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jueves, 6 de septiembre de 2012

Por qué Olvido Hormigos no debe dimitir


A veces hay sucesos que aparentemente son meras anécdotas curiosas e incluso graciosas, pero que contienen un mensaje mucho más profundo, que nos debería mover a actuar para cambiar las cosas. Es el caso del escándalo desatado por un vídeo erótico en el que Olvido Hormigos, concejal del ayuntamiento de Los Yébenes, Toledo, aparece masturbándose. Es un vídeo breve y en el que no se ve más de lo que se puede ver en cualquier playa a la que esta señora fuese a hacer top-less sin que nadie la criticase, pero por lo visto a los meapilas de este país, que siempre han sido muchos y cada vez parecen ser más, les resulta insoportable.

No es la primera vez ni el único lugar en el que la gilipollez colectiva sale a la luz con este tipo de temas. Recordemos el reciente caso de de Karina Bolaños, una viceministra de cultura de Costa Rica que tuvo que dimitir por algo parecido. Y quién no recuerda el caso de Clinton, aunque aquello fue ligeramente diferente. Este tipo de cosas te hacen recordar que, en el fondo, la sociedad tiene los políticos que se merece: corruptos aburridos. Gente a la que nunca pillarán en un vídeo masturbándose, porque están más ocupado amañando concursos públicos para favorecer a la empresa del cuñado, o construyendo un aeropuerto en medio de la nada con un dinero que no tienen pero que tampoco les importa porque, total, nadie les va a pedir responsabilidades.

El tema ha llegado tan lejos que la concejal dimitió ayer mismo, según he entendido por lo que leo en Internet, al parecer porque no se sentía cómoda con las críticas y comentarios de sus vecinos y por la manera en la que este hecho pudiera afectar a la imagen de su partido y a la suya propia como política.

Fíjense cómo será la cosa que, en realidad, el vídeo ni siquiera lo ha subido ella. Por lo visto alguien (no se sabe aún quién) consiguió el archivo (no se sabe aún cómo) y lo subió. Ella no ha hecho otra cosa que grabarse a sí misma, nada más, ni siquiera lo ha hecho público. Pero ahí la ven ustedes, dimitiendo.

Todo esto me lleva a pensar varias cosas:

1. Me pregunto qué coño le importa a la gente que alguien se grabe en vídeo, sea éste erótico o no, de cara a valorarlo como político.
2. Me pregunto si hay algo malo en que una señora se masturbe, e incluso en que lo grabe, si es que esa grabación es privada suya y no la difunde por ahí. Y me respondo que nada, y que me cuesta mucho creer que nadie que no sea un santurrón retrasado piense de otra manera.
3. Me pregunto si por ejemplo a Carlos Fabra (por poner un ejemplo entre mil, porque España está plagada de casos de todos los partidos políticos) le afectan en su conciencia todos los mamoneos que lleva a cabo desde su cargo político, si algún día le quita un sólo minuto de sueño el derroche de dinero de su estúpido aeropuerto, un dinero que tan necesario sería para las arcas públicas. Seguro que no.
4. Me pregunto a continuación si Fabra habrá tenido que aguantar críticas y burlas de sus conciudadanos que le molesten hasta el punto de dejar su cargo por su propia tranquilidad y por el bien de su partido. Seguramente tampoco.
5. Me pregunto entonces si tiene sentido que, mientras gente como Fabra campa a sus anchas sin molestarse lo más mínimo despues de desarrollar una labor pública tan poco digna, tengamos que ver cómo la concejal toledana dimite por algo que en nada debiera afectar a su cargo público.
6. Me pregunto también qué catadura moral tienen los partidos políticos que, desde su seno, ni censuran los mafiosos como Fabra (desde el PP se le ha llegado a llamar "ciudadano ejemplar"), ni piden a Olvido que reconsidere su dimisión (la concejal ha recibido múltiples apoyos, pero a título particular, aún no he escuchado ninguna declaración oficial del PSOE).
7. Me pregunto también qué catadura moral tendrán aquellos ciudadanos, que en medio de una crisis como la actual, una falta de dignidad política tan grave como la actual, con listas electorales plagadas de imputados y de reconocidos corruptos, no tienen otra cosa que hacer que juzgar a sus cargos en base a vídeos privados que nada tienen que ver con su actividad pública.

Por todas estas cosas, creo que sería positivo que Olvido Hormigos reconsiderase su dimisión. Incluso se ha abierto una página para recoger firmas, en la que yo mismo ya he firmado, por supuesto. Porque no, no es un asunto local de Los Yébenes, es algo mucho más grave. Es algo que nos lleva a plantearnos qué idea tenemos los ciudadanos acerca de la dignidad de un político y qué idea tienen ellos mismos y sus partidos al respecto. Porque la dimisión, en cualquier puesto, sea político o no, sólo puede deberse a dos razones. Una es la imposibilidad de realizar su labor (problemas de salud, falta de capacidades, etc.), que encuentro que no es el caso. La otra, es una cuestión de dignidad. Dimite quien cree que es indigno del cargo o cree que los demás lo van a considerar así. Y ahí es donde yo quería llegar: ¿Dignidad, es salir a la palestra con cara de amargado, como Rajoy? ¿Falta de dignidad es masturbarse, e incluso grabarlo? 

La realidad es que nuestra sociedad tiene un nivel cultural y democrático muy bajo, y si queremos que algún día las cosas sean de otra manera, es necesario moverse, dar la cara y enviar un mensaje de aliento a quienes creemos en la verdadera dignidad, y de rechazo a quienes critican sin razón. Y si Olvido dimite definitivamente, se estará haciendo todo lo contrario: se estará lanzando el mensaje de que todo está perdido, de que la dignidad de una persona que está en la política no depende tanto de lo que robe, sino de que se le vean las tetas. 

Entiendo que no debe ser fácil, y que debe haber motivos totalmente personales que lleven a Olvido a dimitir a pesar de todo, por su propia tranquilidad. Pero todos sabemos (y quienes entran en la vida política lo deberían saber más que nadie) que a veces hay que hacer sacrificios personales para conseguir un bien colectivo. Dar la cara en un caso como este y responder con valentía a las críticas, no sólo devolvería una cierta dignidad a su partido y a la política española, sino que seguramente haría mucho más bien por las mujeres y su proyección en la vida pública que cien pomposos ministerios de Igualdad, con sus correspondientes Bibianas Aído.

Por todas estas cosas, me sumo a las innumerables peticiones para que Olvido no dimita. Porque aunque el vídeo es totalmente personal, y su cargo es puramente local, este asunto es cosa de todos.

Imagen: http://caminohacialavidaenigualdad.blogspot.com/2012/06/dia-51-quien-soy-yo-verguenzaatrevimien.html

Actualización: Leo que de momento Olvido no piensa dimitir, lo cual me alegra sobremanera. Gracias a todos los que la han apoyado para que reconsidere su decisión.

lunes, 12 de marzo de 2012

La teoría RAC (II): Cada cosa tiene su función

Nuestra sociedad, histérica defensora de la fidelidad a cualquier precio, no acepta que uno pueda amar a varias mujeres a la vez, o que las pueda amar de diferente manera; por tanto, la mujer a la que se ama debe acabar convirtiéndose necesariamente en la esposa de uno, y aparte de ella no puede haber ninguna más. Lo contrario, socialmente, se considera una desgracia. Lo mismo les ocurre a ellas con nosotros: deben ser de un solo hombre, no hay alternativa posible.

Como yo no comparto esa filosofía, voy a intentar explicar la razón de mi postura. Pero primero, una analogía ilustrativa:

Existe una conocida regla sobre la dinámica de trabajo en las empresas, conocida como El principio de Peter, que universalmente se acepta como uno de los errores más típicos de las organizaciones. Consiste en elevar de categoría a aquel empleado que hace bien su trabajo, olvidando que, por muy justo que nos pueda parecer el premio, quizás en ese nuevo puesto al que lo ascendemos ya no sea una persona competente. Quien es un buen soldado no tiene por qué ser un buen capitán, del mismo modo que quien es un buen programador no tiene por qué ser un buen jefe de proyecto, o un buen albañil quizás no sea un buen capataz. Si verdaderamente creemos que debemos premiar el trabajo bien hecho, debemos hacerlo de otras maneras (subiendo el sueldo, por ejemplo), pero el lugar en el que trabaja cada uno debe ser elegido sólo por sus capacidades, no por recompensas.

Yo creo que algo parecido ocurre con el amor. Tenemos una buena amiga y creemos que por eso ya podría ser una buena amante; tenemos una buena amante y creemos que por eso ya sería una buena pareja; idealizamos a una chica a la que encontramos encantadora, y ya la vemos como una amante o una esposa, etcétera. Todo eso son errores. Quien es bueno en una situación, quizás no lo sea en otra, por mucho que la segunda nos parezca más ventajosa. Debemos ser capaces de comprender si esa persona debe cumplir una función o la otra; quizás descubramos que, en el fondo, ya está bien como está.

Por ejemplo, se comete un error muy grave al mezclar el amor romántico con el amor conyugal, porque no hay nada más mortífero para el amor romántico que una convivencia prolongada. El estado de enamoramiento es muy frágil; se basa en una elevación de nuestro espíritu casi mística, en la que la amada es casi como un sueño, como una agradable alucinación. Un sentimiento tan delicado no puede mantenerse por mucho tiempo: no estamos todo el día superenamorados a todas horas, sino que experimentamos momentos de enamoramiento. En cierto modo ocurre como con la excitación sexual: uno no está todo el día empalmado, por mucho que le guste su mujer. La consecuencia evidente es que habrá muchos otros momentos en los que habrá que estar junto a la otra persona, sin sentir un gran enamoramiento, y eso romperá la magia del amor romántico, en el cual es necesario ver constantemente a la amada como a un ser divino.

