jueves, 15 de octubre de 2015

Ada Colau no tiene razón: no fue un genocidio

No soy nacionalista. Nunca he sido de banderitas y odas a la patria, más allá de la curiosidad de quien se interesa por la Historia. Nunca celebro ni el 12 de Octubre ni el 11 de Septiembre. No me va, qué le vamos a hacer. 

Por todo esto, cuando el pasado 12 de Octubre saltaron los típicos lemas como el "nada que celebrar", pasé de ellos igual que paso de los fachillas como el diario ABC, que publicó una lamentable portada en la que la palabra "España" se repetía hasta la saciedad, rodeada de los colores amarillo y rojo del desfile militar. Paso. Ni me va el patrioterismo trasnochado, ni tampoco la autoflagelación de quienes se las quieren dar de modernos y cosmopolitas lamentándose de algo que pasó hace más de 500 años. Aún así, tanto postureo de unos y otros, me llegó a molestar un poco por la falta de visión y de conocimientos históricos que muestran.

La guinda la pusieron, desgraciadamente, mi alcaldesa, Ada Colau, con un desafortunado tuit en el que calificaba de genocidio la llegada a América, o el alcalde de Cádiz, diciendo que nunca la descubrimos. Tócate los cojones.

Aún así, todo entraba dentro de lo previsible, en estos tiempos de postureo que vivimos, y que envenenan incluso a personas loables y respetables. La gota que ha colmado el vaso ha sido un artículo del catedrático Vicenç Navarro, diciendo un montón de tonterías impropias de alguien que ostenta tan alto título en la Universidad, aunque sea en Ciencias Políticas y no en Historia. Este artículo pretende ser una respuesta al suyo.

Pero vamos por partes.

No fue un genocidio

El descubrimiento de América llevó inevitablemente a la conquista. La Humanidad es así, y más en el siglo XVI. Si dos civilizaciones se encuentran, es muy probable que haya guerra, y si una de las dos está más avanzada que la otra, la acabará dominando y sojuzgando. Fue así con los españoles, y hubiera sido así si Colón hubiera llegado al acuerdo previo con los portugueses, o si lo hubiera hecho con franceses o ingleses. También hubiera sido así si por un casual los aztecas hubieran estado más desarrollados militarmente que los europeos: Europa habría sido conquistada y sus habitantes convertidos en esclavos de los aztecas, y quizás hoy en lugar de tantas iglesias tendríamos algunas pirámides escalonadas. De hecho los aztecas ya ejercían su poder sobre otras naciones vecinas, como los Txacaltecas, que se aliaron con Cortés precisamente para librarse de ellos. 

El caso es que fueron los europeos quienes se dieron cuenta de su superioridad militar, y la aprovecharon, como la habría aprovechado cualquier otra civilización. Españoles y portugueses, que tenían la ventaja de haber navegado los primeros por aquellas aguas, se lanzaron a la conquista, con pocos efectivos (España era un país algo despoblado, y bastante tenía con sostener las guerras en Europa), pero considerable éxito.

Sin duda esta conquista no fue algo pacífico ni humanitario. Los españoles no tuvieron piedad alguna y masacraron a los indígenas siempre que les pareció necesario. Mataron, quemaron, violaron y destruyeron, pero sobre todo robaron, sin miramientos y sin remordimientos (salvo algunos hombres destacados como Bartolomé de las Casas). Como hacía cualquier ejército entonces, desde los mongoles en Asia hasta los turcos en los Balcanes, pasando por los ejércitos europeos en la propia Europa (¿O no fue entonces también cuando los españoles saquearon Roma? ¿O acaso Alemania no quedó medio despoblada con la Guerra de los 30 años?). Ahora bien, no se realizó un genocidio, básicamente por dos razones.

La primera es que a los españoles y portugueses, lo último que les interesaba era eliminar a la población local. Ambicionaban el oro y la plata, así como los beneficios de la agricultura, y para eso necesitaban miles de indios trabajando tanto en las minas como en las plantaciones (aparte de como sirvientes y como mercenarios de sus escasas fuerzas). Reducir la población local era una estupidez, y en ningún momento se pretendió. Eso sí, mataron a todos aquellos que se resisitían a su poder, pero nunca a la población en su conjunto, como si se tratase de eliminar la raza india para suplantarla con la europea.

La segunda es que no disponían de fuerzas para hacer algo así. Sólo los imperios inca y azteca (sin contar otras naciones) ya sumaban más de 30 millones de personas. Las fuerzas españolas en su totalidad, jamás superaron unos pocos miles durante el siglo XVI. ¿Cómo hubieran podido llevar a cabo tal empresa? Ni queriendo (que no querían) hubieran podido hacerlo.

Aún así, sí hubo un considerable descenso de la población local, sobre todo en Brasil y en las primeras islas del Caribe dominadas por los españoles. Pero la razón no fue la guerra, sino las epidemias. El contacto de las dos civilizaciones trajo algunas enfermedades de América a Europa (como se cree que ocurrió con la sífilis, por ejemplo) y también otras de Europa a América, como la viruela. Los indios, sin defensas ante estas nuevas enfermedades, sufrieron epidemias que diezmaron a la población. Pero esto no fue ninguna alegría para españoles y portugueses. Al contrario: les obligó a traer esclavos de África para sustituir a los indios, aprovechando además que los consideraban más aptos para los trabajos duros. Es por esto precisamente que Brasil, por ejemplo, tiene una buena parte de su población de origen africano.

Por tanto, sí, hubo una gran mortandad de indios, pero sólo una mínima parte se debió a la guerra. El resto, murieron de enfermedad, y muy a pesar de los europeos, para quienes esto fue un contratiempo.

Prueba de que no hubo genocidio es que hoy en día, si uno visita Hispanoamérica, encuentra una grandísima parte de la población con rasgos indígenas. Claro que hay habitantes que parecen "europeos 100%", pero son los menos. Salvo en países de inmigración más reciente, como Argentina, casi todo el mundo tiene algún antepasado indio. Si hubiera habido genocidio, tal cosa no hubiera sido posible.

Otros países como EEUU sí arrinconaron a la población local en "reservas" discriminándolos racialmente, y prueba de la efectividad del genocidio (este sí) norteamericano es que actualmente es relativamente difícil encontrarse a ciudadanos de ese país de origen indio. Sin embargo, no veo que se autoflagelen cuando celebran el 4 de Julio, ni que nadie les eche en cara nada. Y es que los actos de los españoles, aunque terribles, pertenecen a épocas antiguas como el siglo XVI, donde eran relativamente habituales, mientras que los norteamericanos han venido masacrando indios hasta ya casi el siglo XX. Esto por no hablar del exterminio sistemático llevado a cabo en las colonias ya independizadas de España, como ocurrió por ejemplo en Argentina; un tema sobre el que veo a poca gente indignándose. Si tienen curiosidad, busquen datos sobre la Campaña del Desierto, llevada a cabo por Julio Roca.

Gente respetable que pierde el Norte

Respeto y admiro a Ada Colau. Creo que tenemos una enorme suerte en Barcelona de tener una alcaldesa como ella. Estoy de acuerdo con más del 90% de sus propuestas y declaraciones. Desgraciadamente, ésta entra en el 10% restante, y la considero un patinazo que se podía haber ahorrado. No, Ada, no fue un genocidio, no caigas en el postureo. Infórmate sobre el tema, reflexiona, y tú misma verás que no era la palabra adecuada. Puedes afirmar, como Kichi, que se masacró y sometió un contiente en nombre de Dios, y será cierto. Pero lo de "genocidio" sobraba. 

Por cierto, Kichi, es cierto que se masacró y sometió, pero no vengas con que no descubrimos América. Una cosa no quita la otra. El encuentro de las civilizaciones de Europa-Asia-África con las de América era algo pendiente, que alguien debía lograr tarde o temprano, y fue España la que llevó a cabo la empresa. Lo que viniera después ya es otra cosa, pero fue Colón, con barcos españoles, quien hizo el viaje, no un francés o un inglés, ni tampoco fue un azteca quien llegase a Lisboa, por ejemplo. Justo es criticar lo que se hizo mal, pero también reconocer los méritos. Al César lo que es del César.

En cuanto al señor Navarro, decirle que busque mejores fuentes que el tal Chris Harman, porque resulta realmente chocante que una isla como La Española, en la que ni mucho menos había civilizaciones tan avanzadas como aztecas o mayas, tuviera un millón de habitantes ya con la llegada de Colón (finales del siglo XV), cuando por aquella misma época, el total de población de España rondaba los 5,5 millones. Por ejemplo, la fuente que cita Wikipedia (US News and World Report) estima 250.000, algo bastante más razonable. E incluso si hubieran sido un millón, es bastante torticero atribuir a los soldados españoles la reducción a unos pocos miles en unos pocos años, cuando es bien sabido que fue la enfermedad quien provocó tal descenso. Las tropas españolas no eran tan numerosas como para hacer algo así ni queriendo; y tampoco querían, porque no les convenía, como he comentado antes.

