jueves, 10 de julio de 2008

El dichoso manifiesto

Una de las cosas más tristes de la sociedad española es que tiene tal afición a estar dividida, enfrentada y amargada por culpa de discusiones eternas y a menudo algo idealistas y románticas, que la actualidad, las noticias, la vida política y cultural, acaban envenenadas por esa marea de mala leche y enfrentamiento que sacude a este país desde prácticamente sus inicios, cuando Isabel y Fernando se casaron.

Todos hemos oído hablar estos días hasta la saciedad del dichoso manifiesto al que el diario El Mundo (quién si no) se ha encargado de dar publicidad, para contento y felicidad de Rosa Díez, que se muere de ganas por que se hable de ella, aunque sea mal. Lo han firmado algunas personas (bastante pocas, por cierto, lo último que he leído es que eran unas cien mil), y no pocos hemos expresado nuestro rechazo cuando ha salido la conversación sobre el tema (por ejemplo, en el blog de Thimbler he comentado algunas cosas).

Personalmente, esta discusión me parece sólo un episodio más de la inacabable (y cansina) batalla ideológica entre españolistas y catalanistas (el manifiesto no nombra explícitamente a Cataluña, pero evidentemente se refiere a ella, puesto que la Generalitat es quien ha llevado a cabo una política lingüística más agresiva). La verdad es que proseguir esta batalla (que se arrastra desde hace muchos años) es muy fácil; mañana mismo podría salir otro manifiesto en defensa del catalán, y el año que viene algún artículo sobre la riqueza cultural del plurilingïsmo... En el fondo, este manifiesto no es nada nuevo. La sociedad española, eternamente fracturada, y aparentemente ávida de enfrentamiento, en seguida se repartirá en los dos bandos y empezará a lanzarse tomates. Como ha hecho ahora. Como ha hecho siempre.

De hecho, la politización de la lengua ya ha acabado hartando a algunas personas que despistadamente firmaron el manifiesto, como Luz Casal o Gamoneda, que se han desmarcado posteriormente para poder quedar al margen de la lucha ideológica. Y es que hay ciudadanos que simplemente preferiríamos que unos y otros nos dejasen tranquilos.

En fin, no creo que valga la pena darle más bombo a este panfleto partidista y provocador, pero sí me gustaría comentar un detalle, porque veo que mucha gente defiende el texto basándose en un argumento que creen indiscutiblemente cierto y que, en mi opinión, no lo es tanto. Y este argumento enlaza con otras polémicas que hubo no hace mucho con determinada asignatura que el gobierno se había sacado de la manga.

La mayor parte de quienes defienden este panfleto lo hacen basándose en la idea de que yo tengo derecho a escoger en qué lengua se educa a mis hijos. Dicho así, todos tenemos instintivamente la tendencia a darles la razón, puesto que eso de tener derechos está muy bien. Sin embargo, preguntémonos si realmente tenemos ese derecho, y veremos que no es así. A lo que sí tenemos derecho los ciudadanos es a escoger el colegio al que apuntamos a nuestros hijos (si es que quedan plazas, claro), pero una vez escogido el colegio, los estudios que reciba el niño dependerán del plan de estudios que aplique ese colegio, que a su vez depende de ciertas condiciones que impone el Estado (y la Generalitat también es Estado). Por ejemplo, yo no puedo llegar y decir que a mi hijo no le enseñen matemáticas. No, no estoy en mi derecho. Como tampoco lo estoy en decir que no le enseñen "educación para la ciudadanía", por mucho que algunos dijeran recientemente que se iban a hacer "objetores" de esa asignatura. Pues no: los estudios los decide la Administración, que está formada por partidos elegidos democráticamente, y tus hijos tienen que estudiar lo que ella decide. Puede parecer riguroso, pero es así, y siempre ha sido así (bien lo sabemos quienes tuvimos que estudiar religión en el pasado, pese a no profesar ninguna simpatía por el Catolicismo). De hecho, ni siquiera tenemos derecho a no llevar al colegio a nuestros hijos: es obligatorio llevarlos y que reciban la misma educación que los demás. Y es así porque todos los ciudadanos tienen que crecer en un ambiente de igualdad, sin guetos, todos siguiendo una formación parecida, no que unos crezcan en un mundo y otros en otro.