Peor aún: podría ser que, al descender nuestra excitación mística y tranquilizarnos, al verla en su vida cotidiana, con sus manías, con sus arranques de mal humor, con sus silencios o con su indiferencia, nuestro amor romántico difícilmente sobrevivirá. No significa que dejemos de quererla, quizás la querremos, pero en todo caso, será de otra manera. La querremos con cariño, con aprecio, con la paciencia de un esposo... en definitiva, sentiremos el amor conyugal, el que se tiene por la pareja. Pero a cambio, habremos perdido el otro. Eso no está ni bien ni mal, simplemente es un amor diferente, pero hay que escoger si es eso lo que queremos con esa mujer, o si preferimos seguir embelesados con su imagen y su recuerdo. Muy probablemente, la mujer que querremos para una cosa no será la misma que la que querremos para la otra.

Tampoco la prolongación en el tiempo resulta fácil, y así como el amor conyugal dura para toda la vida, el romántico puede desaparecer fácilmente, y quedar en el recuerdo. Debemos decidir si la mujer que tenemos delante es una mujer a la que preferiríamos recordar para siempre o acompañar para siempre.

Lo mismo ocurre con las amantes. Una amante es una mujer con la que se comparten las cosas buenas: quedas con ella, vas a tomar un café, a cenar, a la playa, a la cama, disfrutas del sexo con ella, quizás incluso de maneras que no practicas con tu pareja, la llevas al cine, etc. Pero todo son cosas bonitas. Luego, te despides y adiós. No significa que no la quieras, puede ser una gran persona y una buena amiga, pero seguramente no comparte tus problemas diarios, tus malos humores, tus manías... a lo sumo, le pedirás consejo en algún problema que tengas, o tú se lo darás para alguno suyo. Pero ya. Y eso es en parte lo que hace que mantengas de ella una imagen agradable: porque ni tú tienes que soportarla a ella, ni ella a ti. O muy poco.

Por todo eso, aunque es perfectamente posible que una amante sea una buena candidata para ser nuestra pareja, hay que verlo muy claro y estar muy seguro. Si nos confundimos por la buena impresión que tenemos de ella, quizás luego nos sorprendamos al ver que no podemos aguantarla a todas horas, o que ella no nos aguanta a nosotros.

Alguien podría preguntarse si no basta con el amor conyugal, si no podríamos contentarnos con nuestra pareja. A fin de cuentas, ella nos da compañía y sexo, que es lo que seguramente buscamos en nuestras amantes, y también a veces (aunque no sea un sentimiento continuo) nos enamorará, de una manera parecida a un amor romántico. ¿No es más fácil contentarse sólo con ella y no liarse con el resto? A eso yo respondo que sí, es perfectamente posible hacer eso, y desde luego es la opción más sencilla y menos problemática, pero creo que, en general, no es lo más deseable.

En realidad, la situación de cada uno depende de la época de su vida. Quizás en algún momento se sienta satisfecho con uno solo de los tipos de amor. Quizás el amante se sienta completo con sus amadas, quizás el romántico enamorado prefiera pensar sólo en su diosa, quizás el hombre casado se contente con su esposa y se olvide del resto; pero creo que en muchas ocasiones, la combinación de los diferentes tipos de amor, ayuda a completar nuestros espíritu con todos esos sentimientos, dándonos una existencia más plena. Y yo creo que eso es bueno.

Las amantes cumplen la función de añadir variedad. Nos sacan de la monotonía, nos divierten (y nosotros, es de esperar, las divertimos a ellas), y nos permiten así prolongar más años nuestra convivencia en pareja sin agobiarnos. Muchas veces veo a parejas quemadas, porque llevan muchos años juntos y ya no se aguantan, y no puedo dejar de pensar que, si no se hubieran centrado tanto el uno en el otro, si se hubieran permitido ambos un pequeño respiro con algún/a amante, quizás ahora estarían más relajados y lo llevarían mejor. Es un error pensar que las amantes quebrantan nuestra unión con la otra persona: eso sólo ocurre si caemos en la equivocación de confundir el amor de la amante con el conyugal, y pretendemos entonces cambiar de pareja; si dejamos a cada cual en su sitio y no mezclamos las cosas, yo creo que es positivo.

Del mismo modo, el amor romántico no supone, en mi opinión, ningún problema para el afecto que sentimos por nuestras amantes o por nuestra mujer. Se trata de una experiencia puramente espiritual, que nos ayuda a elevarnos sobre lo cotidiano, y que nada tiene que ver con nuestra convivencia. Por eso creo que, aunque uno bien puede conformarse con uno sólo de estos afectos, la persona que ha conseguido combinar los tres es la que realmente disfruta del amor y la que merece ser más envidiada.

Imagen: http://thesegolilypad.blogspot.com/2009/03/playing-with-king-of-hearts.html

jueves, 8 de marzo de 2012

La teoría RAC (I): Los tres tipos de amor

Como hace tiempo que no escribo nada sobre sexo, he pensado que es un buen momento para exponer aquí una teoría que mantengo sobre la afectividad de hombres y mujeres (aunque yo me centro en explicar la de los hombres, claro). Yo la llamo la teoría RAC. Las tres letras significan que hay tres tipos de afecto que uno necesita en su vida amorosa/sexual, y son:

- El amor romántico (la R).
- Las amantes (la A).
- El amor conyugal (la C).

La teoría consiste en afirmar que la felicidad completa se alcanza si se tienen las tres cosas, y que además conviene tenerlas juntas, pero no revueltas.

Como la teoría es bastante larga de explicar, hoy simplemente describiré lo que entiendo por cada tipo de amor, y más adelante explicaré por qué deben separarse.

El amor romántico es aquel que se siente por una persona a la que se adora, pero con la que no se tiene (o al menos no resulta imprescindible tener) contacto físico. Más aún, puede ser incluso que la persona adorada no nos conozca o que, incluso conociéndonos, nos odie. De hecho, el amor no correspondido es un tópico de la literatura, como reza aquel fantástico poema de Sor Juana Inés de la Cruz:
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato a quien me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo por mejor partido escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.

Creo que tener un amor romántico es algo sano y deseable. Llena el alma de ilusión, de sentimientos nobles y hace que salga a la luz lo mejor de nosotros. Es lo que inspira a los artistas, lo que da fuerza a los héroes y lo que nos transmite una idea más elevada de la palabra "amor".

Personalmente, creo que es muy triste morir sin haber sentido, al menos durante un tiempo, un deseo romántico por otra persona. Un deseo que, aunque por supuesto pueda estar acompañado de atracción física (qué casualidad que uno siempre se enamora de las guapas...), por alguna misteriosa razón no se basa en la excitación sexual, sino que tiene algo de divino y espiritual; he aquí precisamente lo interesante de este sentimiento. Excitarse al ver una persona atractiva es sencillo; que nuestra alma se sienta elevada al pensar el ella, o al verla, o al recibir cualquier pequeña señal por su parte, no tanto. Por eso se le tiene en más estima que a la simple atracción, y es la base de los libros y películas de amor.

Distinguir ambos impulsos es fácil. En el caso de la atracción física simple, el objetivo es claramente el contacto sexual lo más completo posible. Sin embargo, en el amor romántico, uno se siente tan inexplicablemente lleno de respeto y adoración por la otra persona que incluso cuesta sentirse digno de ella, y casi parece que la manchamos si pensamos en ella sólo sexualmente.

Por supuesto, es cuestión de gustos. Hay quienes no necesitan para nada este tipo de amor, e incluso lo encuentran ridículo y pasado de moda. Yo creo que para todo aquel que quiera sentir las experiencias importantes de la vida, es algo imprescindible.

Pasemos ahora al segundo tipo de amor: el de las amantes. Hoy en día esta palabra no se lleva, y se usan algunas como "follamigas", "amigas con derecho a roce" o "rollos". Da igual, que cada cual lo llame como quiera. Lo importante es el concepto: se trata de personas con las que estamos a gusto, con las que nos une una cierta amistad (aunque no tienen por qué ser nuestras mejores amigas) y por las que sentimos una atracción física, que ellas comparten, y que por tanto nos ha llevado a tener sexo (o al menos algún beso) en alguna ocasión. Vale la pena diferenciar, sin embargo, entre las amantes propiamente dichas y los simples "rollos" ocasionales que se consiguen a veces tras una noche de discoteca o mediante un ligue ocasional, pero que no van más allá de un encuentro puramente físico y tras el cual muchas veces no se vuelve a ver a la persona, e incluso nos quedamos sin recordar cómo se llamaba. No: al decir amante, me refiero a una mujer a la que se ama (de ahí el término), pero con la que no hay una convivencia continua, ni una fidelidad que nos permita afirmar que es "nuestra pareja". Una amante suele ser, ante todo, una amiga, alguien en quien se confía.

Por supuesto, es posible tener varias amantes, aunque supongo que tener muchas a la vez debe ser un lío tremendo. Esta es la principal ventaja de este tipo de amor: mientras el amor romántico sólo se muestra en su forma más pura al dirigirlo sobre una única persona; y mientras el amor conyugal difícilmente triunfa con más de una a la vez, las amantes, en cambio, pueden ser varias, e incluso las épocas en las que uno está con ellas pueden ir fluctuando, por diversas circunstancias.

La desventaja es que no es un amor tan profundo como los otros dos. Las amantes son personas a las que sin duda apreciamos, y que físicamente pueden darnos mucho placer; pero no nos embelesan como nuestra amor romántico, ni están siempre a nuestro lado como nuestra pareja, compartiendo lo bueno y lo malo. Generalmente, una amante sólo comparte lo bueno.