Pero no contento con eso, ni con usar alegremente la palabra genocidio, el señor Navarro se permite recordarnos que el día de la Hispanidad fue llamado anteriormente el día de la Raza, que se inició en 1918 y afirma que esto se debe a que pretendía celebrar la superioridad de la raza española sobre las indígenas. Basta una sencilla búsqueda en Internet para saber que se trataba de una propuesta anterior, de 1913 (un siglo después de la independencia de casi toda América), cuyo único interés era recordar el descubrimiento y potenciar el hermanamiento entre España y los países surgidos de las antiguas colonias. De hecho, el nombre "día de la raza", no gustó a algunos y por eso se cambió, pero en Hispanoamérica se sigue llamando así, por lo que difícilmente se puede interpretar como una ofensa.

Señor Navarro, que Ada Colau patine, tiene un pase, pero que unos días más tarde, con tiempo suficiente para reflexionar, salga un catedrático como usted diciendo tonterías, ya es menos justificable. Los soldados españoles hicieron cosas terribles durante la conquista; Pizarro y los suyos, por ejemplo, se portaron poco menos que como una banda de forajidos; pero nunca hubo genocidio ni intención de cometerlo. Al contrario, España promulgó leyes para proteger a los indios y prohibir la esclavitud; y si bien es cierto que en la práctica muchas de esas leyes fueron desoídas por los gobernantes locales, al menos se tuvo la iniciativa de publicarlas, cosa que otros imperios coloniales tardaron muchos años en hacer, sin que hoy en día nadie se rasgue las vestiduras por ello. Así que no se las rasgue usted tampoco por algo que nunca sucedió.

martes, 17 de febrero de 2015

Otra vez ellos

Hace unos 2.500 años, hacia el 491 a.C., ocurrió en Grecia un hecho notable. Unos mensajeros del rey Jerjes, soberano de los persas y dueño de un enorme imperio con recursos humanos y materiales casi inimaginables, se presentaron ante las principales ciudades griegas y les pidieron "tierra y agua". Tal petición simbolizaba, en realidad, el sometimiento de la ciudad a la autoridad del rey. La idea de Jerjes era que el temor de los griegos ante su poder, les haría aceptar una vergonzosa esclavitud antes que arriesgarse al exterminio total.

Efectivamente, la mayoría de las ciudades, entre ellas la antigua y renombrada Tebas, aceptaron la oferta. Pero las dos más poderosas, Atenas y Esparta, la rechazaron. Más aún, como muestra de desprecio ante el rey, los atenienses ejecutaron a los mensajeros, y los espartanos los arrojaron a un pozo, diciendo : "ahí tenéis el agua y la tierra que pedís".

Naturalmente, a los pocos años, Jerjes reunió un gran ejército y marchó sobre Grecia, aunque, como todos sabemos, fue finalmente derrotado. Pero esta derrota fue algo inesperado. Unos días antes de Salamina, a nadie se le hubiera ocurrido pensar que la actitud de los griegos fuese sensata, sino más bien una bravuconada estúpida, propia de gente sin sentido común.

Lo cierto es que, sensata o no, la decisión de los espartanos y los atenienses salvó a la civilización occidental. Gracias a su coraje, los logros de la civilización griega, entre ellos la democracia, perduraron. Y no sólo eso: quién sabe si una vez dominada Grecia, Jerjes se hubiera animado a caer sobre Italia, y con ella la pujante, aunque todavía no muy poderosa república romana. De este modo, dos de los avances políticos y sociales más notables de la Antigüedad, la democracia ateniense y la república de los romanos, hubieran dejado de existir. Se demostró entonces que hay cosas por las que merece la pena arriesgarse a grandes penalidades, y que no basta con disfrutar de la libertad, sino que a veces hay que tener el valor de pelear por ella, incluso a riesgo de afrontar un suicidio casi seguro, como ocurrió a los espartanos que partieron hacia las Termópilas. Si atenienses y espartanos hubieran sido "sensatos", según el criterio dominante, la Humanidad misma hubiera visto su progreso retrasado en varios siglos.

Hoy, dos griegos llamados Tsipras y Varoufakis emulan a Temístocles y Leónidas enfrentándose a un enemigo mucho más poderoso, y aceptando un destino muy probablemente terrible. Muchos los llaman insensatos, y la prensa alemana se burla de ellos diciendo que están locos y mofándose de su "desfachatez" por el aire desenfadado (sin corbata, alegre e informal) del que hacen gala. El ministro Schäuble, con su aspecto de burócrata alemán rígido e inalterable, parece no acabar de creerse que esos dos tipos que parecen salidos de un local de copas le estén plantando cara. A él, al Bundesminister der Finanzen. Probablemente la misma sorpresa que tuvieron los generales persas seguidos de decenas de miles de hombres al enterarse de que 300 espartanos iban a plantarles cara en medio del camino. Ahí, con todo el morro.

Lo cierto es que, al igual que hace 2.500 años, la actitud de los griegos es ciertamente temeraria. Negarse a aceptar la financiación de la UE es prácticamente condenar a Grecia a la autarquía, una situación nada agradable. Ahora bien, la alternativa que propone la UE es inaceptable, y no simplemente por razones económicas, sino por una cuestión de principios, de política, de dignidad. Lo que hay en juego en Grecia no es sólo el futuro de los griegos, sino, al igual que en tiempos de Temístocles, la democracia misma y, en definitiva, la libertad. Ya no es una cuestión de cifras, de si me prestas al 2% en lugar de al 3% o si me das dos años de plazo en lugar de uno. 

De lo que se trata es de que el sistema financiero internacional se ha convertido en el mayor enemigo de la Humanidad, mucho más que el islamismo radical, del que tanto se habla. Una amenaza para Europa comparable a la que entonces era el Imperio Persa. Se ha convertido en una mafia que poco a poco va esclavizando los países para entregarlos a ciertos intereses privados, como si en la Edad Media feudal nos encontrásemos. La situación se ha agravado tanto en estos años que incluso países como Japón (el país más endeudado del mundo, con casi un 250% de deuda sobre su PIB) están al borde del abismo. Grecia es el que ahora está siendo apuntado por los focos, pero en el fondo no es sino el primero de una larga lista. Si Grecia se arrodilla, vendrán otros detrás, y el mundo entero acabará arrodillado. Es por eso que, al igual que en Salamina o Platea no sólo se decidió el futuro de los griegos, sino quién sabe si también el de los romanos, también ahora Grecia decidirá, con su actitud, si su ejemplo servirá a otras naciones para plantar cara a la mafia, o si su sumisión desanimará a los pocos que piensen en hacerlo.

De momento Varoufakis ha partido hacia las Termópilas y Tsipras sigue planeando las posibilidades de salir adelante, cual Temístocles organizando la flota. Quizás tengan la misma suerte o quizás no, pero mientras, uno puede leer en los medios y en las redes sociales los mismos comentarios de los asustadizos ciudadanos que seguramente se pudieron escuchar hace 2.500 años en las calles de Tebas o Tesalia, cuando muchos seguramente preferían que Jerjes impusiera su ley, con tal de no pasar la vergüenza de no haber tenido el valor de hacer lo que sabían que era correcto, y que otros estaban haciendo por ellos.

martes, 1 de julio de 2014

La magia del 1.0

Mucho se ha hablado sobre Internet y los beneficios o perjuicios que ha provocado en la sociedad. Sin embargo, poco se ha dicho sobre la liberación que supuso para el subconsciente de toda una generación.

Antes de Internet, las maneras que un individuo tenía de expresarse eran muy limitadas. Se trataba de comunicaciones uno a uno (llamar a alguien por teléfono, escribirle una carta). Salvo los periodistas y escritores, poca gente tenía la posibilidad de difundir sus opiniones, e incluso éstos debían hacerlo bajo el riesgo de ser criticados por ello. De ahí que antiguamente se estilase bastante publicar libros bajo un pseudónimo.

Internet cambió todo eso. No solamente ahora cualquiera podía opinar y contar cosas, sino que podía hacerlo bajo un pseudónimo (ahora "nick") que ocultaba su identidad. Esto liberó el subconsciente de mucha gente de una manera brutal. Un hombre podía publicar poesías bonitas sin temor a que le tachasen de blando; una mujer podía decir cosas desvergonzadas sin ser al día siguiente la comidilla del barrio; una persona respetable podía despotricar sobre cualquier cosa, contar chistes verdes, o racistas o burlarse de otras personas supuestamente respetables, sin temor.

