Las interpretaciones tampoco son excepcionales, excepto la del cura escocés y algunos personajes secundarios. Pero lo importante es que transmite bastante bien el espíritu de la tregua, y el contraste entre el odio que los poderosos (gobierno, iglesia, alto mando militar) intentan inculcar a los ciudadanos de un país hacia los del otro, y la naturalidad y concordia en la que éstos viven cuando comprenden que hay más cosas que los unen que cosas que los separen.

Por cierto, que en la versión original, la película respeta totalmente el realismo de los idiomas. Los franceses hablan en francés, los alemanes en alemán, y los escoceses en inglés. Todos juntos hablan en inglés (lo cual parece lógico) y entre franceses y alemanes a veces hablan en francés. Quien domine las tres lenguas tendrá la oportunidad de disfrutar de la situación en todo su realismo.

Imagen: http://www.waltvoice.com/joyeux-noel/

domingo, 19 de abril de 2009

Otro drama humano olvidado: La guerra de la triple alianza

Los hechos históricos no son siempre recordados por su verdadera importancia, sino por la propaganda que alguno de los bandos implicados se ha esforzado en darles. Por eso muchos conflictos terribles de naciones a las que a menudo se presta poca atención, pasan desapercibidos, mientras se multiplica la información sobre pequeñas escaramuzas, realmente insignificantes, pero que afectaron a naciones importantes del momento.

No es extraño, por tanto, que sepamos tan poco de las guerras ocurridas en Latinoamérica una vez independizadas sus naciones de los dominios español y portugués. Los españoles, ignorantes ya en grado sumo de nuestra propia historia, poco interés íbamos a mostrar en la de Perú, México o Chile, por ejemplo. Y más aún en la de un país tan olvidado como Paraguay. Por eso, la mayoría de nosotros apenas sabemos que en este recóndito país sudamericano se llevó a cabo una de las guerras más horribles del siglo XIX, y un drama humano similar al de muchos genocidios anteriores y posteriores.

Paraguay es un país relativamente olvidado. En todos los años de mi vida, son contadas las ocasiones en las que he escuchado o leído alguna noticia referente a esta nación; y desde luego, muchas menos que de cualquier otro país sudamericano. Igual que otros países como Mongolia, parece situarse en una dimensión aparte. Uno tiene siempre la impresión de que deben ser un lugares en los que nunca pasa nada, porque nunca se oye nada de ellos.

Sin embargo, a principios del siglo XIX, Paraguay era el segundo exportador mundial de algodón, y económicamente no era de las naciones más atrasadas del continente; más bien tenía un futuro prometedor, a pesar de estar bajo la dictadura de Francisco Solano López (del que muestro una foto), un hombre que por lo visto tenía una amplia cultura, pero que era demasiado egocéntrico y ambicioso. Él fue quien, con su torpe política, acabó llevando a la nación a la más terrible desgracia. Vivió, además, en una época propicia para los endiosados como él, puesto que en aquel momento, perdida la autoridad española en aquellos amplios territorios, y sin estar aún muy bien fijadas las fronteras, la ambición de los gobernantes de uno u otro país llevó a varias de aquellas naciones a guerras inútiles y sangrientas.

Las causas de la guerra han sido siempre motivo de polémica y discusión, e incluso hoy lo siguen siendo. En lo que pocos difieren es en que López es el principal culpable, o que por lo menos podía haberla evitado si hubiera tenido algo de sentido común, porque evidentemente, Paraguay difícilmente podía hacer algo contra Brasil, Uruguay y Argentina juntos. No voy a exponer aquí todas las causas del conflicto ni a explicar el desarrollo de la guerra; esos datos se pueden encontrar fácilmente. Más bien voy a explicar cómo terminó.

En 1870 acabó un conflicto que desde 1864 había dejado casi 100.000 muertos en el bando aliado. Por el lado paraguayo, se habla de unas 300.000 bajas. Sin embargo, este no fue el gran drama. Lo terrible es que un país que al inicio de la guerra tenía una población de entre 1'3 y 1'5 millones de habitantes, al acabar sólo tenía entre 200.000 y 300.000. ¿Qué ocurrió con el resto? No sólo cayeron muertos en la guerra, sino que, al ser ocupado el país por los brasileños, una parte de la población fue reducida a la esclavitud, pues Brasil aún practicaba la esclavitud. El 90% de la población masculina había perecido, y fue necesario traer inmigrantes de otros países como Colombia, para repoblarla. Aparte de eso, Paraguy perdió parte de su territorio en beneficio de Brasil y Argentina, y tuvo que pagar una cuantiosa multa. Pero es sin duda el drama humano de más de un millón de personas el que impresiona, no sólo por las cifras absolutas, sino porque suponían aproximadamente el 80% de la población de un país. Sin embargo, de este conflicto apenas se oye hablar; es como si todas estas personas nunca hubieran existido, o como si no importasen.

Imagen: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Lopez1870.jpg

viernes, 20 de marzo de 2009

Marchas de guerra

Hoy vuelvo a los temas militares, pero en lugar de contar batallitas, voy a hacer algo menos trágico: hablar de música. Probablemente la música militar no sea la gran afición de la mayoría de los lectores de este artículo (ni mía, a decir verdad), pero hay algunas composiciones auténticamente entrañables. Vamos recordarlas por unos momentos.

Evidentemente, ninguna marcha militar es tan conocida como La Marsellesa, que incluso ha llegado a convertirse en el himno de su nación, Francia. Otras, aunque no son himno oficial, casi se han convertido en el himno de facto, como ocurre con la escocesa Scotland the Brave. De las canciones antiguas sin duda son estas las más recordadas.

Con la independencia de los Estados Unidos, surgió un nuevo estilo. Los norteamericanos le dieron un aire bastante animado e innovador a sus canciones, por lo que un buen puñado de ellas se han hecho muy populares, como es el caso de Garry Owen (habitualmente asociada al 7º de Caballería) por parte de los yankees y la también archiconocida To arms in Dixie, de los confederados.

Más tarde, en la 1ª Guerra Mundial, se hizo también famosa una bonita canción con la que marchaban las tropas británicas. Se trata de It's a long way to Tipperapy, que tiene un ritmo alegre y pegadizo, sin duda muy adecuado para las largas y aburridas marchas.