El tercer tipo de amor es el conyugal, el que se siente por la persona con la que compartimos la vida, ya sea nuestra esposa o, si no estamos casados, nuestra "compañera", por así llamarla. Este amor es el más difícil y el más importante en la vida. Vivir sin amor romántico es una lástima, pero creo que para muchas personas perfectamente posible, y no supone un gran problema. Vivir sin amantes también es una pena, pero a fin de cuentas nuestra pareja y nuestras amistades pueden compensarnos bastante bien esta carencia. En cambio, no tener una pareja que comparta con nosotros la vida y que nos acompañe, como reza la fórmula, en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe, es verdaderamente algo muy triste, y que ninguna amante ni ningún amor romántico pueden compensar.

Este amor nos da estabilidad, nos da compañía, une a las familias y, si se desea y se dan las circunstancias, nos da descendencia. Va, por tanto, más allá de la propia experiencia personal, y se convierte en una acción social, en la que los familiares terminan inevitablemente involucrados.

El amor conyugal es el más complicado, porque no puede basarse en un capricho momentáneo ni en una ilusión aparentemente fuerte, pero que luego se desvanezca con facilidad (como muchas veces pasa con los amores románticos), sino que debe estar firmemente asentado sobre la confianza mútua y una compenetración de los caracteres verdaderamente especial.

Conviene comentar el caso de la poligamia (o su pariente, la poliandria, que también se practica en alguna parte del mundo). Personalmente no estoy en contra, y me parece absurdo que en España, por ejemplo, sea un delito. Si tres personas se encuentran a gusto juntas, pues oye, ellos sabrán. Me parece bastante ridículo que una sociedad que se jacta de su tolerancia hacia las parejas del mismo sexo, penalice de esa manera otras uniones. Una muestra más de nuestra hipocresía y de nuestra modernidad de fachada. Pero en cualquier caso, creo que la poligamia está condenada a ser un problema. Si ya es difícil llevar una vida en común con una mujer, no quiero ni pensar lo que supondría hacerlo con dos; e igualmente veo muy complicado que dos hombres convivan con una sola mujer. Es casi inevitable, además, que surjan rivalidades y que una de las tres personas se sienta desplazada, que crea ser "el tercero en discordia". Respeto la poligamia, pero me parece algo muy inestable y difícilmente viable.

En la siguiente parte del artículo comentaré cómo se combinan los tres tipos de amor.

Imagen: http://amigurumisatutiplen.blogspot.com/2010_11_01_archive.html

lunes, 13 de febrero de 2012

Sobre lealtades e infidelidades

Comenzaré yendo al grano: No estoy a favor de la fidelidad. La respeto, pero me parece un lujo innecesario.

Defiendo el amor libre; siempre lo he defendido y me cuesta mucho creer que no vaya a morirme defendiéndolo. Es algo plenamente arraigado en mí, probablemente uno de mis principios más irrenunciables, el de que el amor debe poder sentirse libremente, sin que esté ligado a una sola persona. Pero estoy a favor de la lealtad. Este término, que a algunos les sonará extraño y casi como pasado de moda, no es sinónimo de fidelidad. Para nada.

Ser fiel a una persona (a una pareja, se entiende) significa no amar y sobre todo no tener sexo con ninguna otra. Es como ser fiel a una marca: si compras chocolate Nestlé y eres fiel a la marca, nunca comprarás Toblerone.

Ser leal significa no engañar. Si yo digo que haré A, pues hago A. No digo que haré A y después voy y, sin que se entere mi pareja, hago B.

Nótese que ambas cosas son muy distintas. De hecho, no tienen nada que ver. Yo puedo no tener sexo con otra persona que no sea mi pareja, pero engañarla en muchas cosas. Seré entonces fiel, pero no leal. Igualmente, puedo decirle francamente que me acuesto con otras personas. Seré entonces leal, pero no fiel.

Ser infiel y leal al mismo tiempo, me parece una situación óptima. Resulta difícil, porque no siempre la persona que está con nosotros va a aceptar la infidelidad, pero aquí es donde entra nuestra capacidad para ser sinceros y mostrarnos tal y como somos, dando así también a nuestra pareja la oportunidad de aceptarnos o de rechazarnos, según crea conveniente. Es un ejercicio de valor por ambas partes.

La lealtad es, para mí, un valor importante. Dice mucho de la nobleza de una persona. La fidelidad, me parece un capricho perfectamente prescindible, cuando no un inconveniente molesto, una presión gratuita. En realidad, no es más que una manifestación de celos, y una muestra de nuestro miedo; miedo a perder a nuestra pareja, a que encuentre a alguien que le gusta más. Y a mí esto me resulta muy exótico, porque incluso encontrar a alguien que te gusta más, no significa que vayas a dejar a la persona con la que estás ahora. Del mismo modo que uno no tiene un solo amigo, sino varios (aunque pueda haber siempre un "mejor amigo"), creo que en el amor esto también es posible. Incluso me atrevería a decir que en ocasiones puede ser positivo para la pareja, porque evita que las dos personas se centren demasiado la una en la otra; porque nos permite salir de vez en cuando de la monotonía y, de este modo, poder volver a ella más relajados; porque incluso puede llegar a darnos algo que nos falte en nuestra pareja, permitiéndonos así continuar con ella al mismo tiempo, sin agobiarnos.

Creo que nuestra sociedad, que tanto presume de moderna y abierta, tiene aún este prejuicio de la fidelidad muy arraigado. Y qué queréis que os diga, me parece una lástima.

Imagen: http://www.peatom.info/negocios/119874/la-cadena-de-la-deuda-puede-estallar/

lunes, 9 de marzo de 2009

La bola de cristal

Recuerdo que hace años, una chica mexicana con la que conversaba a veces de temas sexuales usó una frase que se me quedó grabada. Dijo ella que su novio era de los de ¿Me pasas la teta izquierda, por favor?, queriendo decir así que, de tan respetuoso que era, se pasaba de la raya, y a cada paso iba pidiendo el permiso de la dama para hacer tal cosa o tal otra, para poner la mano aquí o besar allá. A mí la frase me pareció de lo más graciosa e ilustrativa, y desde entonces la uso para referirme a este tipo de personas. Lógicamente, ella veía este comportamiento como algo negativo, y aunque apreciaba su preocupación y respeto, lo consideraba ilógico en un tema como el sexo en el que, para bien o para mal, el impulso del momento, la pasión y la decisión, juegan también su papel y le dan una buena parte de la gracia al asunto; aunque también habrá, supongo, gente a la que le guste ese protocolo, que de todo hay en este mundo.

Al ser el sexo un asunto del que se habla poco y del que casi todo se descubre con la práctica, a menudo arriesgándose a actuar sin estar del todo convencido de los gustos del otro individuo, se hace necesario ser una persona abierta y respetuosa, dispuesta a disculpar y a disculparse, si no se quiere acabar disgustado cada dos por tres. Nos tenemos que dar cuenta de que este es un terreno en el que siempre podemos acabar molestando o siendo molestados, y hay que estar preparados entonces para que la sangre no llegue al río, y saber usar las palabras para solucionar las cosas después de haber actuado, no siempre antes, porque lo de preguntar si me pasas la teta izquierda no es la solución.

Por un lado, los hombres tenemos que buscar el difícil equilibrio entre avanzar con decisión y tantear con precaución. Pensemos que incluso aquello que a nosotros nos parece natural, o que, aunque no nos lo parezca, sabemos por experiencia que siempre ha funcionado con éxito, podría no funcionar con una nueva persona. Las mujeres, a fin de cuentas, son impredecibles, y nunca sabemos cuándo nos va a tocar la primera a la que no le gusta tal cosa que siempre había tenido éxito, o la primera que nos pide tal otra que antes las demás siempre habían rechazado. Este es un difícil arte en el que a menudo nos equivocamos (yo el primero), pero que con constancia se puede ir perfeccionando, como todo. Aún así, en caso de error, debemos saber disculparnos y demostrar que la intención era buena, aunque el acto fuese equivocado. Son los gajes del oficio de ser hombre.

Por otro lado, las mujeres deben ser abiertas y comprensivas, y recordar siempre que los hombres no tenemos una bola de cristal para adivinar qué hay que hacer en cada momento. Nuestra intuición y algunos indicios nos guían, pero nada nos asegura el éxito. Por eso apreciamos tanto en ellas la colaboración y la comprensión. La mujer que, en lugar de adoptar una actitud pasiva, aconseja, sugiere, guía, e incluso actúa, tiene asegurado un gran éxito con los hombres y un gran placer para sí misma. Las que no lo hacen podrán tener suerte algunas veces, pero otras acabarán molestas o defraudadas; tendrá que venir entonces el momento de las disculpas, las discusiones, o incluso las rupturas. Las hay, incluso (y conozco a más de una y a más de dos, desgraciadamente), que adoptan la prepotente actitud de condenar y menospreciar a los hombres que, en algún momento, hicieron algo que les desagradó. Deben ser éstas a las que les gustan los tipos del ¿Me pasas la teta izquierda, por favor? O quizás tampoco, sino que en ese caso se quejarían también y dirían que el hombre es un cansino. Todo les está mal y todo les molesta; y lo peor es que, en lugar de comentarlo abiertamente con el hombre en el momento y no darle más importancia, se lo callan; creen que, en lugar de solucionarlo de golpe con un sencillo "no, esto no" o "no, así, no", y no darle más vueltas, es mejor venir después dándoselas de indignadas, cual damas que han sufrido terrible afrenta. Ni siquiera es él el primero en enterarse, sino que antes se lo cuentan a sus amigas y luego a él, como si fuera más asunto de ellas que suyo, como si él en realidad no importase por sí mismo, sino como tema de conversación o como un vestido del que presumir o del que comentar que ya no gusta y que lo van a tirar. Van por el mundo perdonando vidas y haciendo como que otorgan favores dignos de infinito agradecimiento, como si fuesen divas que miran desde lo alto a sus humildes servidores, como si no hubiera otras mujeres en el mundo capaces de dar lo mismo que ellas y mejor, capaces sobre todo de recibir lo mismo que ellas y mejor, con mucho más agradecimiento, cariño, humildad, comprensión y amor.