¿Nos damos cuenta de la liberación psicológica que eso suponía? A su lado, la nueva red 2.0 en la que incluso facebook nos obliga a usar nuestro nombre real, resulta extraña. Nos sentimos desnudos y espiados; de ahí tanta preocupación por la privacidad.

La red supuso toda una liberación de energías. Pensemos en la ingente cantidad de población sin aparentes aspiraciones artísticas que ahora publican artículos en un blog o fotografías en su página de pintertest. Nunca en ningún otro momento de la historia hubo tanta creatividad. Naturalmente, impera la mediocridad y abundan los diletantes, pero qué importa eso si al final la población en su conjunto consigue asimilar las artes con mucha más intensidad que en ningún otro siglo. Porque leer libros ayuda, pero intentar escribirlos, ayuda más.

Desgraciadamente, la cada vez menos oculta identidad del autor hace que afloren los miedos. Ya no hay esa despreocupada espontaneidad de hace 10 años, y el autor, temeroso de que se le localice e incluso, quien sabe, haste se le denuncie, vuelve a caer en la censura, en lo políticamente correcto, y pierde así una gran parte de su riqueza, que sólo el subconsciente liberado puede dar.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Carta abierta a EB, PIRATA, Partido X

Desde hace muchos años que no voto a ningún partido mayoritario. Prefiero tener la conciencia tranquila por haber votado a quien defiende mis posturas políticas, aunque sepa que casi seguro que no obtendrá representación, a votar a los partidos del establishment sólo por aquello del voto útil, que, al final, es el más inútil de los votos.

Ahora bien, precisamente a estos partidos se les debe pedir más autocrítica y más realismo que a los demás, puesto que tienen que ganarse nuestra confianza. Los que ya tienen representación, sabemos que son capaces de estar ahí; con los pequeños aún no lo sabemos, y han de convencernos.

Es por eso que me gustaría decirles a cada uno de estos tres partidos mi impresión de su situación actual. A cada uno de ellos lo he votado en alguna ocasión, y naturalmente me interesé por su planteamiento antes de darles mi voto, así que considero que mi opinión puede ser de alguna utilidad.

Escons en Blanc/Ciudadanos en Blanco

Hace ya años colaboré con ellos incluso dejando que me incluyeran en su lista en unas elecciones generales. Me gustó (y me sigue gustando) la idea de que el voto en blanco pueda tener una representación real. Sin embargo, nunca han obtenido representación, excepto, creo recordar, en unas municipales en las que consiguieron dejar en blanco algún puesto de concejal.

Creo sinceramente que esta opción ha perdido parcialmente su sentido. Nació en un momento en el que para la mayor parte de la ciudadanía no existían partidos más allá de los conocidos, todos ellos con un estilo anticuado y mayoritariamente salpicados por la corrupción. Pero la aparición fulgurante de otras iniciativas como PIRATA, PartidoX y muy especialmente Podemos, con su espectacular entrada en el Parlamento Europeo, hace más discutible que un ciudadano pueda decantarse de manera responsable por dejar el escaño en blanco, habiendo opciones reales a las que votar que resultarían más útiles para cambiar el sistema; partidos más democráticos y abiertos que los de hace 10 años.

Probablemente no esté mal que EB siga existiendo, pero creo que cada vez tiene menos sentido.

PIRATA

También llegué a colaborar con los piratas en su momento. Me pareció una opción interesante porque la libertad de expresión en Internet, de la que nuestra libertad depende en gran medida, se veía cada vez más amenazada.

Sin embargo, este movimiento político, que comenzó con bastante fuerza en Suecia, nunca cuajó en España. El partido pirata español nunca llegó a despegar por culpa de discusiones interminables entre sus partidarios, y acabó perdiendo fuelle. Nacieron entonces algunas iniciativas regionales, como Pirata.cat, que al principio pareció recuperar la ilusión inicial, pero nuevamente han acabado cayendo en el olvido.

Por otro lado, incluso a nivel europeo, el movimiento ha perdido fuerza. En Suecia, donde nació, no han conseguido representación para Europa (anteriormente sí la tenían). En Alemania, país donde desde hace unos años parece que tiene más fuerza, sólo ha sacado un eurodiputado por los pelos. En España han obtenido un pobre resultado de tan solo 38.422 votos. Lejísimos de los casi 300.000 que hacían falta para tener representación.

Personalmente, creo que deberían replanteárselo. Lo que nació como un movimiento dinámico y novedoso, parece estar anquilosado. Por ejemplo, la página web de pirata.cat aún no tiene ninguna nota publicada comentando los resultados de las europeas (o si lo tiene está muy bien escondido).

Por otro lado, su propio nombre en su día fue muy criticado y es cierto que sigue siendo un handicap importante. Para mí ya está bien, pero no podemos negar que para una buena parte de la ciudadanía, es un estilo demasiado friki. Así es muy difícil avanzar.

Por último, la gran aportación de PIRATA, que era la democracia directa, ya está contemplada en otras alternativas políticas surgidas recientemente, y que no tienen esa aureola de frikismo que acompaña a esta formación.

Partido X

Tengo que decir que esta iniciativa me sorprendió por su seriedad y coherencia. También me gustó de qué manera aceptan la diversidad de opiniones, sin alinearse ni a izquierda ni a derecha, sino afirmando que todo el mundo tiene algo que aportar. Además, en sus filas hay algunas personas que actuaron realmente contra la corrupción, especialmente su cabeza de lista, Hervé Falciani. Por todas estas cosas les di mi voto en estas últimas europeas.

Ahora bien, viendo las cosas en retrospectiva, hay que aceptar varios detalles:

  • El planteamiento, aunque filosóficamente impecable, quizás es demasiado etéreo para la mayoría de la población. La gente quiere que te posiciones, al menos en algunas cosas, eso de apostar por la diversidad es difícil de asimilar. El propio nombre de Partido X resulta inquietante y extraño. He leído a una representante diciendo que no le gustaba mucho la opción de Podemos porque estaba demasiado escorada a la izquierda y que ellos querían recoger todas las sensibilidades. Tiene razón, pero al mismo tiempo se trata de una apuesta que a la gente le va a costar más asumir.
  • El éxito de Pablo Iglesias demuestra que la gente necesita caras reconocibles. De hecho, el propio Partido X ha obtenido unos resultados nada despreciables (más de 100.000 votos) en buena medida gracias a la figura de Falciani. Pero al encontrarse éste, en cierto modo "en busca y captura", no es tan fácil que aparezca en los medios, con lo que Partido X pasa a ser una más de las muchas formaciones políticas desconocidas.
  • Opciones como la democracia directa ya están parcialmente recogidas por otros partidos, y no resultan tan novedosas. El propio partido de Pablo Iglesias, aunque tiene un programa concreto, propone consultar a los ciudadanos las cuestiones más importantes. Por tanto, otras formaciones como Partido X ya no resultan tan interesantes. Este equilibrio entre lo que ya está prefijado por el programa y lo que más tarde se le preguntará a la gente, creo que es más asimilable que una postura ambigua, sobre todo en una sociedad como la española, con escasa educación democrática y poco acostumbrada a decidir por ella misma.

Ojalá Partido X crezca y llegue a plantearse como una alternativa más equilibrada a la quizás demasiado izquierdosa Podemos, pero creo que eso sería más bien a medio plazo. En el momento histórico actual quizás es una opción demasiado avanzada a su tiempo.



Espero que todas estas formaciones sepan tomar las decisiones adecuadas para su futuro, de la manera más productiva posible para la sociedad.

sábado, 12 de abril de 2014

El Jefe, versión española

Suelo ver el programa norteamericano El Jefe, en el que directivos de empresas importantes bajan a pie de pista a ponerse en el lugar de sus trabajadores; creo que, pese a la evidente hipocresía y al excesivo paternalismo que los americanos ponen en las escenas finales, es interesante. Por eso, cuando en la Sexta comenzaron a hacer la versión española, no pude perdérmelo, aunque no tenía ninguna confianza de que pudiera repetirse el formato americano, por la enorme distancia de la cultura empresarial a cada lado del Atlántico. Y así fue.

Ya la semana pasada el jefe de Domino's pizza dio una pésima imagen, sin ser capaz de meterse en su papel, y actuando siempre con una prepotencia y una chulería que nada tienen que ver con el espíritu del programa. Menos mal que luego el empresario malagueño de la planta de reciclaje dio mejor resultado, al tratarse de un hombre que había empezado a trabajar de muy joven, en una situación muy humilde. Pero esta semana el jefe de Wogaboo ha vuelto a ofrecer un espectáculo lamentable, y una actitud patética, que provocaron reacciones muy negativas en twitter, como muy bien analiza Isidro Migallón.