Ya en la 2ª Guerra Mundial, sería de suponer que pudiéramos encontra una buena canción, sobre todo en el bando alemán, tan dado a la parafernalia guerrera. Lo cierto es que la mayoría de las canciones alemanas de esa guerra son bastante malas, en mi opinión, como el himno de la Lufwaffe, que parecen musiquilla de feria. Ni siquiera los himnos fascistas de la época como el Viktoria Sieg Heil de las Waffen SS resultan muy convincentes, la verdad; casi resulta preferible el conocido Cara al Sol español, que al menos tiene un cambio de tono más interesante, en la onda de muchas otras composiciones españolas e italianas.

Pero hay una música que sí resalta en medio de las demás canciones alemanas: la marcha de las unidades acorazadas (panzer), titulada PanzerLied. Tiene una buena letra (sin caer en el patrioterismo barato) y una música adecuada y marcial; realmente una buena composición. De esta canción se hizo una emotiva escena en la película La batalla de las Ardenas, en la que un grupo de soldados se animan con ella antes de ir a luchar. Sin embargo, la escena resulta extraña porque se limitan a repetir cuatro veces la primera estrofa, a pesar de que la canción tiene tres estrofas, y en cada una de ellas se repite, en principio, la segunda mitad, como si fuera un estribillo. Aunque la escena está lograda, como canción es mucho más bonita la versión original, algo más lenta y melancólica.

Se podría hablar mucho más del tema y mencionar no sólo las marchas, sino las canciones que cantaban los soldados, como la conocida Lili Marlene, que cantaron los dos bandos de la 2ª Guerra Mundial, y que también fue enórmemente famosa y cantada fuera de los campos de batalla, pero creo que de momento es suficiente por hoy. Si no, acabaría saliendo hasta el Margarita se llama mi amor. No es plan.

Imagen: http://www.3dediana.com.mx/festivalmilitar.html

domingo, 25 de enero de 2009

220 años después...

El 14 de Julio de 1789, el pueblo de París, harto de los abusos del antiguo régimen, asaltó la Bastilla y comenzó una revolución que se considera clave para entender el progreso de la sociedad.

Se ha hablado mucho de que la revolución sirvió para implantar las ideas de los filósofos de la Ilustración, y es cierto; pero no es menos cierto que esas mismas ideas jamás hubieran podido implantarse (o al menos no con la misma celeridad), si no las hubiera impulsado la crisis que por aquel entonces asolaba Francia, y que llevó a un grupo de pobres ciudadanos a la desesperación, hasta el punto de estar dispuestos a enfrentarse contra los guardias realistas que custodiaban la Bastilla, y más tarde pasearse por las calles de París con la cabeza de su gobernador, el marqués de Launay, ensartada en una pica. Y es que la filosofía está muy bien, pero para acabar implantándose, siempre le hace falta que la necesidad le dé un impulso. Lo mismo ocurrió más tarde con las ideas de Marx, que jamás hubieran llegado a nada de no haber existido tantos millones de obreros puteados en todo el mundo, y de no haberse encontrado Rusia en una situación límite en 1917.

Pues bien: Ahora, 220 años más tarde, creo que nuestro mundo se enfrenta al mismo dilema, sólo que ahora no es únicamente un problema de los franceses; ahora todos somos Francia, por así decirlo. Nos hemos pasado mucho tiempo escuchando a los políticos de nuestro tiempo decir que no hay alternativa posible, que la sociedad capitalista en la que vivimos es la única forma de vida, que cualquier otra cosa es una locura. Exactamente lo mismo que se decía sobre el feudalismo y la monarquía a finales del siglo XVIII, hasta que a unos cuantos miles de desarrapados se les hincharon las pelotas y decidieron que, mira tú por dónde, iban a probar a ver si había otras maneras, no fuera a ser que les hubieran estado engañando; y acertaron. Ahora nosotros comenzamos a convencernos de que quizás no sea tan cierto eso de que no hay vida más allá del capitalismo; comenzamos a ver que el sistema no funciona y que algo tiene que cambiarse; comenzamos, pues, a pensar como un francés del siglo XVIII. Sólo nos falta un ingrediente para tomar la Bastilla: el cabreo.

Yo creo que en los próximos meses (no mañana ni el mes que viene, pero quizás en el plazo de un año, más o menos) se va a vivir una situación parecida a la de entonces. No pienso que ésta sea, como afirman algunos, una simple crisis circunstancial, de la que nos recuperaremos en 2010 o 2011. Esto tiene pinta de arrastrar naciones enteras al desastre. Islandia ya ha caído y va a la deriva; Irlanda y Reino Unido se tambalean; los propios Estados Unidos sobreviven gracias a un gasto desorbitado en ayuda de los bancos y las grandes empresas, pero no está claro hasta cuándo van a poder seguir así. Otros países como España, van campeando como pueden, pero en caso de que se produzca una definitiva caída del sistema, se verán también arrastrados, y no tienen ni los recursos ni la iniciativa (nunca la hemos tenido) para superar una situación así.

Alguien podría decir: Qué visión tan apocalíptica planteas, ¿no? Al contrario, es genial que por fin se mueva algo. Es más: quizás esta crisis va a ser la gran salvadora de la humanidad, del mismo modo que la Revolución Francesa (y algún hecho más de aquella época, como la independencia de los Estados Unidos, la primera verdadera república moderna) salvó a la humanidad de siglos de feudalismo, y abrió las mentes de las personas, conduciendo a la sociedad a un estado más igualitario. Aunque las cosas no cambiaron de un día para otro, se sentaron las bases para que, unas generaciones más tarde, el mundo fuese bastante distinto. Si esta crisis se atenúa y se acaba convirtiendo en algo circunstancial, habremos perdido una gran oportunidad. Será como si en 1789, Luis XVI hubiera conseguido atenuar un poco la situación para que el pueblo no se levantase. A corto plazo, genial; a largo plazo, una gran cagada.