Imagen: http://cocaina.redliberal.com/

lunes, 26 de enero de 2009

La erótica del poder

Tras algunos comentarios recientes de este blog (y algunos más que he visto por la red) sobre el atractivo físico de algunas mujeres de la política, a raíz del caso "Nebrera contra Álvarez", y encima la pequeña polémica de estos días sobre una entrevista a la también pequeña Soraya Sáez de Santamaría para El Mundo, en la que aparecía en pose sexy (o eso debió creer el fotógrafo, porque yo pienso que no sale favorecida), me ha parecido interesante escribir sobre las mujeres atractivas que se mueven en las altas esferas del poder. Dejo en manos de alguna bloggera inspirada hacer lo mismo con los hombres, si es que lo encuentra interesante.

Antes de nada, dejar claro que este artículo es un mero divertimento, y no se pretende atacar ni burlarse de nadie en serio. No es más que una manera de divagar y decir burradas como otra cualquiera. El humor es una de las pocas cosas que nos da la vida para soportarla; no prescindamos de él por miedo. (*)

Me centraré, por supuesto, en las personas que ocupan puestos realmente importantes o que, por alguna razón, se han hecho populares. No puedo conocer a las alcaldesas de toda España, o a las diputadas (con perdón) de todos los parlamentos autonómicos.

A nivel nacional, tengo que aceptar que el único partido que me ofrece algún ejemplo creíble es el PP. Sí, pese al asco que me causa esa formación política, es la única que contiene algún ejemplo de mujeres aceptablemente atractivas, ya sea por su físico o por el morbo que dan. He intentado sinceramente encontrar casos en otros partidos, pero en CiU sólo veo tíos calvos cincuentones, IU está tan arrinconada en los medios que ya ni conocemos a sus dirigentes, y el PSOE... pues mira que tiene ministras, pero es que todas son unos cardos. Apurando mucho se podrían "salvar" la de defensa y la de igualdad, pero es que... qué quieren que les diga. Imagínense el concepto que tendrá sobre el erotismo, sobre la tensión erótica, alguien como la ministra de igualdad. Debe ser de lo más romántico intentar ligar con una señora cuya principal ocupación a lo largo del día es recordar a la sociedad lo malos que somos los hombres. Ciertamente, a uno le asaltan ciertas dudas que tiran p'atrás: ¿Y si le intentas regalar flores y te sale con que es un detalle machista ancarónico que presupone que bla bla bla? ¿Y si la abrazas con pasión, y ella va y te aparta bruscamente para, a continuación, apuntar tu DNI para denunciarte por acoso? Que no, que no, pasando. Ganas de buscarse problemas.

La de defensa aún tendría algo de gracia si realmente fuese militar y acudiese a su trabajo vestida con uniforme (toma fetichismo), pero una progre como Chacón que se pasa todo el día hablando de misiones humanitarias, no tiene ningún tipo de atractivo. Y además no está buena, por mucho que algunos digan.

Del PP probablemente habría que destacar a su portavoz, Soraya Saez de Santamaría. A Soraya parece que la hayan sacado del videoclip de Amo a Laura. Y es ese aspecto de niña cursi de colegio de monjas, que reza cada noche sus oraciones, su principal aliciente. En el fondo, es una mujer que, según como la enfocan, resulta fea que te cagas; pero en según que tomas tiene un cierto atractivo. En cualquier caso, independientemente de que nos acabe de atraer por su cuerpo y su cara, tiene el aliciente que le da su aspecto de niña de buena familia nacionalcatólica. Pervertir a una pija como ella tiene su qué. Además, se le nota que intenta parecer guapa, y hasta suelta frases de doble sentido, como la que dijo hace poco en la entrevista para El Mundo: Me casé con un marido que tiene una retranca bárbara. Soraya, picarona, cómo te gusta hacernos pensar lo que no es. Si te oyeran las monjitas del colegio...

Menos morbo, pero quizás más atractivo físico tiene Montse Nebrera, aunque me parece que le quedan dos telediarios en la política, al paso que va. Y es que yo no sé si alguno de nosotros conseguirá follársela algún día, pero sus compañeros de partido le están dando por culo de una manera bestial ahora mismo. Nebrera es bastante mona, un poco delgada para mi gusto, pero tiene ese aire de intelectual soñadora (porque si fuera una persona realista no se metería en los follones que se mete) que le da el atractivo de los amores platónicos. Eso sí, su aspecto de directora general de alguna S.A. le quita el morbo que a otras mujeres del PP les proporciona su aire de conservadoras reprimidas.

Ya para terminar, tenemos a María Dolores de Cospedal, a la que podemos ver en la foto junto a Soraya, que con la mano está indicando lo que más le gustaría hacer en ese momento, mientras Dolores mira con sonrisa picarona en plan sí, eso es lo que me gusta a mí también. No sé por qué, pero en casi todas sus apariciones públicas, Dolores suele poner una cara de mala leche, en plan como te pases un pelo te voy a soltar dos hostias que te vas a enterar, gilipollas. Precisamente ese aire de señora dominante es el que le da parte de su atractivo. Se la imagina uno con el traje de cuero, las esposas colgando del cinturón y la fusta. Ama Dolores o algo así sería, supongo. Le iría que ni pintado, oiga.

Pero vamos a pasar a la política internacional, porque España por sí sola no nos ofrece suficientes alicientes sexuales. Si es que al final nos tiran más las extranjeras, como cuando venían las suecas a veranear aquí en los 70.

Ciertamente, mucha belleza no se suele ver en los primeros puestos de la política. Basta con ver a Condolezza Rice. Incluso cuando no son tan repulsivas como Rice, la mayoría de las figuras importantes son milfs más o menos arregladas, pero que en la mayoría de casos no dejan de ser grises funcionarias, sin una voz especialmente sexy, ni tampoco un físico muy impactante. Eso sí, cuando alguna tiene un pase, se habla de ella hasta la saciedad, como le ocurrió recientemente a Sarah Palin, convertida en una especie de sex symbol improvisada de la campaña republicana, y de la que incluso salieron dobles en el cine porno. O recordemos también aquella famosa foto del escote de Angela Merkel, que dio la vuelta al mundo. Durante unos días, la actualidad política del mundo se centró en dos cosas: la teta izquierda de la canciller alemana y la teta derecha de la canciller alemana.

Yo creo que Palin tenía, además, un factor que le daba mucho morbo, y es el mismo que me ha llevado a mí a escoger mujeres del PP: El hecho de que sea conservadora, madre de familia con (supuestas) buenas costumbres, y defensora pública, además, de esas mismas buenas costumbres, lo cual da pie a imaginarse que en el fondo sea una hipócrita que habla mucho de moralidad de puertas afuera, pero que de puertas a dentro es una calentorra insaciable. Es el sumum de la imaginación libertina: que la mujer en concreto sea una hipócrita. Y es que imaginarse a una derechona redomada poniéndose caliente e intentando llamar la atención de un macho, o peor aún, habiéndolo consegido ya y comportándose como una guarra en la cama, tiene infinitamente más gracia que si se trata de una progre de esas que se manifiestan a favor del aborto. Dónde va a parar. La escena tiene un contraste libertino que una mujer más liberal no podrá nunca conseguir.

Algunos mencionan a veces a las dos manadatarias del Cono Sur: Cristina Kirchner y Michelle Bachelet, pero qué quieren que les diga... no me acaban de convencer. No son especialmente atractivas. Además, la primera me parece tan asquerosamente presuntuosa, tan pija de revista, que me tira para atrás; la segunda la veo tan formalita que carece absolutamente de morbo, y físicamente la veo como a Merkel (o sea, mediocre), pero sin tanta teta.

Probablemente la que más despunta ahora mismo sea la primera ministra de Ucrania, Yulia Timoshenko. Algo fría, como suelen ser las mujeres del Este, pero no está nada mal, y ese peinado tan característico de su país le da un encanto especial. No sé, supongo que es como si una política española saliera con la peineta, y un tirabuzón a lo Estrellita Castro. Una cosa de esas que sólo por lo pintoresco ya ayudan. No es la clásica mujer con pinta de directiva de empresa occidental, a lo Palin.

Lo que está claro es que si en España tuviéramos una primera ministra como Yulia, estaríamos todo el día dándole al tema de lo buena que está. Menudos somos para eso. De esta sí que nadie pediría la dimisión. Ni ella la presentaria si fuera española, claro.


(*) Odio estas aclaraciones que ninguna persona con dos dedos de frente debería necesitar, pero en los tiempos que vivimos, tan paranoicos, tan orwellianos, se hace necesario protegerse de la necedad de los hipersensibles y los políticamente correctos. Ahora, para decir una frase humorística, te hace falta decir dos más: una para avisar de que la primera era de broma, y otra para aclarar que no pretendías ofender a ninguna persona, ni a ninguna minoría de esas cuyos miembros son suficientemente mezquinos como para ponerte una demanda por querer enfocar los asuntos serios desde una óptica más divertida. Cuando para poder hacer un chiste de una frase te hacen falta tres, a mí que no me jodan: es que algo falla.

Imágenes: http://mirabolivia.com/foro_total.php?id_foro_ini=84181
http://lacomunidad.cadenaser.com/rafagarcia/2008/3/31/rajoy-acierta-esta-vez
http://mvergesros.wordpress.com/2008/03/20/llibertat-dexpressio-dins-dels-partits-politics-les-diferencies-entre-montserrat-nebrera-i-gotzone-mora/
http://www.elpais.com/recorte/20080623elpepinac_4/LCO340/Ies/Cospedal_izquierda_Saenz_Santamaria.jpg

sábado, 10 de enero de 2009

Cama y luz

Ciertos comportamientos humanos tienen su origen, no en la utilidad, sino en la costumbre. La gente comienza haciendo algo de una manera porque no le queda más remedio o porque en ese momento es lo más práctico por diversas circunstancias, y al final se acaba adoptando como la manera estándar de hacerlo, sin pensar que es mucho mejor de otra manera. En mi opinión, dos detalles relacionados con el sexo que se ven afectados por las actividades cotidianas de la gente son la costumbre de hacerlo en la cama y a oscuras, o con muy poca luz.