Es muy triste comprobar las enormes diferencias que separan este programa de la versión original americana. Allá los jefes realmente se meten en su papel, intentan ver las cosas desde el punto de vista del empleado y aceptan con humildad, en la mayoría de los casos, los fallos de su propia dirección. Aquí, en cambio, ni este tipo ni el de Domino's actuaron en ningún momento como empleados ni se dejaron llevar. En todo momento eran ellos, ejerciendo de jefes, criticando todo, poniendo en duda el criterio del encargado, y dando por saco con manías impropias de alguien que se supone que opta a un puesto.

Una de las diferencias más llamativas es que en la versión americana, cuando vuelve de la aventura, el jefe suele reunirse con la junta directiva para exponer ciertos fallos de dirección a corregir, para el bien de la empresa y para facilitar la vida a los trabajadores, se entona el mea culpa, y se acepta que hay que cambiar las cosas (al menos delante de las cámaras, luego ya sabemos que no es tan fácil, pero como mínimo se hace el amago). Aquí, en cambio, esa escena no existe. El jefe en ningún momento acepta ningún error, no hace la más mínima autocrítica. Él siempre tiene razón y son los vagos de los empleados y los inútiles de los encargados, los que no se enteran de nada o no han sabido entender sus sabias directrices. La típica prepotencia del jefecillo que sólo sabe mirar su ombligo.

En el caso concreto de Wogaboo, se nota a la legua que este tipo nunca ha dado un palo al agua. Es que incluso es tan típico pijo que llegué a pensar que estaba actuando, porque lo tiene todo: aspecto de pijo, con esa melena ondulada, se llama Borja, es de Madrid, juega al golf, y tiene un padre rico que les ha puesto a él y a su hermano un negocio, porque claramente no valen para trabaja. ¿O qué otra cosa podemos pensar de un tipo al que todos los encargados echan o están a punto de echar? ¿Qué podemos pensar de un tipo que no es que no sepa llevar una bandeja (yo tampoco sabría), sino que no sabe tratar a los clientes, no curra, bebe en el trabajo y vacila a sus jefes? Este tipo de gentuza no sirve para nada, pero eso sí, en las escenas finales, cuando los empleados van a la oficina, se pone muy circunspecto, a jugar con su fluorescente y a presumir de que la empresa la creó él. Me gustaría verle montar algo sin la ayuda de "papá", a ver dónde llegaba.

Por lo menos al de Domino's, pese a ser el típico ejecutivo agresivo cabronazo, se le veía inteligente y trabajador. Pero el pijillo este sólo provoca desprecio y risa.

lunes, 17 de febrero de 2014

Por qué me informo en Meneame y no en El País

Muy caliente está el tema del borrador de ley que nuestro amado ministro Wert prepara estos días para subvencionar a los grandes medios luchar contra la piratería y más concretamente para evitar que ciertos agregadores de noticias (el nombre de Google News es el que más se repite por la red) puedan hacer uso "gratuito" de la información que los grandes diarios han obtenido de las agencias de noticias con grandes esfuerzos.

Evidentemente, el origen de todo este problema es el dinero. Los diarios tradicionales (ABC, El Mundo, etc.) ven cómo día a día su modelo de negocio queda atrás y sus exiguos ingresos les impiden seguir adelante, mientras los nuevos pioneros de Internet (Google, Digg y en menor medida algunas webs españolas como Meneame) captan cada vez más la atención y consiguen unos ingresos en ocasiones bastante suculentos.

Habrá quien diga que esto es injusto, y que los segundos se benefician del trabajo de los primeros. Pero antes de desmentir esta idea, a mi juicio totalmente falsa, vale la pena preguntarse por qué los segundos son capaces de generar ingresos allá donde los primeros sólo ven crisis. Algo deben hacer bien que los otros no sepan o no quieran hacer igual.

En mi caso concreto, hace años que me informo básicamente a través de Meneame, y ocasionalmente de una lectura rápida de algún diario extranjero. A las páginas web de El País, ABC y demás, sólo llego por accidente y casi siempre porque desde Meneame me envían a ellas. Y estoy seguro que a mucha otra gente le pasa lo mismo. Por eso voy a enumerar las razones de este comportamiento, a ver si alguno de esos que tanto lloriquean es capaz de captar la idea y aplicarla en su medio, en lugar de pretender que Google (o quien sea) les pague un canon.

Participación

En el siglo XXI, la información unidireccional resulta ya inconcebible. El viejo modelo de "tú calla, que yo ya te informo" no tiene sentido, y no creo que ninguna persona de menos de 40 años, ni una buena parte de los mayores de esa edad, esté dispuesta a aceptarlo. El usuario ya no es sólo "el lector", sino que también escribe. Y replica. Y te lleva la contraria. Y te dice que estás manipulando. Y muchas otras cosas. Eso es algo que los medios tienen que empezar a aceptar. Y si no, que se dediquen a otra cosa.

En cierto modo, casi todos los diarios han acabado cediendo (no me cabe duda de que a regañadientes) y creando una sección de comentarios para las noticias. No les queda más remedio, porque saben que la gente se está acostumbrando a comentar y que, si no le dejan hacerlo, están muertos. Pero estos comentarios se presentan casi siempre como un simple complemento, como algo casi disimulado, al final de todo, que tienes que preocuparte en buscar. No siempre son cómodos de usar ni ofrecen herramientas de navegación (como ver los comentarios mejor valorados). Tampoco suelen permitir "votar" la noticia, como sí ofrecen los agregadores tipo Meneame. Esto parece una tontería, pero no lo es: al usuario le produce satisfacción ver que su opinión se tiene en cuenta en todos los aspectos; que puede, no sólo dejar un comentario, sino valorar los de los demás e incluso la propia noticia.

Variedad

No hay nada más pobre informativamente que un diario generalista. Un 30% de política (en realidad de hablar siempre de los mismos partidos y personas), un 30% de deportes (casi siempre fútbol y casi siempre Barça y Madrid), un 20% de sucesos (muchos de ellos cayendo en el amarillismo más lamentable) y ya para el final, en alguna página apartada, otras noticias.

Si quieres saber cosas sobre nuevas maneras de entender la política o la economía, olvídalo. Si te interesa algún deporte y no es el fútbol, mira en otra parte. Si te interesa la ciencia, no pierdas el tiempo: nunca hablarán de ella y, si lo hacen, peor, porque quien redacte el artículo cometerá montones de errores por no tener ni idea del tema; y si le replicas, te dirá que lo hace por afán divulgativo, que si no lo dice así la gente no lo entiende.

Y así con todo.

Para que me intenten comer la cabeza con el pensamiento único y la desinformación, no pierdo el tiempo: prefiero mirar en otra parte. En Meneame la gente envía noticias de todo tipo, desde la más rabiosa actualidad de portada, hasta curiosidades o, simplemente, cosas graciosas y anécdotas. La variedad de los orígenes de información (es la propia gente la que envía las noticias) garantiza, en la mayoría de casos, una buena distribución de los temas. Sí, claro que algunos me importan un pimiento, pero el balance final es satisfactorio.

Neutralidad

Los medios tradicionales arrastran una larga tradición de manipulación y sectarismo. Nadie cree en ellos ni piensa que puedan dar una información medianamente neutral. Esto se está agravando estos días con los ceses y nuevos nombramientos de diarios como El Mundo o El País por parte de la oligarquía dominante, para situar a hombres de confianza al frente, y lograr así que aparentemente haya libertad de prensa, donde en realidad sólo hay manipulación.

En este contexto, agregadores como Meneame son un soplo de aire fresco y democrático. Al ser las propias personas las que envían, votan y comentan las noticias, el balance final es bastante neutral. Por mucho que algunos hagan broma llamándola "progréame", por mucho que algunos meneantes "a sueldo" entren a tumbar determinadas noticias o a votar otras, la enorme cantidad de votos de los miles de usuarios, acaba imponiéndose casi siempre, y dejando una muestra bastante representativa, creo, de lo que la sociedad opina.

Conclusión

La conclusión es sencilla: señores de El País, de El Mundo, del ABC o del diario que sea. Dejen de lloriquear diciendo que otros se enriquecen a su costa, saben perfectamente que es mentira, y no sólo eso: saben que el poco dinero que aún ingresan mediante Internet se lo deben precisamente a esos agregadores, que son los que redirigen hacia ustedes una buena parte del poco tráfico que tienen. Si sus páginas no apareciesen en esas listas, ustedes sencillamente serían invisibles. No existirían.