De momento, el nivel de cabreo de la población no ha alcanzado ese umbral límite en el que el tranquilo ciudadano pasa de manifestarse pacíficamente o secundar una huelga general a lanzarse machete en mano junto a otros miles en dirección al Parlamento para rebanarle el pescuezo al presidente de turno (o si hay una guillotina, pues también vale). Es difícil saber en qué momento se llegará a ese umbral. En Grecia se ha producido un amago de levantamiento, aunque la situación no llega a ser tan crítica todavía. En Islandia el cabreo crece, pero quizás la población aún no ha asumido del todo la necesidad de buscar alternativas, o quizás es que estos nórdicos están demasiado bien educados en el civismo como para emular a Robespierre y los suyos. Se ha perdido la antigua fiereza vikinga. De hecho, todos estamos demasiado acomodados (y me incluyo), como seguramente lo estaba una parte de la sociedad francesa de entonces, a la que a lo mejor "no le iba del todo mal" con el sistema establecido, y no se atrevía a reclamar lo justo, sólo por contentarse con ser las comparsas del rey y de los nobles. Hasta que llegó un día en que el número de cabreados superó ampliamente el de los "relativamente sarisfechos", y así se movió la Historia, como se mueve siempre, por cojones.

Probablemente, un desmoronamiento de la banca (situación parecida a la que vivió Argentina hace unos años, y que no ocasionó una revolución de milagro), o la crisis repentina de un sector importante (hace unos meses se hablaba de la posibilidad de cierre de los tres grandes fabricantes de automóviles de EE.UU., con todo lo que eso comporta) podrían hacer traspasar el umbral, si se combinan con un alto índice de paro y con la manifiesta incapacidad de los políticos para resolver los problemas (este último factor está asegurado, los dudosos son los otros). Ahora mismo, yo veo tres posibilidades:
  1. La crisis se va campeando más o menos, la gente lo pasa mal durante dos o tres años, pero el sistema no cae.
  2. La crisis se agudiza hasta poner en jaque a los políticos, que por fin se atreven a cambiar el sistema capitalista de raíz, imponiendo reglas que pongan coto a las desigualdades y a la insostenibilidad ecológica.
  3. Los políticos no se atreven a cambiar nada y la crisis se va agudizando hasta que se traspasa el umbral límite del cabreo popular (ULCP), con lo cual, viviríamos una situación parecida a la de 1789, sólo que el papel de Luis XVI quizás le correspondería a Gordon Brown, José Luis Rodríguez o el mismo Barack Obama, entre otros. Son los gajes del oficio.

¿Qué es lo probable y qué es lo preferible? Evidentemente, lo preferible es la opción 2, pero la considero poco probable. Para mí la más probable es la 3 (o sea, que se líe parda), seguida a muy poca distancia de la 1, y ya mucho más lejos está la 2. Veremos qué acaba ocurriendo finalmente; desde luego, emoción no nos va a faltar, y con un poco de "suerte", nuestra generación hará historia, del mismo modo que la hicieron la de Marat o la de Lenin. ¿No es fantástico?


La imagen del artículo (que he sacado de la Wikipedia, y que está en el dominio público), no corresponde a la Revolución de 1789, como muchas veces se ha dado a entender, sino a la de 1830, pero yo creo que a estas alturas el cuadro de Delacroix ya es la imagen de todas las revoluciones. Tradicionalmente se le llama La libertad guiando al pueblo, pero yo más bien lo titularía La necesidad guiando al pueblo.

martes, 22 de julio de 2008

El Afrikaschiff y otras curiosidades de la Primera Guerra Mundial en África

Como complemento a los dos artículos que escribí sobre la campaña de von Lettow-Vorbeck en África, cuento hoy algunos detalles que también son interesantes, especialmente el increíble viaje del Afrikaschiff.

Ocurrió que a finales de 1917, el alto mando alemán, admirado por la gesta que estaba realizando von Lettow-Vorbeck, pensó que estaría bien darle un poco de apoyo logístico, ya que la campaña de África, aparte de retener una buena parte de los recursos británicos, podía servir como propaganda para elevar la moral de las tropas, puesto que era de admirar que aquel reducido ejército estuviera resistiendo de una manera tan heroica.

Se planteó entonces la manera de enviarle material, y como era imposible hacerlo por tierra o por mar, se pensó en enviar un dirigible. En ese momento se estaba construyendo uno, el LZ 102, que fue rebautizado como Afrikaschiff y escogido para la misión. Se notificó por radio a las tropas de África el día y lugan en que debían encontrarse con él, pero una tormenta destruyó el aparato, y se tuvo que adaptar a toda pisa un segundo dirigible, el LZ 104, que inició su vuelo el 21 de noviembre de 1917. Partió de una base en el Yambol, al sur de Bulgaria y atravesó el Mediterráneo oriental para entrar en África al oeste del Nilo, intentando esquivar las posiciones británicas. Desgraciadamente, el día 23, cuando estaba a la altura de Khartum, en Sudán, fue informado de que von Lettow-Vorbeck y sus hombres habían tenido que abandonar Tanzania para adentrarse en Mozambique, y no podrían reunirse en el lugar indicado. Se vieron entonces obligados a dar la vuelta y llegaron de nuevo a su base el día 25. En ese momento habían recorrido más de 7000 km en 95 horas seguidas de vuelo. El viaje más largo realizado hasta entonces por un dirigible.

Pero no todos los hechos de la guerra fueron tan románticos como este curioso viaje. Otros detalles resultan escalofriantes, como los de las muertes producidas por la guerra. Resulta además, muy curioso que en la campaña africana no murieron realmente muchos hombres en combate, pero en cambio sí muchísimos por otras causas como las enfermedades. La mortandad fue increíble entre la población negra, que era la que aportaba, no solo la mayoría de los soldados, sino de portadores y recursos humanos de todo tipo. Aunque las cifras de muertos alemanes no sobreparon los 2.000 ni las de británicos los 10.000 (dos tercios de ellos por enfermedades), las de muertos africanos totales se cifran en unos 100.000. También tenemos que recordar el enorme esfuerzo de aquellos territorios, puesto que, aparte de los que murieron, muchos otros fueron desplazados u obligados a servir en la guerra, con lo que se rompió la vida de miles de familias y se sometió a las poblaciones africanas a un enorme esfuerzo, que rara vez ha sido recordado.