Pongamos un ejemplo: recientemente, el PP ha sugerido que una de las asignaturas no lingüísticas se dé en inglés, para que así los niños salgan de la escuela con una buena práctica de esta lengua. No he visto a nadie llevándose las manos a la cabeza por esta propuesta. De hecho, es legal llevarla a cabo. Supongamos que Esperanza Aguirre la llevase a cabo en la Comunidad de Madrid. Mucha gente diría que eso está genial. Bien, ahora supongamos que en lugar de una asignatura en inglés son dos... o tres... supongamos que son todas menos menos lengua española. ¿Podrían ser todas? Pues claro, porque igual que se puede hacer que una asignatura se dé en inglés, se pueden dar siete. Mientras se mantenga la de lengua española en castellano, no se está vulnerando ninguna ley ni derecho. Es más: esto es algo que ocurre en las escuelas extranjeras. Cuento una historia ilustrativa: mi propio padre, por manías de mi abuelo, estudió en las Escuelas Francesas de Barcelona, donde la educación era íntegramente en francés (para algo son escuelas francesas) excepto, claro está, la de lengua española, que era obligatoria. ¿Salió mi padre de allí sin saber hablar español? Claro que no, porque una lengua de la que se aprenden las reglas en el colegio y que luego se practica continuamente en la vida social (puesto que los niños no están metidos todo el día en el aula, y fuera de ella hablan español), evidentemente se acaba dominando perfectamente. Jamás se vulneró, por tanto, el derecho de mi padre a aprender su lengua materna, incluso a pesar de estar en una escuela francesa. Tampoco es defendible, por tanto, que la actual enseñanza que reciben los niños en Cataluña, vulnere sus derechos. Podremos estar en desacuerdo con esa enseñanza (de hecho, yo lo estoy en parte), pero decir que vulnera derechos es una falsedad.

Los ciudadanos de Cataluña, por tanto, no tienen derecho a decidir que sus hijos estudien en castellano. Como tampoco lo tienen a decidir que estudien en catalán. Ni en francés, si se tercia. Sencillamente no tienen derecho a nada de eso: es la Administración quien lo decidirá. A lo único a lo que tienen derecho es a que haya una asignatura de lengua castellana, puesto que la Constitución obliga a conocer esta lengua, y quizás, aunque más discutiblemente, a la asignatura de lengua catalana, puesto que la Constitución recoge, en el apartado 3 de su artículo tercero, que las lenguas autonómicas merecen protección como patrimonio cultural de España. Nada más. A partir de ahí, si los políticos deciden que las demás asignaturas se den en swahili, pues se darán en swahili, aunque nadie lo hable en España. Y no, no tendríamos derecho a impedirlo, por extraño que parezca. Podemos votar en las elecciones para que la Administración esté dominada por un partido u otro, pero una vez celebradas le corresponde a ella decidir, no a cada ciudadano montarse el plan de estudios como le da la gana.

En fin, podría pasarme horas comentando qué aspectos de la política lingüística de la Generalitat me gustan más y cuáles me gustan menos, o enumerando las falsedades en las que cae el manifiesto de marras, pero sería un tema muy largo y no de mis preferidos. Mejor voy a seguir escribiendo sobre las aventuras de los alemanes en África en 1918, que es más entretenido y menos previsible.

Imagen: http://www.salvadorbiedma.com/blog/2007/07/30/la-meitat-dels-catalans-volen-que-catalunya-sigui-un-estat/

4 comentarios:

Johnny Tastavins dijo...

Das en el clavo cuando mencionas que tu padre estudió íntegramente en francés y sin embargo acabó sus estudios hablando y comprendiendo el castellano. Es de cajón.

Hoy, en Catalunya, pasa lo mismo, entre comillas. Aunque el catalán es mayoritario (no olvidemos las 2 horas de castellano), en los patios, en la tele, en la calle, en el cine, en la publicidad, en todas partes, el castellano te invade y te apabulla. Hablar entonces de un peligro para la lengua dominante me parece cuando menos un insulto a la inteligencia, cuando no pura demagogia puerca para provocar enfrentamientos. Y disculpa el exabrupto, es que me pongo malo con según qué temas y posiciones.

Para muestra un botón, ayer leí en el Periódico que el viernes se entrena la película Kung-Fu Panda, con 546 copias en castellano, 15 en catalán y 6 en VOS. Sin comentarios.

Aguijón dijo...

NO coincido con tu apreciación. Yo no tengo la libertad, salvo pagando, de que mis hijos estudien el mismo número de horas en catalán que en castellano. Todo lo que sea dar menos oportunidades a uno que a otro, empequeñece.

saludos,

monsieur le six dijo...