¿Quieren ustedes vivir de su trabajo? ¿Quieren que yo y otras personas como yo les leamos? ¿Quieren ver cómo su negocio genera ingresos sin tener que envidiar a Google News? ¿Quieren volver a ser el referente informativo que fueron en los tiempos en los que los diarios se imprimían en papel (sí, niños, ese tiempo existió, antes de que naciérais, creedme)? Pues es sencillo: dennos todo eso que enumero más arriba. Déjennos participar. Ofrézcannos una variedad de temas que pueda interesarnos. Sean neutrales y no manipulen tanto. Si son capaces de hacerlo, les aseguro que visitaré su página tanto o más que las de Meneame o Reddit. Si no... bueno, entonces entenderé que presionen al ministro para ver si consiguen esa subvención medida compensatoria.

domingo, 16 de febrero de 2014

Seguimos sin entenderlo

Veo con tristeza que en nuestra época no se entiende bien cómo debe comportarse uno en democracia. No es de extrañar, puesto que nuestro país arrastra una larga tradición de caciquismo, de ignorancia y de enfrentamientos. No sabemos discutir civilizadamente porque las generaciones anteriores tampoco lo hicieron. Y es una tarea lenta ir adquiriendo esa cultura.

En los 70 nos creímos muy democráticos porque ya podíamos votar (de higos a brevas). Pero era un error. La democracia está en la actitud de uno mismo, del pueblo mismo, no en la urna. Ni en la Constitución, por mucho que la alaben.

Seguimos creyendo que el debate democrático es una lucha de bandos, como el fútbol. Seguimos pensando en "gobierno y oposición", como si se tratara de un Barça-Madrid. No importan las ideas, sólo de qué color es la bandera de cada uno. Y eso es un error, porque la Democracia no es un partido de fútbol, ni una guerra. La misma palabra "oposición" ya denota una falta total de cultura democrática, puesto que los partidos que no están en el gobierno no tienen por qué "oponerse" a él; habrá temas en los que estarán de acuerdo con el partido gobernante y temas en los que no. Si se limitan a oponerse sistemáticamente, estamos ante una democracia enferma.

El demócrata se posiciona, sí, pero en ideas concretas, no en bandos. Defender un bando es cosa de la guerra, no de la vida democrática. Tú puedes estar de acuerdo con tu vecino en una cosa y discrepar cuando se debate otra. No se trata de bandos, sino de reflexionar sobre cada tema, por separado. Eso no lo hemos entendido nunca, y no parece que vayamos a hacerlo en los próximos años.

La misma existencia de la "disciplina de voto" de los partidos es un insulto al verdadero debate enriquecedor, y una invitación a la oposición beligerante. En una verdadera sociedad libre, el individuo piensa por sí mismo, a veces incluso en contra de la opinión de aquellos con los que en otros temas sí coincide. Si no aceptamos esto, todo está perdido.

Incluso los temas por los que discutimos están pasados de moda. No hay más que ver la reforma de la ley del aborto. Un tema que ya estaba aparcado, olvidado en la memoria de la inmensa mayoría de los ciudadanos, y que ahora vuelve a resonar por todas partes porque a un ministro trasnochado y con afán de protagonismo le ha dado por contentar a cuatro fanáticos cristianos.

No deberíamos ni estar discutiéndolo.

El mismo debate "izquierda-derecha" está pasado de moda. Es cosa del siglo XX, como el debate entre las cintas VHS y las Betamax. Algo que directamente no tiene ya sentido.
Veo a jóvenes casi adolescentes odiándose e insultándose por cuestiones que pertenecen a otra época, en lugar de intentar conseguir un punto de vista acorde con los tiempos que les va a tocar vivir.

Si verdaderamente les preocupa su futuro, que se molesten menos en desempolvar las teorías de los años 30, y que piensen en qué grave riesgo está nuestra sociedad si no conseguimos, en un plazo relativamente corto, que el poder vuelva a las personas y deje de estar en manos de los partidos y de ciertas oligarquías. Porque la verdadera amenaza no es que gane "la izquierda" o "la derecha", sino que el poder de los nuevos señores feudales que dominan el mundo llegue a ser tan grande que ya no haya vuelta atrás, y directamente nos encontremos en la misma situación que nuestros antepasados de la Edad Media.

miércoles, 29 de enero de 2014

La carrera de los ingenios en Twitter

No soy un gran usuario de Twitter. Básicamente lo uso para enterarme de cosas que habitualmente no salen en los medios, para que me avise de cuando algún "bloguero" que me interese publica un nuevo artículo, o para reírme un rato con los comentarios de la gente sobre algún programa que estén echando, del estilo Top Chef o Quién quiere casarse con mi madre (muchos de estos programas pierden casi toda la gracia si no los aderezas con el humor del público). Poco más. Para ello, me basta con seguir a unas pocas personas y organizaciones, ya que si no me perdería entre tanto mensaje. Yo apenas escribo nada, y por lo general, lo que más hago es "retuitear". La mayoría de días, no pulso ningún botón de la aplicación.

Vengo observando que, entre aquellos usuarios que sí son muy activos, hay muchos que parecen verdaderamente empeñados en mostrar su ingenio, a base de todo tipo de ocurrencias a todas horas. Abres la página y ves que en menos de dos horas han escrito doce cosas, casi todas juegos de palabras, muestras de ironía, frases con doble sentido, o sarcasmos que el lector tiene que adivinar, ante el riesgo de quedar como un tonto que no ha entendido el sentido último del mensaje.

Sinceramente, a veces dan un poco de miedo. Me los imagino en el retrete, pulsando la pantalla táctil de su smartphone con los pantalones bajados, para publicar una genialidad que les ha venido a la cabeza; o en la cocina, llenándose de orgullo por los muchos "retuits" y "favoritos" de sus últimos mensajes, mientras vigilan con el rabillo del ojo que no se pasen de cocción los macarrones; o en el autobús, intentando no caerse en la frenada que el vehículo realiza ante un semáforo, mientras replican a un tipo conocido que se ha molestado en contestar a un mensaje suyo. Y así siempre.

Por supuesto, cada cual hace con su vida y con su tiempo lo que quiere; y si yo sigo a gente como @gerardotc o incluso a @Intersexciones, es porque realmente me parecen ingeniosos e interesantes. Pero no por ello dejo de preguntarme a veces dónde acaba la ironía espontánea y dónde comienza el vicio de querer destacar y presumir de ingenio a toda costa. A algunos usuarios a los que seguí durante un tiempo, tuve que borrarlos porque me resultaba imposible leer nada: sus mensajes lo inundaban todo, eran como un robot que autogenerador de frases hechas, como una especie de duendecillo que estuviera ahí persiguiéndome y buscando mi aplauso. Demasiado para mí. Actualmente tengo el tema controlado y me resulta legible, pero me apena no poder seguir a alguna otra gente que me interesaría, sólo porque, entre las decenas de mensajes interesantes que publican, hay centenares que parecen estar ahí sólo para que les aplaudan.

domingo, 15 de diciembre de 2013

La zona oscura

Hace poco leí en un libro una historieta que me llamó la atención. Cuenta que iba una noche un tipo por la calle y se encuentra un amigo suyo dando vueltas alrededor de una farola, mirando al suelo. Intrigado, le pregunta:
- Ey, tío, ¿qué buscas en esta farola?
- Mis llaves, que las he perdido.
- Ah, y se te han caído por aquí.
- No, se me han caído en la habitación.
- Entonces, ¿por qué las buscas al lado de la farola?
- Porque es el único sitio en el que tengo luz.

La actitud del tipo que busca las llaves nos puede resultar ridícula, pero es bastante típica del ser humano, y la estamos viendo en estos tiempos de crisis. La gente sabe que tiene un problema, sabe que la sociedad en la que vive no funciona, que hay que cambiar cosas. Pero cuando busca una solución, no se atreve a investigar fuera de lo que ya conoce; intenta votar a los mismos partidos, hacer las mismas cosas, quejarse de lo mismo, intenta incluso recuperar esa sociedad de hace 10 años que fue la que causó la crisis que vive hoy. No quiere salir de su área de conocimiento y adentrarse en la zona oscura, en lo desconocido, en las soluciones que aún están por probar. Tiene miedo y quiere quedarse donde hay luz, pese a que intuye, e incluso sabe perfectamente, que la solución no está ahí. Pero es tal el miedo que tiene a lo desconocido, que prefiere seguir estancado en su problema antes que ir en busca de la solución.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Los colaboradores necesarios

Cuando ocurre algo malo en la sociedad, mucha gente cree que hay unos culpables y que el resto del mundo es inocente, sin matices en medio. Pero no suele ser así. Entre unos y otros existe un grupo de personas que, sin ser realmente los culpables, sí forman parte del desastre, y de alguna manera acaparan una buena parte de la responsabilidad. Son los colaboradores necesarios.