Fuentes: http://ca.wikipedia.org/wiki/Teatre_d%27operacions_d%27%C3%80frica_oriental_(Primera_Guerra_Mundial)
http://en.wikipedia.org/wiki/East_African_Campaign_(World_War_I)

Imagen: http://www.sapiensman.com/old_planes/dirigibles.htm

sábado, 12 de julio de 2008

La extraordinaria hazaña de Paul von Lettow-Vorbeck y sus hombres (II)

En 1918, los afro-alemanes llevaron a cabo su última acción de guerra: conquistaron la ciudad de Kasama, en Zambia, pero en seguida se les notificó que hacía ya dos días que Alemania se había rendido y la guerra había terminado. Cuando esta noticia fue confirmada, von Lettow-Vorbeck se dirigió con su ejército a la ciudad de Abercorn, donde entregaron las armas a los británicos.

Su contingente fue el último en rendirse de toda la guerra, puesto que sólo se entregaron dos semanas después de que en Europa se hubieron detenido las hostilidades. De hecho, habían estado luchando incluso tras la rendición de Alemania.

La campaña de von Lettow-Vorbeck y sus hombres es una de las hazañas más increíbles de la historia, pues resistieron toda la Primera Guerra Mundial en un territorio aislado, frente a ejércitos muy superiores y sin ser vencidos nunca, sólo entregándose cuando la guerra acabó, no por haber sido derrotados. Por eso de vuelta a Alemania, y ascendido ya a general, von Lettow-Vorbeck fue tratado como un héroe y su unidad fue la única que recibió el homenaje de desfilar por la puerta de Brandemburgo.

Posteriormente pasó unos años grises en Alemania, participando ocasionalmente de la política. Hitler, al llegar al poder, intentó captarle para la causa nazi, pero von Lettow-Vorbeck difícilmente podía simpatizar con la mentalidad racista de los nazis tras haber luchado hombro con hombro junto a sus soldados negros en África. Cuentan que el viejo general mandó a Hitler literalmente "a tomar por culo", y ante el enorme prestigio que le reodeaba, Hitler no se atrevió a hacer nada contra él. Pasó la guerra con total discreción y dos de sus hijos murieron en el frente. Acabada ésta, apenas tenía recursos económicos, pero aquí se puede observar otro detalle propio de la generación que aún vivió el siglo XIX: el general Jan Smuts, que había luchado contra él en África en 1916, consiguió para él una pensión a cargo del estado británico. Smuts incluso le animó a volver a África para visitarle en Ciudad del Cabo, y el viejo general marchó para allá en 1953. Durante su trayecto, fue recibido por sus veteranos askari en Tanzania, que le rindieron honores mientras cantaban para él su vieja canción de marcha en swahili: Haya Safari!

En 1964 murió Paul Emil von Lettow-Vorbeck, pero aún queda una anécdota de sus hazañas que nos vuelve a recordar la mentalidad de aquellos hombres. A su muerte, el estado alemán decidió recompensar a los supervivientes de la milicia africana por sus pasados servicios, así que un funcionario se trasladó a Tanzania para intentar encontrar a los veteranos que aún quedasen, y entregarles el dinero. Unos trescientos ancianos se presentaron y dijeron haber luchado junto a von Lettow-Vorbeck. Pero claro, existía la duda de que todos los que se presentasen fuesen realmente antiguos askari, los guerreros negros del ejército colonial. Entonces, a alguien se le ocurrió una manera de comprobarlo. Cada hombre debía tomar un bastón, mientras el funcionario daba órdenes de firmes, apunten, etc. en alemán. Si eran los auténticos veteranos de von Lettow-Vorbeck, debían saber seguir las instrucciones. Así fue. Ni uno sólo había olvidado la instrucción, ni tampoco nadie se había hecho pasar por quien no era. Las pagas se entregaron, y así acabó la historia de aquella gran aventura.

Fuentes:
http://www.elgrancapitan.org/portal/historia-militar/la-leyenda-de-von-lettow-y-los-askaris-16.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_von_Lettow-Vorbeck

Imagen: wikipedia

jueves, 10 de julio de 2008

La extraordinaria hazaña de Paul von Lettow-Vorbeck y sus hombres (I)

Una vez más me veo en la obligación de rescatar del olvido una de las hazañas militares más increíbles de la historia. Se trata de la extraordinaria campaña de Paul von Lettow-Vorbeck en el África Oriental durante la Primera Guerra Mundial. Generalmente se recuerda este conflicto por la guerra de trincheras o por alguna batalla como la de los Dardanelos o la de Tannenberg. Sin embargo, quizás sea la campaña de von Lettow-Vorbeck la más meritoria y digna de recuerdo.

Pongámonos en situación: 1914. Acaba de estallar la Primera Guerra Mundial. Mientras en Europa la batalla se prevé dura y equilibrada, en las colonias todo parece visto para sentencia. Los alemanes, que apenas disponen de unos pocos territorios en África y Oceanía, no tienen, parece, la más mínima posibilidad de resistir ante la inmensidad de las posesiones británicas, francesas, belgas y portuguesas. Como mucho, pueden intentar molestar a los ingleses un tiempo, para retener recursos en África, y evitar así que refuercen sus efectivos en Europa, pero no mucho más.

Al comenzar la guerra, prácticamente todas las posesiones alemanas cayeron bajo el control aliado excepto Tanzania, cuyo jefe militar era el coronel Paul von Lettow-Vorbeck. Éste disponía tan sólo de unos 200 oficiales alemanes, 1700 soldados alemanes y 2500 askari, guerreros nativos que formaban una excelente milicia.

Ante esta perspectiva, los británicos decidieron enviar una expedición desde la India, donde disponían de numerosas tropas, para que desembarcase cerca de la ciudad de Tanga y atacase a los alemanes. La dirigía el general Aitken, al mando de 8000 hombres, la mayoría indios, excepto algunos oficiales británicos. En teoría, una operación sencilla, pero fatalmente dirigida por Aitken, cuyas tropas, continuamente hostigadas por los askari, nunca supieron reaccionar adecuadamente. Se cuenta que, para colmo, los indios fueron atacados por abejas, como si la selva misma estuviera de parte de los alemanes, por lo que a veces a la batalla de Tanga se la conoce como la batalla de las abejas. Finalmente, las tropas del Imperio Británico tuvieron que reembarcar como pudieron, dejando atrás abundante material, que a von Lettow-Vorbeck le vino de maravilla para equipar a su ejército.

Hubo una anécdota caballeresca del final de esta batalla que merece ser recordada. Mientras las tropas británicas reembarcaban a toda prisa, von Lettow-Vorbeck se acercó con una bandera blanca para conversar con el general Aitken, y le ofreció un poco de brandy mientras discutía con él detalles de la batalla. Una manera de ver la guerra que sólo se entiende desde la mentalidad de aquella época.