Pensándolo bien, el sexo es mucho más interesante con luz, a poder ser luz del día, que es más intensa y permite verlo todo más claramente. Privarse de este placer no tiene mucho sentido, a menos que la gente acostumbre a practicarlo de noche, justo cuando se va a dormir, que es precisamente lo que se ha solido hacer, ya que durante el día se trabaja, y a menudo la pareja ni siquiera está junta en casa. Sólo queda el momento del sueño, de manera que, o bien se folla justo antes de dormir, o justo después. De este modo, la cama ha quedado consagrada como el lugar típico para el sexo. Por eso mismo, también la oscuridad de la noche, o la semioscuridad en la que suele encontrarse un dormitorio, han acabado siendo preferidas por muchas personas para el sexo, privándose así del placer de la observación del acto, y también del cuerpo de la otra persona. Quizás, es preciso reconocerlo, sean también el pudor típico de las épocas antiguas o bien simplemente la vergüenza que produzca un físico no muy agraciado, los factores que hayan conducido a algunos a preferir la oscuridad.

En cualquier caso, vale la pena detenerse un momento a examinar las ventajas que ofrecen otros lugares y otras condiciones de luminosidad. ¿Cómo se puede querer prescindir de contemplar el rostro de la otra persona, el rubor que en ella produce la excitación? ¿Cómo se puede restar importancia a poder ver claramente la tensión de los músculos, el temblor de las carnes o el brillo del sudor? De acuerdo, puede haber ciertas prácticas puntuales que puedan estar bien en oscuridad (por ejemplo, un clásico de erotismo como vendar los ojos de la otra persona), pero en general, creo que es desaconsejable. El placer del tacto está bien, y el del oído es no poco importante, pero la vista también es crucial. ¿De qué viviría si no la indústria de la pornografía?

En cuanto a la cama, es cierto que siempre será el lugar más cómodo, y que permite poder dormir tras el acto (porque a menudo apetece), pero no nos ofrece todas las posturas, así que algunas debemos buscarlas necesariamente de otras maneras, estado de pie o bien sentados. Tampoco ofrece la higiene de la ducha o el morbo de otros lugares que, al ser menos típicos, le dan una gracia especial. Y es que a mí que no me digan que, por muy incómodo que pueda resultar, no es más gracioso hacerlo en la mesa del comedor o de la cocina que en la cama. Por Dios, dónde va a parar.

Imagen: http://decoraciona.com/una-breve-historia-del-dormitorio

viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Qué es el porno?

Hace tiempo que no pongo nada "caliente" por aquí, y como esta noche tengo tiempo, voy a hablar un poco sobre el tema del porno. No voy a soltar un rollo comentando detalles porque el tema da para mucho, pero sí discutir la esencia misma del concepto (joder, últimamente hablo que parezco un filósofo alemán).

No sé si alguna vez os habéis preguntado la diferencia entre pornografía y erotismo (erotismo referido a películas, imágenes, etc., claro está). Yo sí, y sigo sin encontrarla. Alguna gente argumenta que la diferencia es que mientras la primera es vulgar, explícita y cutre, el segundo es refinado, juega con la insinuación y aporta calidad al tema del sexo. Tales afirmaciones me parecen rotundamente falsas, puesto que, hasta donde yo he podido ver, hay muchas películas clasificadas con la X que no son especialmente vulgares, sólo son explícitas lo justo para que las clasifiquen como pornográficas, y desde luego no son nada cutres. Veáse, como un ejemplo, las películas de Andrew Blake, pero se pueden buscar otros ejemplos como el de Viv Thomas y algunos más. Por contra, muchas películas denominadas y clasificadas como "eróticas" son malas a rabiar, cutres hasta límites insospechados y además se nota descaradamente que no buscan ningún objetivo artístico, sino que sólo son una excusa para que la actriz principal enseñe las tetas. Muchas de las películas eróticas italianas de finales de los 70 y principios de los 80, por ejemplo, lo muestran claramente. Son basura, que pretende ser erótica y más bien nos da la sensación de estar perdiendo el tiempo.

No, la distinción entre pornografía y erotismo es puramente moral, o más exactamente administrativa, puesto que es la administración quien crea esas clasificaciones para que luego los puritanos (en adelante, gilipollas) no levanten la voz. Porque claro, según los gilipollas, no hay ningún problema en que Rambo masacre un campamento entero de vietnamitas, sembrando la muerte y la destrucción por doquier; pero eso de que se vea una polla, es como una señal de que se acaba el mundo, por lo visto. Esto nos lleva a que películas de calidad y que nos sumergen en un ambiente erótico refinado e interesante, se vean relegadas al mismo saco que cualquier producto de gonzo o de sexo amateur, por ejemplo. Por contra, bodrios y peliculillas de serie B totalmente deleznables que deberían ser quemados, comparten estantería en cualquier videoclub con las películas simplemente clasificadas como "para mayores de 18", cuando en realidad esos engendros no deberían verlos ni los menores ni los mayores.

Lo curioso es que la existencia misma de la etiqueta hace que surja realmente un género diferente. En efecto, al crear un mercado apartado, tradicionalmente restringido a las sex-shop y cines X (hoy pasados de moda y desplazados por Internet), las propias productoras y directores crean productos dirigidos a un determinado público y enmarcados en unos determinados estándares. En realidad, lo lógico sería que simplemente hubiera películas eróticas. Mejores o peores, más o menos explícitas, más o menos cutres, pero eróticas sin más. Porque por mucho que digan los gilipollas, una película erótica explícita puede ser mucho más moral, mucho más elevada artísticamente y mucho más educativa que una que no lo sea. Pensar lo contrario nos llevaría a estupideces como las de los japoneses, que aplican a las películas una censura sobre los genitales que se ha hecho famosa en el mundo entero por su ridiculez, ya que no hace otra cosa que molestar.

En el otro lado también se sufren las consecuencias. Los directores de películas eróticas, temiendo que clasifiquen su obra con la X, se autocensuran, decepcionando al público y ofreciendo obras descafeinadas, que difícilmente se justifican con la ya gastada excusa de que "es más erótico insinuar que enseñar". Ya no cuela.

Al final, todo esto redunda en una menor calidad de las películas, una estandarización insoportable con clichés ya más que gastados, y una mojigatería extraña acerca de uno de los géneros (el erótico) que por simple sentido común, debería ser de los de más éxito del cine, en lugar de estar arrinconado misteriosamente.

Imagen: Por hoy, la imagen la pongo yo. Total, para pintar tres equis...

sábado, 2 de agosto de 2008

Educación sexual, esa quimera

Recuerdo haber visto algunas tertulias en televisión sobre el tema del sexo, en las que se discutía sobre la forma de enseñarlo en las escuelas. Era verdaderamente divertido comprobar como los "expertos" coincidían en lo bueno que sería que se hablase del tema sin tapujos, discutiendo en clase, no sólo la parte más científica, sino cuestiones relacionadas con la sensibilidad y las pasiones. E incluso se mostraban sorprendidos y yo casi diría que molestos porque no se hiciera ya. Ilusos... Jamás se podrá hacer algo así. Pensar que en una escuela se pueda hablar de sexo (libremente, se entiende) es tan utópico como creer que se puede tener una asignatura de política. Sencillamente imposible.

Nadie niega que se pueden explicar los aspectos más "objetivos" del tema (y aún así quizás habría padres que pondrían pegas), pero pretender hablar de las distintas prácticas sin tapujos es imposible, porque, como en la política, todos tienen su bando, y no están dispuestos a dejar que a sus hijos se les expliquen las cosas de manera que se puedan pasar a otro. El propio maestro estará inevitablemente contaminado, no ya por tabús (que también, por supuesto) sino por un necesario partidismo. Y es que en este tema, como en la política, quien opina ya está tomando partido por algo; mantenerse "neutral" es prácticamente imposible, puesto que incluso la actitud escéptica de quien afirma que "mientas a mí no me molesten me da igual lo que haga cada uno", ya es una opinión, de la cual surge necesariamente un bando, un partido.

Ante la imposiblidad de ser neutral, creo que más vale aceptar que es un tema conflictivo y dejarlo aparte. A quien no esté de acuerdo, le propongo que primero prueba a crear una asignatura de política. Si es capaz de hacerlo sin que ésta provoque problemas con padres, alumnos y profesores, entonces creeré en la enseñanza del sexo en las aulas.

Quienes defienden esa enseñanza abierta son, a menudo, progres ilusos que sueñan con una clase en la que el profesor enseña a los alumnos a ser "tolerantes" con otras prácticas sexuales que no sean las habituales. Sueñan, seguramente, con romper una lanza en defensa de la homosexualidad, tema favorito de los que van de modernos y abiertos de mente. Pero yo supongo que claro, si se habla de la sexualidad en general habría que ir más allá, ¿no creen? El problema es que ir más allá es peligroso. ¿Nos imaginamos, por ejemplo, al profesor tocando el tema del sadismo o del masoquismo? ¿Y de la zoofilia? ¿Y del incesto? Y sólo estoy nombrando tres o cuatro casos a bote pronto, las combinaciones son inmumerables. Porque claro, es hipócrita defender la educación sexual para proteger ciertas prácticas y luego usar esa misma "educación" para seguir manteniendo los tabús respecto a las demas. O follamos todos o la puta al río (nunca mejor dicho). Pero no: a los progres (que no son más que conservadores pintados de otro color) lo que les va es defender la libertad de gustos, pero siempre y cuando, claro está, estos gustos no resulten molestos para sus estrechas mentes, como le pasó a la vicepresidenta cuando recientemente se mostró "escandalizada" por el tema aquel del polígamo. Y es que los progres son progres con lo que les da la gana; pero con lo que no, son peores que los puritanos de la Inglaterra victoriana. Así está el patio, señores, lleno de hipocresía, como siempre ha estado. Y teniendo una sociedad compuesta en una buena parte de gente tradicional, en otra buena parte de progres de boquilla que en unas cosas querrán ir de modernos y en otras serán peores que los otros, y finalmente una buena parte de gente que ya da por sentado que estas cosas mejor se aprenden "en la calle", ¿para qué buscar problemas?