Es tentador poner el ejemplo fácil del nazismo y los millones de alemanes que, por activa o por pasiva, permitieron que un pequeño grupo de descerebrados creasen la mayor tragedia de la Historia. Sin duda los culpables eran los miembros de ese grupo (Hitler, Goebbels, Himmler...), pero nunca hubieran podido hacer nada sin la ayuda de un colectivo mucho mayor que, o bien les apoyó, o bien les dejó hacer.

Sin embargo, existen miles de otros ejemplos. Yo casi diría que no hay nada verdaderamente importante y malo que pueda hacerse sin los colaboradores necesarios, porque un pequeño grupo de personas jamás podrá crear un gran efecto por sí mismo. Estos últimos días hemos podido ver eso mismo con Canal 9.

Se ha derrochado tinta estos días discutiendo sobre si los trabajadores de la televisión valenciana eran culpables o no de la flagrante manipulación que se ha producido durante todos estos años, y cuyo episodio más vergonzoso (aunque no el único ni mucho menos) fue la ocultación de los hechos del accidente del metro valenciano.

En realidad, los trabajadores no eran culpables ni no culpables. Estaban en esa zona intermedia en la que uno no es directamente responsable de la acción, pero tiene en su mano pasar a formar parte de ella (a veces simplemente mirando para otro lado) o negarse. Ellos decidieron formar parte. Ahora piden disculpas, que están muy bien, pero que suenan algo mezquinas porque sólo han llegado cuando han visto peligrar su puesto, y no antes. Argumentan que les obligaron desde los despachos, que la culpa fue de los directivos; y es cierto: la culpa fue de los directivos, pero éstos jamás hubieran podido hacerlo sin su colaboración. Por tanto, aunque la culpa fue de unos, la responsabilidad es de muchos.

sábado, 12 de octubre de 2013

Días grandes y pequeñeces

Hoy he paseado por las calles de Barcelona y he visto algo inédito: bastante gente con banderas españolas, dispuestos a celebrar el día de la Hispanidad. Muchos de ellos venían en autocares (he podido ver bastantes en Pau Claris), otros supongo que eran de la propia ciudad. En su ánimo, hacer de contrapeso a la reciente manifestación independentista de la Diada. Por lo visto los españoles nunca nos cansamos de pelearnos entre nosotros.

Luego he entrado en facebook y he visto a bastante gente, sobre todo sudamericana, con lemas del estilo "12 de Octubre, nada que celebrar". Muchos mostraban imágenes en referencia a las masacres que sufrieron los indios americanos, o a la forzosa evangelización llevada a cabo por los españoles. Cosas todas ellas muy tristes, pero inevitables cuando varias naciones entran en contacto, pues la Historia de la Humanidad es eso: guerras, conquistas y artimañas para ser los más poderosos. En aquel momento les tocó a los indios ser los más débiles, igual que en su día los celtas fueron más débiles que los romanos, o éstos más tarde cayeron ante los germanos. Mala suerte para cada uno en su momento, pero la Historia es así, no podemos estar siempre lamentándonos de cosas que eran inevitables dadas las circunstancias. Y ese político-correctismo con el que algunos intentan remover culpas de hace 500 años, aunque en parte comprensible, me parece inoportuno e injusto con la fecha. Si quieren revindicar matanzas, mejor que lo hagan el día en que Pizarro capturó a Atahualpa en Cajamarca, lo cual marcó el principio del fin del Imperio Inca. Empañar el descubrimiento con las guerras posteriores, me parece injusto.

Todas estas actitudes me dan mucha pena. Y siento que la gente sea tan corta de miras.

Yo no es sido nunca de banderas. Jamás he enarbolado una. Lo máximo que recuerdo en este aspecto es haber colgado con mi familia una bandera de Barcelona en el balcón durante las olimpiadas del 92, y haber besado la bandera nacional durante la jura, cuando estaba en el Ejército. Me siento más a gusto viéndome como un ciudadano del mundo, como ayer por la noche: fuimos mi chica y yo a cenar con unos ex-compañeros de su curso de catalán; uno de Senegal, otro de Inglaterra, una rusa, dos vascas, una extremeña... todos compartiendo cerveza y mesa, sin pensar en banderas. Como debería ser siempre.

Reflexionando en estas cosas, me ha dado mucha pena ver cómo una jornada histórica como la del 12 de Octubre, el descubrimiento de América, se ha convertido más en una jornada de odio, resentimiento, nacionalismo, revanchismo, chauvinismo y otros sentimientos detestables, en lugar de un recuerdo de un momento importantísimo y de una gesta increíble, cuando tres barquitos provenientes del continente europeo (aunque en realidad su última escala la hicieron en territorio africano, en Canarias), se atrevieron a cruzar ese océano que antes nadie se había atrevido a cruzar, llegaron a unas tierras nunca vistas por sus conciudadanos y, lo más importante: volvieron para contarlo, poniendo así en contacto dos civilizaciones que hasta entonces habían permanecido separadas: la de los indios americanos y la de las naciones de Europa, Asia y África. Y me da pena que algunos lo usen como exaltación nacional, otros para provocar sentimientos de culpabilidad, otros para sentirse ofendidos por las exhibiciones nacionalistas de los de al lado... como si la unión de dos mundos fuese algo sin importancia, una mera escusa para molestar a otros.

Qué quieren que les diga, para mí la llegada de Colón a América sí es algo que celebrar. Sin pensar en banderas ni en razas, sin buscar culpas o culpables, sin buscar orgullos ni vergüenzas, simplemente pensando que ese día, cuando aquel puñado de marineros contempló aquellas tierras hasta entonces desconocidas para ellos, y cuando los indios vieron a esos hombres que no se parecían a los que habían conocido, fue como la llegada del hombre a la Luna, o como cuando Marco Polo volvió de China para contar sus viajes. Fueron momentos históricos, pero no para esos hombres en concreto, o para España, o para las tribus indias del Caribe. Fue la Humanidad entera la que ese día quedó más unida, porque se conocieron los dos grandes núcleos humanos del mundo. Y eso es algo grande, más grande que ninguna bandera, tan grande que las pequeñeces de nuestro tiempo no pueden eclipsarla.

martes, 1 de octubre de 2013

El penúltimo bache

Ya el 1 de enero escribí sobre la insostenible situación de las finanzas mundiales, y especialmente las de EEUU. Ese día, durante 2 horas, EEUU estuvo de algún modo en situación de suspensión de pagos, aunque finalmente los políticos llegaron a un acuerdo límite. Hoy se confirma lo que ya comenté: que el problema no se soluciona, sino que se desplaza, y que cada supuesto "gran acuerdo" que se produce no es más que una huida hacia delante ante un problema que no se quiere afrontar. El propio Obama ha reconocido que, incluso si accediera a las peticiones republicanas de recortar los nuevos gastos sanitarios, esto apenas daría un par de meses de tiempo más, hasta encontrarse de nuevo en un callejón sin salida.

Hoy se produce una nueva situación de impago, pero esta vez más grave, porque amenaza con durar varios días. Esta vez sí que algunos empleados (especialmente los de la NASA) han sido enviados a sus casas, al no poder pagarles estos días de trabajo. El ridículo de los EEUU es impresionante, y probablemente la agencias de rating se vean obligadas a rebajarles la calificación (si es que estas agencias quieren conservar aún la poca credibilidad que tienen). Bastantes miles de ciudadanos se verán afectados económicamente, y lo peor de todo: si la confianza decrece, puede subir el interés de la deuda, lo cual sería ya un golpe definitivo. Con casi 17 billones de dólares de deuda, un leve incremento del interés significaría que cada nuevo crédito pedido caería como una losa sobre la ya insalvable montaña de dinero a pagar.

Hay quienes dicen que no es para tanto, que ya en otras épocas hubo momentos de cese de la actividad administrativa norteamericana por falta de dinero, la última con Clinton en el 96. Pero hay una diferencia sustancial: la deuda va aumentando exponencialmente, por lo que, cada año e incluso cada mes que pasa, el margen de maniobra es mucho más pequeño. Ahora mismo, el mundo entero (y EEUU en particular) está al límite. Lo que con Clinton era un simple pulso político, hoy es una mirada hacia el abismo. No se puede forzar más la máquina, y cada paso en falso que se da puede provocar el Armagedón.