Justo tras el desastre de Tanga, los británicos intentaron un ataque de caballería sobre el Kilimanjaro, creyendo que estaría desprotegido, pero fueron igualmente rechazados, perdiendo el triple de hombres que los alemanes. De este modo la campaña se calmó momentáneamente.

En 1915, los británicos y los belgas intentaron un ataque naval en el lago Tanganyika, pero fracasaron estrepitosamente. Los alemanes, ante la imposibilidad de imponerse a la flota británica en el Índico, habían desmontado un cañón de su buque de guerra SMS Königsberg, para armar al buque civil Graf von Götzen, que venció a sus rivales y quedó convertido así en el dueño del lago Tanganika. Nuevamente los aliados hacían el ridículo frente a unas tropas alemanas muy inferiores en número.

Ya en 1916, el general Smuts, al frente de 7000 indios y 13000 africanos y británicos, y apoyado también por los belgas, lanzó una operación desde todos los frentes que, en teoría, debía eliminar del mapa al pequeño ejército afro-alemán. También von Lettow-Vorbeck había reforzado sus tropas, pero estaba en demasiada inferioridad, así que practicó la guerra de guerrillas para no ser cazado mientras los británicos recorrían el territorio de Tanzania sufriendo enormemente por culpa de las enfermedades. Los alemanes incluso aprovechaban para refugiarse en Mozambique, débilmente defendido por los portugueses, y así despistar a los aliados.

Por fin, en 1917 se produce un encuentro entre ambos ejércitos: la batalla de Mahiwa, donde los británicos sufrieron enormes pérdidas, si bien las de los alemanes, pese a ser muy inferiores, eran importantes dado el reducido número de su ejército. Aún así, fue una gran victoria que les permitió sobrevivir durante bastante tiempo.

Fuentes:
http://www.elgrancapitan.org/portal/historia-militar/la-leyenda-de-von-lettow-y-los-askaris-16.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_von_Lettow-Vorbeck

Imagen:
http://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Askari.jpeg

jueves, 29 de mayo de 2008

Banderitas

Hace mucho tiempo, casi cuando comencé este blog, prometí hablar un día de banderas, y como llevo unos días sin actualizar, pues lo hago ahora.

Evidentemente, no me voy a extender demasiado porque no es cuestión de aburrir al personal con detalles eruditos que, a fin de cuentas, tampoco están a mi alcance, pues no soy un experto. Se trata simplemente de comentar algunas curiosidades sobre la bandera nacional, que muchas personas ignoran aún.

Hay quienes creen la bandera actual, roja y amarilla (roja y gualda para los puristas), se ha usado desde que los Reyes Católicos se convirtieron en los primeros monarcas de algo que se pudiera llamar España. No es así. Esa bandera sólo se comenzó a usar a finales del siglo XVIII, y se ha mantenido hasta nuestros días salvo pequeñas modificaciones (algún cambio del tamaño de las franjas, o del color amarillo/gualda, y por supuesto, diferentes cambios de escudo, águila, etc). La única modificación importante la sufrió en la Segunda República, cuando el rojo inferior se transformó en morado, como casi todos sabemos. Pero eso sólo supuso un periodo muy breve, como también sabemos.

Bien, ¿y qué bandera se usó desde finales del XV hasta finales del XVIII? Pues en realidad nunca hubo una bandera oficial, pero el ejército usaba como símbolo la cruz de San Andrés (ver foto), así que esta se convirtió de facto en la bandera de España durante tres siglos, a falta de algo mejor.

¿Y por qué esta cruz roja sobre fondo blanco en lugar de algo que fusionara los antiguos símbolos de Aragón, Castilla, Navarra, etc.? Pues porque como en este país siempre ha sido y sigue siendo complicado ponerse de acuerdo, porque todo lo convertimos en un enfrentamiento, la solución tuvo que venir, cómo no, de fuera. Resulta que la cruz de San Andrés es también la cruz de Borgoña, territorio del que provenía Felipe I el Hermoso, primer rey, podríamos decir, de España. Así que una manera de escoger un símbolo que no dejase por encima ni por debajo a ninguno de los territorios del nuevo país fue precisamente decantarse por este. De hecho, ha venido siendo, y es aún hoy en día, uno de los símbolos más representativos del ejército de tierra.

Pero la crucecita esta tiene un problema, y es que no es fácilmente identificable en el mar, aparte de que no es fácilmente distinguible a distancia de la cruz de San Jorge, que usa Inglaterra, así que los buques españoles usaban otra, muy parecida a la rojigualda, pero con dos franjas más en amarillo (o gualda si nos ponemos quisquillosos), de la cual proviene, obviamente, la actual bandera nacional. Dicen algunos que esta bandera se había heredado de la que usaba la marina catalano-aragonesa antiguamente, pero a tanto no llego, y la verdad es que estas leyendas se pierden en la confusión de la Historia, demasiado contaminada ya por el partidismo.

Había otra razón (imagino yo) para cambiar de bandera, y es que al producirse un cambio de dinastía, los borbones probablemente no quisieron mantener un símbolo heredado de la casa de Austria. Por todas estas razones, finalmente se acabó adoptando ese modelo, que se ha mantenido hasta hoy.

Imagen: wikipedia

jueves, 13 de marzo de 2008

El "mosquito"

A raíz de un comentario que hice en el blog de Juan de la Cuerva, me ha parecido interesante contar aquí algunos detalles del famoso bombardero DH 98, conocido como "Mosquito", ya que se trata de uno de los aviones más originales y eficaces de la historia de la aviación militar.

La historia de este aparato se remonta a 1938, justo antes de que empezase la guerra. La compañía de Havilland había construído poco antes algún avión hecho con madera, con muy buenos resultados, y propusieron a la RAF la idea de tener un avión de reconocimiento, opcionalmente utilizable como bombardero, que no llevase armas. De este modo, al ser tan ligero, sería suficientemente veloz como para poder escapar ante cualquier amenaza. Los mandos británicos rechazaron la extraña idea, pero la empresa continuó con su idea a pesar de todo. Al estallar la guerra con Alemania, la opción de poder construir aviones sin depender de los suministros de acero provenientes del exterior (amenazados por los submarinos alemanes), se hizo más atractiva, y la RAF les compró las primeras unidades. Cuando por fin se probaron los primeros modelos en 1941, se vió que podían volar a 631 Km/h, más que cualquier caza de la época. Todo esto gracias al hecho de tener sólo dos tripulantes, estar hecho básicamente de madera y no llevar ametralladoras.