Imagen: http://blogs.elcomercio.com.pe/unicorniosydragones/2008/02/

domingo, 27 de abril de 2008

Carnes y huesos

Ya dije que hablaría del tema de las carnes femeninas, o sea que vamos a ello.

Siempre he dicho que es mejor una chica más bien gordita que más bien delgada, y la experiencia (de muchas conversaciones entre hombres) me dice que la mayoría piensan como yo (cosa fácilmente comprobable, por ejemplo, si se ve casi cualquier película porno, como bien señalaba oldman en la entrada anterior). Lógicamente, si es posible, todos queremos un cuerpo bien proporcionado, una chica ni gorda ni delgada, pero como tal equilibrio es difícil y además es opinable (lo que para unos es estar gorda para otros no), siempre está bien fijarse en cual de las dos tendencias se prefiere; y por lo general hay coincidencia en que, puestos a escoger, más vale gordita. Todo esto presupone que no nos vamos hacia los extremos, porque a casi nadie le hace gracia un cuerpo extremadamente huesudo ni demasiado repleto de grasa. Es simplemente una preferencia, una tendencia. Y la tendencia suele ser preferir la carne al hueso. ¿Por qué? Yo creo que es sencillamente porque es más agradable de tocar. Los hombres, por lo general, preferimos un cuerpo blandito a uno donde los huesos y músculos no dejen casi lugar a la grasa que hace tan apetecibles las carnes femeninas. Y es que tanto las curvas del culo como las de las tetas, ambas tan importantes, son más difíciles de apreciar en una mujer que tiene tendencia a ser delgada, y eso le quita inevitablemente una parte de su potencial atractivo.

Personalmente, las modelos me parecen seres verdaderamente horribles. Jamás querría estar con una de esas chicas esqueléticas de pasarela, y me sorprende que se las prefiera para ese trabajo, de no ser porque el trabajo consiste precisamente en hacer de "percha", para lo cual sin duda resultan más adecuadas. Siempre será mejor la chica de firmes muslos y redondeadas caderas. Vamos, de todas todas. Qué pena que tanto prejuicio lleve a muchas mujeres a abandonar la redondez de su cuerpo o, si no son capaces de conseguirlo, a acomplejarse injustificadamente. En mi opinión, sólo deberían esforzarse por adelgazar aquellas en las que las curvas ya han roto la silueta propia de la mujer, para convertirse en extraños michelines o glúteos caídos; las demás, que se queden como están por favor. Los hombres os lo agradeceremos.

Imagen: http://www.myblog.es/portaldecotillas/art/2773504

domingo, 20 de abril de 2008

Cuerpo, cara y otros factores

A raíz de cierta foto publicada hace poco en un foro, me ha venido a la cabeza la eterna pregunta sobre qué es más importante para valorar la belleza de una mujer (supongo que para los hombres valdrá igual), si el cuerpo o la cara. Aparecía, en la foto mencionada, una chica alta, bastante bien proporcionada y además vestida en plan sexy, por lo que en principio debería resultar atractiva. Sin embargo, pese a su cabello rubio, largo y algo despeinado, propio de una auténtica mujer fatal, su rostro no acompañaba precisamente. Unas facciones algo duras y exageradas la afeaban y rompían la gracia del conjunto. Lo que podría haber sido una mujer espectacular se había quedado en una mujer impactante, pero que no acababa de resultar, de convencer.

Me vienen a la mente, ahora que toco el tema, bastantes chicas que no es que tengan precisamente unas formas bien proporcionadas, pero que sí que son guapas y tienen un rostro atractivo. Es la otra cara de la moneda. ¿Con cuál nos quedaríamos?

Yo siempre creo que puestos a escoger, es mejor que la chica sea guapa de cara. El cuerpo es algo que, según la edad, la alimentación, el ejercicio y otros muchos factores, puede ir cambiando. Se puede adelgazar o se puede engordar, se puede hacer gimansia para fortalecerlo, se puede broncear con el sol... pero cuando una chica es fea, es fea para siempre, se ponga como se ponga. Podrá quizás encontrar un peinado que la favorezca, o podrá maquillar algún defecto de la piel, pero si realmente es un cardo, no tendrá salvación de Dios. Me hace mucha gracia cuando la gente pregunta en qué se fija uno antes en una mujer y salen las típicas respuestas del culo o las tetas... Error. Es mucho más importante que sea mona de cara, el resto más o menos se puede arreglar, y salvo casos muy extremos, los hombres solemos contentarnos con lo que hay.

Hay otro factor que a menudo se olvida y es la influencia del carácter sobre la apariencia física. Conozco, por ejemplo, una chica no muy agraciada, aunque no del todo fea, que tiene el defecto de estar como ensimismada una buena parte del tiempo, lo cual aún la afea más. Sin embargo, cuando le da por sonreír, parece como que cambian sus facciones y de pronto se vuelve de lo más resultona. Es como si le cambiase la cara, parece casi otra persona, y si ella misma se diera cuenta, sin duda intentaría estar más alegre a lo largo del día. Y es que una bonita sonrisa o unos bellos ojos nos pueden hacer olvidar otros detalles; pero cuando vemos un rostro desagradable, ni las tetas más perfectas del mundo ni el culo más redondeado nos van a quitar la mala impresión.

Imagen: http://www.hachemuda.com/2006/07/27/retoque-fotografico-gimp-composicion-rasgos-importantes/

sábado, 5 de enero de 2008

El sexo como algo demoníaco

Uno de los hechos morales más curiosos y dignos de reflexión es la tendencia humana, prácticamente universal, a prohibir o condenar todo aquello que esté más o menos relacionado con el sexo, como si sólo pudiera verse y practicarse bajo unas condiciones muy restrictivas. A lo largo de la Historia, han sido innumerables los intentos de apartar a los jóvenes de esta agradable práctica e incluso envolverla en un halo de maldición y bajeza, como si se tratara de algo que contamina a todo aquel que se acerque.

A menudo me he preguntado la razón de esta actitud tan curiosa y aparentemente antinatural. ¿Preservar la unidad familiar? ¿Eliminar tendencias que a algunos les parecen desagradables? ¿Simplemente envidia hacia quienes puedan disfrutar del sexo más que nosotros? Sigo sin encontrar la respuesta, y sin embargo debería ser algo muy evidente, muy fácil de ver, puesto que prácticamente todas las culturas han sido represivas en este sentido. ¿Cómo es que los filósofos aún no han encontrado la explicación a esta misteriosa tendencia? ¿No es algo que debería hacernos reflexionar? De hecho, el silencio que la rodea es tan misterioso como ella misma: A nadie parece llamarle la atención lo suficiente como para investigar sus causas. A mí sí.

Desde mi punto de vista, la principal causa son los celos. Cuando alguien nos gusta, nos fastidia que se disfrute con otra persona. No es que todos seamos así, a algunos nos da igual e incluso nos puede hacer gracia ver a la chica que nos gusta con otros hombre, etc., pero la tendencia general es la de querer degollar a los "adúlteros". De ahí que las penas impuestas al adulterio hayan sido tan duras, a lo largo de la historia y a lo ancho de toda la geografía mundial. Para impedir que brote la ira como resultado de los celos, se advierte a los pecadores de que lo van a pagar caro, y de esta manera se preserva la sensata norma del "cada uno con la suya". Algo muy positivo para la sociedad en general, probablemente, pero quizás también bastante negativo para la felicidad individual, y desde luego sumamente aburrido.

Ahora bien, los celos sólo explicarían que se ponga tanto empeño en la vida de pareja, pero no el rechazo al sexo en general como algo sucio. Tiene que haber alguna razón más, y bastante buena: no es posible que durante tantos siglos y en tantos lugares se haya querido criminalizar la lujuria porque sí. La necesidad de preservar la estabilidad social explicaría que se condenara el adulterio, pero no el sexo mismo. ¿Qué causa queda entonces aparte de la envidia? Pues la verdad es que no se me ocurren muchas más.

El efecto que yo creo que ocurre es el siguiente: Como los celos y la envidia no son sentimientos que se reconozcan fácilmente (puesto que quien los sufre siempre los negará), era necesario encontrar alguna causa aparente que tapase estas dos causas reales. Por tanto, quienes sufrían estas dolencias, crearon (y crean) todo un círculo de misterio alrededor del sexo para que los demás lo percibamos como algo problemático, peligroso, vergonzoso y del que sólo se debe hablar siguiendo unas pautas muy determinadas. Cada sociedad determina cuáles son exactamente esas pautas (por ejemplo, hoy se puede hablar de homosexualidad y hace 20 años no), pero en general se apartan de la explosión natural de las pasiones, para encauzarse dentro de lo "políticamente correcto" y convertirse así en algo de lo que todavía se puede hablar en sociedad (por ejemplo, el sadomasoquismo sigue siendo tabú, está fuera de las pautas).