Probablemente ocurrirá lo siguiente: en las próximas horas o días se resolverá este bache mediante un acuerdo político in extremis, sea a favor del bando que sea (en realidad da igual, porque la lucha política que hay detrás de esto es secundaria, por mucho que algunos digan que es el fondo de la cuestión). El caso es que sólo se salvará el golpe, pero a finales de año volveremos a estar en las mismas, y quizás haya un nuevo periodo de unos cuantos días de inactividad administrativa. Nuevamente se llegará a un acuerdo, y en dos o tres meses volveremos a lo mismo. Así hasta que alguno de estos baches sea el definitivo, y de una vez por todas se acabe esta agonía en la que está inmerso nuestro planeta desde hace cinco años (pero que en realidad tiene su origen en los cambios de finales de los 80).

¿Cuál será el momento clave? No podemos saberlo. Seguramente no será este (aunque ojalá), pero visto lo ocurrido en el último año, presumiblemente sea el año que viene. Los intervalos de tiempo entre crisis son cada vez más cortos y las matemáticas nos señalan que deben ir acortándose más y más. Ya hemos traspasado la frontera del medio año, y en breve entraremos en crisis periódicas de dos o tres meses, algo imposible de aguantar políticamente. Ya no se podrá esconder la situación como una simple "discusión de los presupuestos", sino que habrá que reconocer que es el sistema mismo el que está en fase terminal; que no es que haya que sentarse en una mesa a ver si los impuestos suben o bajan un poco, sino que la civilización tal y como la hemos conocido en los últimos 25 años, no puede continuar.

miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Por qué hay doce notas?

La música es un arte bien conocido, y no son pocos los que han estudiado sus elementos principales (las notas, las escalas, los acordes...). Sin embargo, pocas veces se pregunta la gente de dónde viene toda esa estructura. Cuando uno aprende música, lo asume como algo establecido y deja su origen a los físicos, sin pararse a preguntar por qué un Do es un Do tanto si suena más grave como si es más agudo, tanto si lo toca un piano como un violín. O por qué se escogen las 7 notas de la escala mayor de Do habitualmente, y no cualquier otra combinación de las 12 notas de la escala cromática completa, e incluso, en definitiva, por qué la escala cromática tiene 12 notas y no 11 o 13.

Esta última pregunta siempre me había intrigado desde que comencé a estudiar música, y no fue hasta mucho más tarde cuando entendí de dónde venía todo. Algunas páginas por Internet explican bastante bien toda esta teoría, pero van directamente a los resultados, sin explicar el proceso de búsqueda. Creo que es más bonito ir siguiendo todo el avance científico, desde la ignorancia, pasando por la observación del fenómeno, los intentos teóricos de crear un sistema coherente, y finalmente los resultados; así que hoy lo explico aquí, por si a alguien le interesara tanto como a mí esta curiosidad y quiere descubrirla siguiendo los pasos que seguramente guiaron, primero a los pitagóricos, y más tarde a los demás investigadores de este tema.

Buscando un primer sonido

El sonido es una onda, una alteración del aire que sigue las leyes del movimiento ondulatorio. Las ondas vienen definidas por su amplitud, su frecuencia y su fase. Lo que más caracteriza a un sonido desde el punto de vista musical es la frecuencia, de modo que nos olvidaremos de la amplitud (que correspondería al volumen de la música) y de la fase (que no tiene interés musicalmente, ya que no altera la nota).

Existen infinitas frecuencias audibles. Pero si queremos hacer música, necesitamos trabajar con unas frecuencias concretas e identificables, no con infinitos sonidos arbitrarios. Para ello debemos escoger entre los sonidos audibles (aproximadamente entre los 20 Hz y los 20 KHz) unos cuantos que nos permitan hacer música. Por lo general, el que se toma como referencia es el de 440 Hz, al que se llama La (o, en la notación anglosajona, A). Así que esa será nuestra primera nota, a la que a veces se denomina tónica.

Los armónicos

Pero con una nota no hacemos nada, necesitamos más sonidos. ¿Qué otra frecuencia escogeremos? ¿441 Hz? ¿1000 Hz? ¿33,67 Hz? No podemos hacerlo arbitrariamente, sino que lo lógico sería escoger un sonido que fuera lo más consonante posible con La. Un sonido consonante es aquel que suena "bien" con otro, que provoca un efecto agradable, como si ambos sonidos tuvieran algo en común. En cambio, un sonido disonante es aquel que suena "mal", que produce un efecto violento y desagradable al sonar con otro. En la música se usan ambos efectos, según la impresión que se quiera crear en el oyente. Los sonidos disonantes vienen bien para momentos de tensión o emoción, mientras que los consonantes se usan para provocar un efecto de tranquilidad y armonía. Pero de momento nos interesan más los consonantes, porque queremos crear una estructura básica en la que todo "encaje"; para crear disonancias siempre estamos a tiempo.
Lógicamente, la consonancia tiene que ver con la relación de las frecuencias. Si la forma de la onda de ambos sonidos tiene alguna relación, serán consonantes; si no, se crea una disonancia. Parece lógico, por tanto, probar de entrada con la frecuencia justamente doble, 880 Hz. Si escuchamos ambos sonidos veremos que tienen una bonita similitud; uno más agudo que otro, por supuesto, pero nos provocan una sensación muy parecida. Lo mismo ocurre si probamos con la mitad de la frecuencia, 220 Hz. La nueva nota es más grave, pero se parece mucho a La. Hay razones físicas que provocan este efecto, entre ellas el hecho de que un cuerpo (en este caso el instrumento musical) sometido a una vibración, normalmente no vibra en una sola frecuencia perfecta, sino que aparte de la frecuencia principal, vibra también en todo un conjunto de frecuencias que son las que le dan el timbre característico. A la izquierda podéis ver un gráfico en el que diferentes ondas puras se suman para crear la vibración real que se produce en el instrumento. La mayor parte de estas frecuencias son armónicos de la frecuencia principal, es decir, ondas que guardan una proporción exacta con la frecuencia básica (el doble, el triple, etc.). Por eso vamos a buscar entre esos armónicos las frecuencias adecuadas para crear una escala. El primer armónico que encontramos es el que tiene el doble de frecuencia, aunque en realidad se suele hablar de primer armónico para referirse a la nota principal (en este caso la de 440 Hz) y al siguiente (800 Hz) ya se le llama segundo armónico, al de frecuencia triple tercero, etc.

El segundo armónico: La octava

La similitud entre una onda y su segundo armónico sugiere una idea que es fundamental: Puesto que ambos sonidos se parecen mucho, ¿por qué no consideramos que son en realidad la misma nota y buscamos otras que estén entre las dos para formar una escala? De este modo, repitiendo el mismo esquema pero multiplicando las frecuencias de todas esas notas, volveríamos a tener la escala de nuevo, pero en un registro más agudo. Pues bien, a este intervalo de frecuencias entre la nota tónica y su segundo armónico, se le llama una octava, y de hecho al segundo armónico mismo se le denomina octava.

La octava nos ofrece dos cosas muy interesantes: primero, un espacio más limitado en el que trabajar (ya no estamos entre los 20 Hz y los 20 KHz, sino entre 440 Hz y 880 Hz), y segundo, la posibilidad de reproducir la escala en tonos más graves o más agudos (una vez escojamos las notas dentro de la octava, sólo tenemos que ir multiplicando o dividiendo por 2 todas las frecuencias, y mágicamente tendremos la escala en un registro más agudo o más grave).

Podemos convenir entonces en que el sonido de 220 Hz y el de 880 Hz también son La, solo que de otras octavas. Al de 440 se le suele llamar La4, para distinguirlo de los demás. Así, el de 220 sería el La3, etc. Los franceses y los belgas son algo especiales y usan una notación desplazada, así que para ellos el de 440 es el La3.

Bien, pero no podemos hacer música con unas notas que suenan prácticamente igual (recordemos que, aunque se cambie de octava, el sonido resulta muy parecido al oído humano y que, aunque más grave o más agudo, provoca una sensación parecida). Necesitamos más "colorido", más variedad, necesitamos llenar el espacio de la octava con notas diferentes, pero... ¿qué nueva frecuencia escogeremos?

El tercer armónico: La dominante

Una opción bastante lógica es escoger un armónico, es decir, un múltiplo o un divisor exacto de la frecuencia de la nota La. De este modo, aunque la onda no sea tan consonante como la octava, probablemente conseguiremos un efecto bastante armónico. Por tanto, lo lógico es escoger ahora el triple, igual que antes escogimos el doble, es decir, 1320 Hz. A esta nota la llamaremos Mi. Pero esta frecuencia no nos interesa, porque buscamos frecuencias dentro de la octava (entre 440 Hz y 880 Hz). ¿Qué podemos hacer? Fácil: usar el Mi de la octava anterior, es decir, 660 Hz. Ya tenemos una escala de dos notas: La (440) y Mi (660). A esta segunda nota de la escala se la llama a veces dominante, y más frecuentemente, la quinta (luego veremos por qué).