Se convirtió en una de las obsesiones de Goering, el jefe de la Luftwaffe, que envidiava la capacidad que adquiría la RAF con un avión tan versátil. Se dice que podía llevar la misma bomba de 1814 kg a Alemania, volver, cargar combustible y una nueva bomba, atacar de nuevo y volver otra vez, en el mismo tiempo que tardaría un Stirling (el bombardero pesado de la RAF en ese momento) en hacer un sólo viaje. También fue usado en numerosas misiones de bombardeo nocturno, y fue el primer bimotor de la historia en aterrizar en un portaaviones. Por supuesto, también fue el mejor avión de reconocimiento, gracias a su velocidad y autonomía.

El último "mosquito" se fabricó en 1950, aunque continuaron en servicio hasta los años 60. Su original diseño fue un acierto y una muestra de audacia, al ir en contra de la tendencia general de fabricar "fortalezas volantes" como el B-17 o el B-29, muy útiles también, pero mucho más caros y menos prácticos para según qué misiones.

Fuentes:
http://www.europa1939.com/aviones/bombarderos/mosquito.html
http://www.flexi.net.au/~bfillery/mossie01.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/De_Havilland_Mosquito

Imagen: wikipedia

viernes, 15 de febrero de 2008

War is a racket

Uno siempre descubre cosas nuevas si sabe buscar. Hoy, a través de este enlace, he descubierto la figura del general Smedley Butler, del ejército de los Estados Unidos, y su obra War is a racket. Butler había sido veterano de la Primera Guerra Mundial y de las diversas guerras imperialistas que llevó a cabo EE.UU. a principios del siglo XX. En 1935 escribió este libro en el que explica su impresión sobre las guerras, sus causas y sus consecuencias. Lectura muy recomendable para quienes aún creen que las guerras se hacen para llevar la justicia y la paz a los países o para luchar contra el terrorismo internacional. Nadie mejor para explicarnos en qué consiste todo que un general que ha vivido los conflictos personalmente, tanto en el campo de batalla como en las discusiones de las oficinas. Matador este párrafo del libro que destaca José Antonio del Valle:
Pasé treinta y tres años y cuatro meses en servicio activo y durante ese periodo ocupé la mayor parte de mi tiempo haciendo de matón de lujo para las grandes empresas, Wall Street y los banqueros. En definitiva fui un maleante, un gangster del capitalismo. Ayudé a hacer México, y especialmente Tampico, un lugar seguro para los intereses de la American Oil en 1914. Ayudé a hacer de Haití y Cuba lugares decentes para que los chicos del National City Bank obtuvieran beneficios en ellos. Ayudé en el expolio de media docena de repúblicas centroamericanas en beneficio de Wall Street. Ayudé a purificar Nicaragua para el International Banking House de los hermanos Brown entre 1902 y 1912. Llevé la luz a la República Dominicana para los intereses azucareros americanos en 1916. Ayudé a hacer Honduras bueno para las compañías frutícolas americanas en 1903. En China en 1927 ayudé a que la Standard Oil hiciera sus negocios sin ser molestada. La verdad es que, reflexionando sobre aquellos años, podría haberle dado algunos consejos a Al Capone. Lo mejor que él consiguió fue hacer sus negocios sucios en un par de distritos, yo los hice en tres continentes.
La próxima vez que alguien me diga que tal o cual guerra se hace por alguna causa justa, le pasaré el libro.

Imagen: wikipedia

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Dos batallas premonitorias (II): Wake

Todos sabemos que los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque por sorpresa a la base naval de Pearl Harbour. Sin embargo, pocos saben que la primera batalla entre americanos y japoneses, una vez declarada ya la guerra, fue la batalla por la isla de Wake. Se trata de una pequeño atolón situado en pleno Océano Pacífico, en el que los norteamericanos mantenían un batallón de marines desde 1941. Allá, los 523 militares disponían de doce F4F Wildcats y de unas pocas piezas de artillería para defender la posición.

Pearl Harbour fue atacada el 8 de Diciembre, y ya ese mismo día, bombarderos japoneses llegaron hasta Wake para destruir en tierra su aviación. Lo consiguieron en buena parte, dejando sólo 4 de los 12 cazas americanos en condiciones de volar. Confiados en que la pequeña fuerza americana no opondría resistencia, los japoneses enviaron el día 11 a seis destructores, tres cruceros y dos buques de desembarco, para tomar la isla. Los norteamericanos, bajo el mando del comandante Winfield S. Cunningham, esperaron pacientemente que se acercasen para tenerlos a tiro y les sorprendieron con la artillería, hundiendo uno de los destructores y dañando otro. Idéntico éxito obtuvieron los cuatro cazas americanos, que hundieron otro más. Los japoneses, sorprendidos, se retiraron. Prácticamente todos los buques sufrieron daños y dos habían sido hundidos. Fue la primera derrota japonesa en el Pacífico, a manos de un puñado de hombres.

Cuentan que una vez superado este primer trance, cuando a los defensores les preguntaron por radio desde Estados Unidos qué necesitaban que les enviasen, Cunningham respondió: "Manden más japoneses". En realidad, Cunningham lo que pidió fue diversos suministros de material militar, pero la respuesta inventada (quizás una broma incial del propio comandante) perduró y se convirtió en una frase de propaganda durante la guerra.

En principio, se les debían haber enviado refuerzos desde Hawái, pero el alto mando estimó que era una operación demasiado arriesgada ante la presencia japonesa y que el islote no merecía ese riesgo, así que la flotilla de apoyo dio media vuelta y volvió a Pearl Harbour, abandonando a Cunningham y sus hombres a su suerte.

El 23 de Diciembre, una nueva flota japonesa, se presentó ante la isla. Para entonces, los sucesivos ataques habían conseguido acabar con todos los cazas americanos, no sin antes sufrir muchas bajas (en el total del enfrentamiento, hasta 20 aparatos japoneses acabarían sufriendo daños, 8 de ellos derribados). Desembarcaron las tropas (1.500 hombres) y se enfrentaron a los norteamericanos, que resistieron valientemente pero al final tuvieron que rendirse. Los supervivientes fueron enviados a campos de prisioneros en Japón.