Para la persona razonable, todo eso son gilipolleces. Arrastramos los traumas de los envidiosos y celosos de toda la Historia como un lastre, igual que arrastramos el caciquismo de los poderosos o la corrección política de los progres de boquilla. Si nos guiamos por la razón veremos que todo es una gran farsa. Que, por ejemplo, la gente se eche las manos a la cabeza porque cierto joven ha visto pornografía, mientras permanecen inmutables al escuchar que alguien le ha aconsejado comportarse de manera cobarde o ruin sólo por interés, resulta sorprendente. Eso sí es para echarse las manos a la cabeza. En este mundo al revés, se pone el grito en el cielo por cada tontería relacionada con el sexo que se sale de las pautas, pero luego, se les ríen las gracias a los listillos que se saltan la ley en provecho propio o a quienes se enriquecen a costa de los demás; incluso a éstos últimos se les propone como modelo a seguir.

Martin Luther King dijo aquello de I have a dream (tengo un sueño), indicando que tenía fe en que algún día, blancos y negros podrían convivir en la sociedad. Su sueño se ha hecho (creo, hasta un punto razonable) realidad. Yo también tengo uno: Que todos esos pesados que durante tantos siglos han amargado la vida a la gente con sus envidias y celos, nos dejen tranquilos alguna vez, y que el ser humano aprenda a verse a sí mismo y a sus impulsos sin vergüenza, incluso alegrándose de ellos.

Imagen: http://www.mundofree.com/seronoser/tausiet/lilith/lilith.htm

sábado, 6 de octubre de 2007

El arte de la mamada

En respuesta a la petición de Sonia para que explique cómo se hace una buena mamada (lógicamente somos los hombres quienes debemos responder a esta intrigante pregunta, igual que ellas deberían explicar la de la lamida), voy a llevar a cabo tan demandado cometido.

Antes de empezar, una aclaración lingüística. En mi primer artículo sobre sexo, ya dejé muy claro que intentaría huir de la autocensura que nos rodea. Es jodido, porque la subnormal sociedad en la que vivimos nos ha trastocado tanto las neuronas en su empeño por volvernos gilipollas perdidos, que por mucho que lo intentes algún resto de mojigatería te queda, pero en general intentaré no usar palabras como "felación" o "pene", que me parecen totalmente eufemísticas, al menos fuera del ámbito científico. Aquí no estamos en la facultad, o sea que a partir de ahora será "mamada" y "polla" respectivamente. Molan más, y son más convincentes. Aún podemos aceptar términos alternativos como "verga" e incluso "miembro", para hacer más ameno el texto, pero nada de decir "sexo oral", por el amor de Dios; hablemos como las personas.

Bien, aclarado esto, vamos a por la explicación. Atentas, porque la cosa tiene su importancia.

En primer lugar, hay que hacer un comentario para las chicas miedosas. Sí, damas y caballeros, resulta que hay mujeres a las que les da un poco de miedo mamar porque creen que no lo van a hacer suficientemente bien, y que el hombre no va a quedar a gusto. A las jovencitas inexpertas, les envío un claro mensaje: A ver, niñas, para esto no hace falta estudiar física nuclear ni sacarse un MBA. Se trata sólo de chupar una polla, no es tan difícil, incluso cuando no se ha hecho nunca. ¿Que en algún momento la cagáis y le hacéis daño o no mantenéis el ritmo adecuado? Pues oye, nadie nace enseñado; id tanteando el tema, observad las reacciones de vuestro chico, y si tenéis dudas, preguntad. Normalmente la intuición y el sentido común son suficientes para saber qué hacer, pero si no lo fuesen, se pregunta y listo. Si él se mosquease por una tontería así es que es un mamón y le pueden ir dando mucho por culo. Tampoco nosotros sabemos al principio cómo hacer las cosas, pero no es nada difícil cuando tienes a tu lado una chica comprensiva que te ayuda; si la chica no lo es, pues oye, que se junte con sus amigas feministas a despotricar contra los hombres y decir lo mal que lo hacemos en la cama, y que se haga bollera si quiere. No perdemos nada por prescindir de gente así, por muy guapa que sea.

También puede haber un cierto temor por repugnancia natural (no a todo el mundo le gusta la idea de chupar pollas, e igualmente ocurre con los coños), o también por escrupulosidad. En el primer caso, no hay nada que hacer: En el sexo lo importante es pasarlo bien, si algo no te gusta pues no lo hagas y listo. En el segundo, pues oye, no cuesta nada lavarse, ¿verdad? Ninguna parte del cuerpo humano, bien lavada, tiene por qué dar asco.

Bueno, ahora que ya nadie tiene miedo, vamos a por la explicación del método.

Cuando se comienza la operación, pueden pasar dos cosas: que el chico ya esté empalmado (o casi) o que no lo esté (o muy poco). Se supone que si la chica no es un cardo, él no está drogado ni borracho o muerto de sueño, y se han hecho los preliminares pertinentes (que siempre están bien, pienso yo), pues estaremos en el caso A. Pero como el caso A es el mismo que el B pero sin la operación de levantarla, pues comenzaremos por el segundo, asumiendo que el A no es más que la continuación del B a partir de una cierta fase. ¿Hasta aquí se entiende? Bien.

Si el chico/hombre/maromo/macho-ibérico aún no está preparado, hay dos maneras típicas que hacer que la sangre vaya para donde tiene que ir. Una es que la chica engulla todo el miembro de golpe (no es difícil porque aún no está recto) y lo deje crecer en su boca. El segundo método es justamente el contrario: lamer los alrededores, especialmente los huevos. ¿Cuál es mejor? Bueno, es un poco cuestión de gustos, pero yo, personalmente, me decanto más por el segundo. ¿Por qué? Bueno, en primer lugar porque lo de lamer los huevos es algo que a los hombres nos pone mucho (luego incidiré sobre el tema), pero sobre todo porque es mucho más visual. En efecto: al poder ver la lengua de la chica empapando con sus babas nuestra entrepierna, la imagen es mucho más divertida que si simplemente la vemos con los mofletes hinchados, como quien se está comiendo una butifarra. Vale la pena detenerse en esta observación: No importa sólo la sensación del tacto, como creen algunas, sino que es muy, pero que muy importante lo que se ve. De hecho, hay hombres para los que es imprescindible que la chica les mire a los ojos mientras lo hace (yo en particular no, pero bueno, cada cual tiene sus manías y esa está muy extendida).

El otro método también tiene muchos seguidores, sobre todo entre las mujeres, a las que les gusta notar cómo se va inflando en la boca mientras ellas la tocan con su lengua, hasta que llega un momento que no les cabe toda. En fin, que cada cual escoja el que le guste más, o que los alterne, pues la variación es importante para no aburrirse al cabo de muchos días de hacerlo.

Una vez la polla ya está como tiene que estar (con el capullo bien visible sobre la piel), es cuando empieza la mamada propiamente dicha. En esta operación es importante cuidar los cuatro factores fundamentales:

-Variación: No se debe hacer siempre lo mismo, porque si queremos prolongar este placer durante algunos minutos y siempre lo hacemos igual, será un rollo, así que siempre conviene ir rotando por las técnicas que explicaré a continuación, en lugar de usar una sola.
-Lamer: Hay mujeres que lo de "mamada" se lo toman al pie de la letra, y sólo hacen eso, es decir, engullir la mitad superior (más o menos, según el tamaño de él y la capacidad de ella) como si estuvieran comiendo un polo. Error. Al hombre, por lo general, le gusta que la cara de la mujer sea visible, y su lengua también. Eso no quiere decir que no se deba mamar, pero debe alternarse convenientemente con lametones (e incluso con besos, según los gustos), y a ser posible hacerlos de manera que él vea la lengua claramente. Lo mejor es que ella abra bien la boca, extienda la lengua todo lo que pueda, y vaya recorriendo con la punta todo el miembro masculino o sus alrededores, de diferentes maneras, y moviendo bien la lengua de vez en cuando.
-No olvidar los huevos: Este es un detalle que a muchas mujeres se les olvida, y es fundamental. A todos los hombres nos gusta que nos laman los huevos (quien diga que no, miente, os lo garantizo), así que ya sabéis. No es difícil de hacer, o sea que creo que sobran las explicaciones. Además, por lo general a las mujeres también os hace gracia esta operación (no digáis que no).
-Centrarse en la punta: El capullo es, como todos sabemos, la parte más sensible, como el clítoris lo es en la mujer. Por tanto, es importante concentrar los lametones con la punta de la lengua en él, sobre todo en el frenillo.

A estos factores se les podrían sumar otros relativamente comunes, como el que he comentado antes de mirar a los ojos, o hacer sonidos que den un poco de ambiente a la escena (esto es como el cine, la banda sonora influye); ya sabéis a lo que me refiero, algo del estilo "mmm...mmm..." como cuando comes algo sabroso. No se puede hacer más, porque con la boca llena no se puede hablar (en realidad se podría conversar durante las pausas, pero eso daría para un artículo entero, así que lo discutiremos otro día). También hace gracia, porque queda como de muy guarrilla, parar unos segundos para relamerse, siempre con cara sonriente y mirando a los ojos. Lo recomiendo. Igualmente, vale la pena recrearse en diferentes posturas que sean visuales, como agarrar la polla y comerla prácticamente de lado, de manera que la punta de ésta presiona el moflete de la chica, mientras ella mira a los ojos del hombre. En general, este tipo de imágenes gustan, así que conviene recrearse en ellas, no todo es chupar y listo.

Supongo que no hace falta explicar que hay que tener un poco de cuidado con los dientes, porque el capullo es una zona sensible, y podemos hacer daño, pero vamos, que creo que es de cajón. De todos modos, es una cuestión variable, porque hay hombres más sensibles que otros a este respecto. También sería conveniente explicar cómo manipular la polla, pero eso obligaría a escribir un artículo entero sobre cómo hacer una paja (que ya caerá, tranquilos), así que lo dejo aquí para no alargar demasiado este.