Ya estamos con lo de la "libertad"... creo haberlo explicado claramente en el texto: esa supuesta "libertad" no existe, ni en el tema de la lengua ni en ningún otro. La Administración es quien decide qué estudios cursan los niños y cómo los hacen, y los padres están obligados a aceptarlo. Si progresa la propuesta de que se estudie una asignatura en inglés, ¿tendré yo la "libertad" de oponerme? No, seguro que no me la concederán. ¿Serán mis hijos "menos que otros" por ello? Tampoco, al contrario: precisamente por no poder oponerme, serán IGUALES a los otros.

Todo ese rollo de la libertad de escoger qué estudian los niños y qué no es algo que se ha puesto de moda últimamente desde algunos sectores por llevar la contraria en temas políticos : estupideces como ser "objetor" de EPC (objetor de una asignatura, por favor, ¿en qué mundo vivimos?), empeñarse en que se dé en tal idioma o tal otro, sólo por revanchismo (tanto por parte de un bando como del otro)... Es para flipar. La sociedad antes jamás había tenido esa idea. Se estudiaba lo que se daba en el colegio y punto. Si había matemáticas los niños tragaban con las matemáticas y si no te gustaban te jodías; si el profe de física explicaba física en castellano y la ley se lo permitía, lo hacía y a NADIE se le pasaba por la cabeza quejarse, e igualmente si lo hacía en catalán. Todo esto de la "libertad" es una moda que usan algunos partidos para colarnos sus protestas ideológicas radicales (y no lo digo apuntando sólo a un bando, desgraciadamente es un mal generalizado).

A mí me parece bien que la Administración decida y los ciudadanos NO tengan derecho a hacer las cosas de otra manera. Es la única manera de conseguir que los niños crezcan en un ambiente homogéneo, y que "ninguno sea menos que otro", como dices. En cambio, esa presunta libertad de la que hablas, crearía dos comunidades, en las que unos sí serían menos que otros, y agrandarían una fractura social que es todo lo contrario de lo que le conviene a Cataluña.

Quienes quieran crear guetos, allá ellos, pero al menos que tengan la decencia de no hacerlo en nombre de la "libertad".

Tu Primo Jordi dijo...

Ciertamente tu punto de vista me ha gustado. Como muy bien has comentado, nuestros padres (mi madre en mi caso) fueron a una escuela francesa ya que a nuestros abuelos les dio por ahí. Bueno, más bien fue por que no profesaban la ideología de la época y optaron por una educación mucho más liberal para sus hijos. Y como no, cuando les tocó a mis padres escoger la educación de sus vástagos, púes tanto a mis hermanas como a mi nos metieron en la misma burbuja protectora liberal y humanista como era la cultura francesa. De aquella época prácticamente sólo tengo que buenos recuerdos. Todas las materias que se impartían eran exclusivamente en Frances, salvo aquellas asignaturas extra que la reglamentación Española imponía. Dicho de otra manera, sumando a la carga lectiva reglada por Ministerio de Cultura Frances, teníamos las asignaturas de Castellano y Catalán. También he de comentar que el Sistema Educativo Francés tenía como lengua extranjera el Inglés. Desde mi punto de vista, aquella situación era de lo más normal. Pensando unos cuantos años más tarde sobre éste tema, he de decir que lejos de sentir mi capacidad de expresarme en Castellano mermada, actualmente puedo decir que tengo la capacidad expresarme con total fluidez en cuatro idiomas (Castellano, Catalan, Frances e Inglés) tanto a nivel verbal como escrito. Amen de conocer cuatro culturas diferentes (bueno … esto último es discutible). También es cierto que gran parte de mis compañeros, como yo mismo, pudimos disfrutar de esta formación gracias a que nuestros padres podían pagar las facturas. Pero también es tan cierto decir que tenía compañeros de la tierra (no de padres Franceses) que podían optar a esta formación gracias a las becas que el Ministerio de Cultura Francés otorgaba. Pero claro, había que ser merecedor de dichas becas como merecedor de poder mantenerlas (tener un buen expediente académico). Siempre hay opción de poder escoger y por ende de poder ejercer el tan preciado derecho de la libertad de elección que tan mermada parece que últimamente se encuentra. Pero que quede claro que el hecho de estudiar en una Comunidad Autónoma Española en donde el Castellano no es la lengua “principal”, no significa que en el futuro se tengan carencias de la misma, sino que se tiene la gran suerte de poder aprender una lengua y una cultura que de otra forma sería muy difíciles de conseguir. Para acabar con este rollo, como he dicho antes, siempre hay la posibilidad de poder escoger, sólo que es mucho más fácil destruir que construir, siempre es más fácil imponer que dialogar y buscar una solución que nos haga a todos más ricos culturalmente hablando. Por ambas partes se toman posturas que no me gustan nada y que lo único que hacen es empobrecernos.