Al acabar la batalla, las bajas japonesas rondaron los 800 muertos y unos 1000 heridos, frente a los 49 militares y 70 civiles norteamericanos muertos. Probablemente, una de las acciones más heroicas del ejército de los Estados Unidos, que pasó a la Historia semiolvidada, debido al escaso valor estratégico de la posición. De hecho, nunca se pensó en reconquistarla, y no fue hasta 1945 cuando finalmente las tropas americanas se presentaron para formalizar la rendición con los ocupantes japoneses.

Fuentes:
http://www.ibiblio.org/hyperwar/USMC/USMC-M-Wake.html
http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Wake_Island
http://marinescoloniales.blogspot.com/2006/10/la-batalla-por-wake_13.html

Imagen: wikipedia

lunes, 3 de diciembre de 2007

Dos batallas premonitorias (I): Westerplatte

Hace tiempo que no cuento batallitas, o sea que hoy toca conflicto bélico.

Voy a contar la historia de dos batallas prácticamente olvidadas, pero muy simbólicas, puesto que parece como si fuesen un mal augurio para Alemania y Japón durante la Segunda Guerra Mundial, ya que fueron las primeras en cada uno de los dos frentes, tras el inicio de hostilidades, y además ambas mostraron una heroica conducta de los aliados frente a un enemigo muy superior. Vamos a por la primera.

Todo el mundo sabe que la Segunda Guerra Mundial comenzó con la invasión de Polonia el 1 de Septiembre de 1939, pero casi nadie sabe cuál fue la primera batalla. Pues fue el enfrentamiento que se produjo en Westerplatte (una base polaca situada a orillas del Báltico, junto a Danzing), que fue atacada pocos minutos después del bombardeo alemán de Wielún, primera acción bélica de la guerra.

En Westerplatte se encontraban 182 soldados polacos y 27 civiles, al mando de Henryk Sucharski. Frente a ellos, unos cuantos miles de alemanes, apoyados por tres buques de guerra y por la Luftwaffe, pretendían tomar el puesto. No tuvieron mucha suerte, puesto que el primer día perdieron 82 hombres, frente a 4 bajas polacas. Finalmente, el 7 de Septiembre consiguieron que los polacos se rindieran, pero para entonces habían perdido entre 300 y 400 hombre, frente a 15 muertos y 53 heridos polacos, y eso a pesar de contar con los stukas y con el apoyo de la marina. Un incómodo fracaso para la Wehrmacht, que aunque pasó desapercibido, fue un presagio de su derrota final.

Por parte polaca, un increíble ejemplo de la heroicidad de algunos de sus hombres. Se ha criticado mucho la ineficacia polaca ante la invasión, sobre todo a raíz de las imágenes de la caballería enfrentándose a los tanques alemanes, pero creo que también hay que recordar momentos como este, en el que los polacos no estuvieron por debajo de nadie.

El próximo día, la primera batalla del Pacífico.

Fuente: wikipedia
Imagen: wikipedia

jueves, 1 de noviembre de 2007

El precipicio de los bisontes

Los indios pies negros fueron una tribu estrechamente ligada a los bisontes. Usaban su carne para alimentarse, su piel para vestirse, su cola para hacer cuerdas, sus huesos para diversos utensilios, y su cráneo para la Danza del Sol, ceremonia muy importante de su pueblo.

Pero lógicamente, los bisontes no se dejaban cazar así como así, y dispararles flechas desde los caballos era un proceso tedioso, cansado, y que proporcionaba pocas presas, a las que había que acercarse bastante, con el consiguiente riesgo. Para solucionar este problema, los indios idearon una estratagema que seguramente hoy en día no sería muy bien recibida por las organizaciones defensoras de los derechos de los animales, pero que a ellos sin duda les debió resultar muy útil.


En los territorios que habitaban (en la provincia de Alberta, al suroeste de Canadá), existe un precipicio que separa dos llanuras. Afortunadamente para los pies negros, los bisontes pastaban a menudo en el valle superior, por lo que se dedicaron a perseguirles con fuego y otras medidas, ahuyentándolos hacia hacia el precipicio. Los bisontes, ya embalados en su carrera, caían al vacío y, al despeñarse, acababan muertos o por lo menos lo suficientemente maltrechos como para no presentar resistencia.

El precipicio es un importante foco turístico y alrededor de él se realizan diversas actividades culturales relacionadas con los indios. Desde 1981, es Patrimonio de la Humanidad, por ser uno de los testimonios de vida indígena más importantes. De hecho, en la parte inferior del precipicio aún se acumulan enormes cantidades de huesos de los animales que allí murieron.

Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Precipicio_de_los_Bisontes
http://www.head-smashed-in.com/

Imagen: http://es.wikipedia.org

martes, 18 de septiembre de 2007

Una historia jamás contada

Lo confieso, tengo un trauma

Sí, amigos, estoy traumatizado y la cosa viene de lejos, de hecho este problema viene de la adolescencia, cuando ya en los años 80 mis ojos vieron imágenes y escucharon frases que se repetían una y otra vez, como una pesadilla. Os pido por ello perdón de antemano por alguna cosa desagradable que pueda decir en este artículo, pero es que los traumas son así: hacen que aflore lo peor de nosotros.

Al principio no les di importancia; creía que eran películas y series como otras, y que igual que había películas que hablaban del futuro, como 2001, una odisea del espacio, o de historias de terror, como Psicosis, pues mira, también era lógico que hubiera películas sobre ese tema.

Luego comencé a darme cuenta que se repetían más que el ajo, y entonces pensé que pasaría como con las películas bélicas sobre la Segunda Guerra Mundial, en las que los americanos aparecen como unos héroes, frente a un ejército de alemanes cabezacuadradas vestidos de verde o de negro, o de japonesitos vestidos de gris. "Son hechos recientes" -me decía a mí mismo- "es normal que hubiera propaganda de este tipo, y por lo menos las películas se hacen entretenidas, aunque sean malísimas".

Pero fueron pasando los años y por lo menos las películas yankees se pasaron de moda. Ya no te estaban poniendo siempre El puente sobre el río Kwai o La gran evasión para llenar horas de televisión. Sin embargo, las otras películas y series siguieron, y siguieron... atormentándome siempre, año tras año,... hasta nuestros días.