Vale la pena comentar una técnica muy famosa, conocida como la garganta profunda. En ella, la mujer engulle completamente la polla, de manera que esta debe penetrar incluso en su garganta (de ahí el nombre). No es fácil porque a la mujer le pueden dar arcadas o le puede producir angustia el hecho de no poder respirar por la boca durante unos segundos, pero desde luego la que lo consiga puede estar segura de que su hombre estará bien contento después de practicarla, así que las que os atreváis ya sabéis.

Básicamente, con esto basta para la mamada propiamente dicha. En caso de que luego se quiera seguir con otras prácticas, pues aquí acabaría nuestra explicación. Si se quiere seguir con esto hasta la corrida final, debemos explicar qué hacer con el semen, así que vamos a ello.

Existe una tendencia generalizada a que el hombre se corra en la cara de la mujer, normalmente cerca de la boca, y de manera que ella intente recibir en ella una parte al menos de la leche. Bien, eso es algo que gusta a casi todo el mundo (tanto a ellos como a ellas), pero puede resultar monótono. Existen básicamente estas variantes, que siempre se pueden alternar para no repetir demasiado:

-Que la polla continúe en su boca hasta el final, de manera que la corrida sea "interior". Luego, hay dos posibilidades básicas: que ella lo trague todo, o lo contrario, que una vez lo tenga en la boca, lo deje resbalar por la boca y le caiga por el cuello. Yo, personalmente, encuentro más estética la segunda. Es cierto que lo de que ella trague le da mucho morbo a mucha gente (tanto al que se corre como a la que traga), pero pienso que una vez hecho, se pierde la gracia de la novedad, y resulta menos vistoso.

-Que la polla salga y lance la descarga en alguna parte. Generalmente se prefiere la cara, aunque hay muchos fetichismos (en el cuello, en las tetas...). Si se hace en la cara, hay que tener un poco de cuidado en que no caiga en los ojos, porque escuece. Por lo demás, siempre conviene que la región mojada sea la mayor posible, una vez más por vistosidad.

En aquellas técnicas en las que ella no acaba tragando, siempre está la posibilidad de que él sea el que la "limpie" con la lengua y trague su propio semen, pero no suele ser lo común. Por lo general la gente prefiere limpiarse con pañuelos o lavándose.

En fin, creo que con estos consejos es suficiente. Espero haber aportado algo de luz sobre la práctica de este bello arte. Si alguna tiene alguna duda, siempre puede escribirme preguntando :P

Ahora dejo que opinéis vosotros en la sección de comentarios. Gracias por vuestra atención, y que aproveche.

Foto: http://siskko.wordpress.com

viernes, 28 de septiembre de 2007

Internet is for p0rn

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sábado, 22 de septiembre de 2007

El coño y el oso, cuanto más peludo...

Es la eterna pregunta que tiene preocupada a la humanidad desde tiempos remotos. Numerosos sabios han debatido acaloradamente sobre si...

Bueno, vale, no lo es, pero joder, tiene su importancia relativa, no me digáis que nunca os lo habéis planteado: ¿Debe depilarse la mujer el vello púbico o no?

Existen, como siempre, dos bandos:

Unos dicen que los pelos sólo molestan, que no son estéticos y encima no aportan nada. Para eso mejor quitarlos: menos estorbo, sobre todo a la hora de lamer. Hombre, la verdad es que al menos en lo de que molestan un poco para según qué cosas tienen razón.

Por otro lado, hay quienes defienden la naturalidad por encima de todo y piensan que el coño, como el oso, cuanto más peludo, más hermoso. Que no cuesta tanto apartarlos y que, a fin de cuentas, los hombres no solemos depilarnos, asi que a ver por qué leches van a tener que hacerlo las mujeres. Incluso encuentran que la depilación da un aspecto algo artificial a la vulva. Sí, en parte es así.

Yo, particularmente, me posiciono entre ambos bandos. Creo que eliminar todos los pelos queda algo artificial, y yo siempre soy de los que intentan defender la naturalidad siempre que sea posible. Ahora bien, no se puede negar que lamer un coño peludo es una putada. Las mujeres no lo tienen tan mal con nosotros porque el sexo masculino es externo y se puede chupar perfectamente sin llegar a los pelos, pero nosotros nos tenemos que joder y tragar rizos si lo hacemos con ellas. Solución de compromiso: cortarlos, pero sin depilarlos. Una mujer que rebaje un poco la "selva" hasta hacerla asequible, podrá mantener una vulva bastante natural (y yo creo que más bonita que la natural) y al mismo tiempo permitir a su amante que trabaje sin problemas. Es como cortarse el pelo: no hace falta raparse al cero ni dejarse greñas, existen soluciones intermendias.

Hasta aquí mi opinión. Sugerencias, aportaciones y dudas, a la sección de comentarios ;)

Imagen: www.desordre.net

jueves, 13 de septiembre de 2007

Sexo

Bueno, ahora que ya he captado vuestra atención con este título, vamos a hablar de...

Nooo, que es de verdad. No voy a hacer como los directores de películas y series televisivas (y hablo de series de esas que ve todo el mundo), que prostituyen (lo siento, pero es la verdad) a sus actores y actrices para ganar audiencia, generalmente a base de enseñar alguna teta, algún torso masculio o hacer que dos actrices se den un beso, cosa que por lo visto vende bastante. Eso no es sexo de verdad, es echar carne para sacar dinero.

Yo quisiera tocar el tema espontáneamente, no con poéticos circunloquios ni con extraños apuntes científicos que se usan sólo para parecer menos vulgar (decir pene en lugar de polla, por ejemplo), y no consiguen otra cosa que ofrecer una imagen artificiosa. Yo quisiera hablar del tema naturalmente, sin un discurso forzado, hablar de follar como quien habla de preparar un pastel en una página de gastronomía. No quisiera estar condicionado por prejuicios, no quisiera tener miedo a lo que mis lectores (que son pocos, pero seguro que en algo así se fijarían bien) puedan decirme al respecto. No quiero enfriar mi discurso con toques científicos para que parezca desapasionado. Quisiera poder tratar el tema como trato las batallas o como hablo de lugares curiosos... pero es complicado, y eso es lo que quería comentar en este artículo: ¿Por qué se habla tan poco y tan mal de sexo?

Démonos un paseo por la blogosfera (representante máximo de la Web 2.0, que según muchos es la máxima expresión de las ideas, sentimientos e inquietudes de la nueva sociedad de la información) y veremos que se habla más de lo malo que es Windows Vista, o de comentar las virtudes el iPhone, o del último juego para la wii, o de criticar a la SGAE, o de hablar de nuestras últimas vacaciones en la playa, o de colgar alguna imagen graciosa que del sexo. Y digo yo: Pero vamos a ver, si es una de las cosas más importantes y al mismo tiempo divertidas en la vida ¿a qué viene tanto mutismo? Si realmente la gente vuelca en sus blogs lo que piensa y siente, ¿no sería más lógico hablar de cómo se masturba a una chica (por decir algo) que de un nuevo cliente P2P o un dispositivo bluetooth? ¿Tanto geek hay suelto por ahí o qué?

Hoy me ha dado por buscar listas de blogs muy visitados y he visto un par, pero ni una ni otra me han mostrado nada sobre el tema. Apenas en la de Javi Moya (uno de los blogs más entretenidos de la red, por cierto, aunque está algo parado últimamente) veo alguna entrada más o menos relacionada, pero siempre en forma de chiste o curiosidad más o menos graciosa.

Y no es que no haya blogs muy curiosos sobre el tema, que haberlos haylos, pero parecen como espacios en los que los autores vuelvas su relatos eróticos o fantasías, muchas veces con un toque poético (o pseudopoético). No pido un arte elevado, simplemente... que la gente hable de lo que le interesa. Y no me creo que esto no les interese.

Hombre, por un lado está claro que en su blog cada cual habla de lo que le da la gana, sólo faltaría. Si Enrique Dans hace uno de economía y nuevas tecnologías, pues claro, tendrá que hablar de eso; si a Borjamari le hace gracia hablar de la propia blogosfera (leyéndole uno entiende por qué algunos la llaman la "ombligosfera"), pues está en su derecho, oye, que para eso es su página; y lo mismo puede decirse de Escolar con su blog sobre actualidad política, o de cualquier otro de los blogs "influyentes" de la red. No por ello dejan de ser buenos; yo, por ejemplo, el del señor Dans lo visito a diario y me parece sumamente interesante (menos cuando nos vuelve a dar el coñazo con Second Life, ahí sí que es un poco cansino), pero personalmente prefiero los blogs variados y que hablan un poco de todo, pero sobre todo de la vida misma, y no tanto de la Ps2 o el Windows Vista (que no es que esas cosas no formen parte de la vida, pero claro...). Un ejemplo muy interesante es el de Lady Pain, que volví a encontrar hace poco después de un cambio de servidor. Me gusta eso de que la misma persona te hable un día de fotografía en blanco y negro, al otro de sus traumas personales y al otro de un programa de configuración para Linux. Así hay un poco de todo, y es más como charlar con un amigo, es como más humano, no sé si me explico. En cierto modo es más un blog, lo otro es como una web.

Yo por un lado entiendo que discutir sobre los futuros productos de Google o las novedades de Ubuntu está genial, y yo seguramente también hago cosas de esas muchas veces, peroooo... ¿De verdad nos importa eso más que aumentar el número de orgasmos en una noche, por ejemplo? A mí no, por eso me planteo ir escribiendo sobre sexo de vez en cuando. Tampoco os penséis que a partir de ahora se acabaron las batallitas o las curiosidades y todo va a ser amor libre, pero sí publicar algo de vez en cuando. Así pongo mi granito de arena para que la blogosfera sea un poco menos asexual, que ya me cansa que todo el mundo hable de Google, de Microsoft o de Second Life.

Imagen: http://misagarimos.blogspot.com/