Lo habéis adivinado: es la puta Guerra Civil de los cojones.

En serio, qué asco. Vale que el cine español es aberrante, y que aparte de las comedias populacheras a lo Torrente o los dramas infumables a lo José Luis Garci apenas se sabe hacer nada, pero joder, por lo menos se podría cambiar de tema. Es que no son una ni dos, son montones de películas y series, y todas cortadas por la misma tijera: el revanchismo de los que todavía se creen que hay que insistir más en lo malos que eran los del bando nacional y lo buenos que eran los republicanos. Aún aceptando que así fuera, ¿hace falta repetirlo tantas veces? Hombre, yo por mi parte, si me dan a escoger, hubiera preferido que ganara la República, la verdad, pero en cualquier caso lo dejo como una opinión personal, no voy machacando a la gente con esa opinión para que se alinieen con nadie. Por eso me pregunto: ¿Hace falta que estemos todavía soportando producciones sobre la guerra y la postguerra? ¿No tenemos ya bastante? ¿No nos cansamos de darle vueltas a la cuestión?

La última entrega de este tema nunca tratado viene de la mano de Emilio Martínez Lázaro y se titula Las 13 rosas. Lógicamente, el argumento es el fusilamiento de personas del bando republicano, cómo no. Para variar. Y tranquilos, que me juego el cuello que el año que viene saldrá otra igual, y al otro, y al otro... como ha venido pasando en los últimos años. Y si no son películas, tranquilos, alguien hará una serie o un documental sobre la guerra o la postguerra. No soy capaz de prever cuándo se cansarán los directores. O a lo mejor es que realmente son tan malos y tan poco imaginativos como dicen algunos, vete tú a saber.

Sé perfectamente lo que argumentan sus defensores: que es un hecho reciente, que no se debe perder la "memoria histórica", que las atrocidades cometidas deben denunciarse... Iros a tomar por culo. En primer lugar, no hace ninguna, pero que ninguna falta repetir doscientas veces lo mismo. Es más: al final, con tanta repetición, aparte de aburrir al personal y conseguir el efecto contrario (que no se interesen en absoluto por el tema), se acaba creando la sensación (más que justificada) de que todo tiene un interés partidista, de que no estamos ante arte, sino ante propaganda, como también eran propaganda, y no arte, las películas "yankees" sobre la Segunda Guerra Mundial, o las películas de la época de Franco en las que se exaltaba a la Legión o a la Iglesia Católica, por ejemplo, y se promocionaban los "valores nacionales". No son más que panfletos con aspecto de película. Vamos, es que hasta un crío de ocho años se da cuenta; pero un director español no.

En serio: ¿Cuándo nos dejaréis en paz, los de un bando y los del otro? ¿Por que no os vais todos a un desierto y os perdéis?

Pero volvamos al tema: En segundo lugar, si se pretende recuperar la memoria histórica, oye, a mí me parece genial, pero... ¿por qué no se tocan también otros temas extremadamente interesantes y profundamente olvidados por todos o casi todos? Hace unas semanas publiqué un artículo sobre el increíble y heroico asedio de Cartagena de Indias que casi nadie conoce. ¿Por qué nadie hace una película sobre eso? Tampoco he visto jamás en mi vida una película o serie sobre Hernán Cortés, o sobre las guerras de Italia (que tanto marcaron la historia de nuestro país), o sobre mil hechos más. Las Guerras Carlistas, por ejemplo, que también fueron guerras civiles, yacen en el olvido, como si hubiera guerras civiles de primera y de segunda categoría. Incluso los famosos tercios españoles, que dominaron Europa durante más de un siglo, han tenido que esperar a que el éxito literario de Pérez-Reverte sirva de argumento (económico, claro) para que alguien se atreva a producir una película sobre ello, aunque en realidad va sobre un personaje ficticio, pero joder, aunque la batallita sea cutre por lo menos se ve un tercio en formación, porque hasta hace poco mucha gente ni había visto en su puñetera vida la cruz de San Andrés, que hasta prácticamente la época de Carlos III se usaba como bandera de España (un día de estos quizás escriba algo sobre banderitas, que también es un tema divertido).

No sé, a mí, por ejemplo, me fascina la figura de Jaume I el conqueridor (Jaime I el conquistador), increíble rey medieval que dejó a su muerte un reino el doble de grande que el que había recibido. La conquista de Mallorca es realmente digna de ser contada. ¿Por qué nunca se ha tocado el tema? También grandes e impresionantes fueron los reinados de Carlos I y Felipe II. ¿Pues podéis creer que las únicas películas que he visto al respecto son precisamente "las del enemigo", es decir, las estúpidas y tendenciosas producciones anglófilas de los años de Errol Flynn? Joder, creo que esas películas son lo único que me da más asco que las españolas sobre la Guerra Civil, vaya mierda de películas. Es que hasta si fuese inglés me indignaría: no querría yo que a mí país lo exaltasen de una manera tan lamentable. La de la carga de la brigada ligera es para fusilar al director, directamente.

Lo único que a veces se ha llegado a tocar es la Guerra de la Independencia. Por alguna extraña razón, ese tema gusta algo más, básicamente por la figura del bandolero (como en la serie de culto Curro Jiménez) o por personajes como Goya. Los otros momentos históricos, parece como que no molan. Para ellos no hay esa "memoria", sino el olvido más oscuro y tenebroso. O quizás es que por "corrección política" (esa lacra de nuestro tiempo) no se puede hablar de la reconquista (por no ofender a los moros o que vengan los terroristas a ponerte una bomba) o de la conquista de América (que igual en aquel continente se lo tomarían a malas) o de las Guerras Carlistas (tan ligadas a los nacionalismos de algunas partes de España, y que podrían hacer que alguien viniera diciendo que se está ayudando a que "España se rompa" o algo así).

En cambio, por lo visto, no hay problema alguno en insistir en el ya desgastado tema de la Guerra Civil, cuando ya estamos más que saturados de documentales, series, entrevistas, películas... ¿Hasta cuándo?, me pregunto yo.

Y bueno, me callo, que ya me he desahogado. Gracias por soportar mis traumas. Prometo soportar los vuestros algún día a cambio.

Foto: http://www.photoshop-designs.net