Fijémonos en un detalle curioso. Si a la frecuencia de nuestra nota principal la llamamos f, La frecuencia de este Mi es justamente f+
f / 2
o, si se prefiere,
3f / 2
.

Vale la pena ver la correspondencia que tiene esto en la vibración de una cuerda. Dado que la longitud de onda es la inversa de la frecuencia, sabemos que si la longitud de onda de La era L la nueva longitud de onda será
2L / 3
. En este gráfico podéis ver cómo los diferentes armónicos van multiplicando siempre la frecuencia de la tónica. Desgraciadamente, para volver a encontrar una frecuencia que sea múltiplo exacto, tendríamos que ir hasta el quinto armónico, a frecuencias bastante altas. Si lo que queremos es obtener fracciones lo más "enteras" posibles, podemos seguir la regla
nL / n+1
, o si se prefiere en frecuencia f
n+1 / n
.

Buscando la tercera nota: La subdominante. "Los tres acordes".

Fijémonos que esta serie de números nos viene bien porque mientras usemos una fórmula del estilo de f+f/n, siempre nos estaremos moviendo dentro de la octava, e iremos encontrando las fracciones más "exactas" en relación a la frecuencia fundamental. Para n=3 el resultado será aproximadamente (vamos a trabajar con números más o menos redondos para que se entienda mejor) 440+146=586. A esta nota de 586 Hz la llamaremos Re, y a veces se la denomina subdominante, y más frecuentemente la cuarta.

Ya tenemos tres notas. Estas tres notas son muy importantes, y de hecho se han convertido en un clásico de la música. A menudo escuchamos la expresión despectiva: esta canción está hecha sólo con tres acordes. Y realmente es cierta: muchísimas canciones populares tienen sólo tres acordes. ¿Adivinamos cuáles? En efecto, el de la tónica, el de la dominante y el de la subdominante. No en vano las tres notas encajan bien entre sí, mejor que cualquier otra combinación. 

El intervalo

Aparentemente, una solución fácil sería repetir el proceso hasta tener tantas notas como nos interese en nuestra escala musical. Vamos a intentarlo con los siguientes divisores, a ver qué ocurre:

n=4: 440 + 110 = 550
n=5: 440 + 88 = 528
n=6: 440 + 73 = 513
n=7: 440 + 62 = 502
n=8: 440 + 55 = 495
n=9: 440 + 48 = 488

La primera de ellas (550 Hz) sí podemos identificarla con una nota (más adelante veremos que corresponde a Do#), pero si nos fijamos en el resto de la serie, vemos que las diferencias se hacen ya muy pequeñas, hasta el punto de que la diferencia entre un sonido y el siguiente es de 7 u 8 Hz, una diferencia apenas apreciable. Eso es un problema, porque nos convendría tener una escala repartida uniformemente, es decir, que la "diferencia de tono" entre una nota y la siguiente sea más o menos la misma, escojamos la nota que escojamos, de modo que todo el "espacio tonal" quede dividido de una manera más o menos uniforme. ¿Qué podemos hacer? Es aquí donde aparece el concepto de intervalo. Un intervalo es la "diferencia de tono" entre dos notas.

Bien, una posibilidad matemática es dividir el espacio de frecuencia entre f y 2f en n intervalos regulares. De entrada a uno se le ocurre que cada intervalo valdría f/n, y que para cada nota musical m su frecuencia sería f+(mf/n), donde m vale entre 0 y n. Sin embargo, sabemos que no podemos hacerlo así, porque la frecuencia va aumentando exponencialmente. Por ejemplo, la frecuencia de cada octava no es igual a la de la nota base más una cantidad, sino a la base multiplicada por 2. Como todo aumenta a base de factores, no podemos hacer una división aritmética de la octava, sino geométrica. Entre una nota y la anterior no habrá que sumar una cantidad constante, sino multiplicar por una cantidad constante, K. Como partimos de f y debemos llegar a 2f, K será igual a la raíz n-ésima de 2. Por ejemplo, si sólo queremos tener 3 notas en la escala (4 si contamos la octava), usaríamos la raíz cúbica de 2, de modo que las notas tendrían las frecuencias f , fK, fK2. La sigiente ya sería fK3=2f.

Arriba podéis ver un gráfico de la octava de La dividida en 6 notas equidistantes (desde el punto de vista musical) y que, sin embargo, corresponden a valores no proporcionales en el eje de frecuencias. Evidentemente, lo mismo que se aplica a la frecuencia se aplica inversamente a la longitud de onda, y eso explica que los trastes de una guitarra no estén separados por la misma distancia, sino que van siguiendo una progresión característica.

La escala bien temperada

Fijémonos en que al querer dividir la escala en intervalos exactamente iguales (lo cual parece lógico musicalmente), el resultado no encaja con las fracciones de los armónicos. Esto crea una pequeña discrepancia numérica que explica en parte la pequeña desviación que veis en los valores que vamos calculando. Por ejemplo, sabemos que Mi acabará siendo la séptima nota de la escala de 12 notas, y también sabemos que la frecuencia de Mi es 3/2 de la de La (660 a 440); sin embargo, si tomamos K como la raíz doceava de 2 y calculamos 440·K7, no da exactamente 1,5 sino más bien 1,498. En definitiva, nos encontramos ante un compromiso: o dividimos la escala mediante factores racionales, pero entonces los intervalos resultantes no serán exactamente iguales (aunque pueden ser casi iguales), o bien la dividimos en intervalos exactamente iguales, pero mediante un factor irracional, con lo que las frecuencias resultantes no encajarán exactamente con las de la serie armónica, que obteníamos multiplicando por fracciones exactas. No hay alternativa, hay que escoger entre un método u otro. En la antigüedad se usaba bastante el primer método, pero desde los tiempos de J.S. Bach se usa el segundo tipo de escala "equidistante", a la que se denomina escala bien temperada. Esta pequeña divergencia de cualquiera de los dos métodos puede parecer un problema, pero es más bien un problema teórico; en la práctica se corrige en la afinación definitiva del instrumento que hace el músico, y no supone un gran inconveniente.

Por tanto la fórmula de la frecuencia de una nota m será: f Km, donde K es la raíz n-ésima de 2. Ahora la pregunta sería, ¿qué n queremos?, es decir ¿cuántas notas debe tener la escala?

Primer intento: el tono

Si miramos la diferencia de frecuencias entre las notas que ya teníamos, veremos que La (440) está bastante "lejos" de las otras dos. Sin embargo, el intervalo que forman Re (586) y Mi (660) no es muy elevado. En efecto, este intervalo es muy importante en la música, y se lo denomina tono. ¿Y si consideramos el tono como el intervalo básico de la escala e intentamos dividir la octava con él? Bien, si tenemos en cuenta que la frecuencia de una nota de la escala se puede obtener multiplicando la de la nota anterior por K, eso significa que K=660/586, que es aproximadamente 1,126. Bien, vamos a ver qué pasa si intentamos dividir la octava en tonos. En realidad, y aunque no pretendo entrar a fondo en el tema del cálculo, es inevitable que perdamos algo de precisión. Recordemos que la frecuencia de Re era 440+440/3, lo que en realidad sería 586,666... Pero para comprender la teoría ya nos sirve:

0: 440
1: 440 · K = 495,56
2: 440 · K2 = 558,14
3: 440 · K3 = 628,62
4: 440 · K4 = 708
5: 440 · K5 = 797,41
6: 440 · K6 = 892

Esta tabla nos lleva a varios resultados curiosos. En primer lugar, parece que realmente hemos conseguido dividir bastante bien la octava, puesto que la frecuencia de la última nota (892) es casi la de la octava (880). La diferencia de 12 Hz es apenas un 1% de la frecuencia misma de la nota. Esto podría dar lugar a una escala de 6 notas (la misma que se habíamos visto en el gráfico de la distribución exponencial de las frecuencias), lo cual estaría bastante bien.

Sin embargo, observamos un detalle bastante desagradable: ni Re ni Mi están en los resultados obtenidos. Ninguna de las frecuencias está próxima a ellas. Y evidentemente, no nos interesa una escala que no incluye ninguna de las dos notas más consonantes con la tónica.

Segundo intento: el semitono y el ciclo de cuartas

Como el tono no nos ha funcionado, vamos a intentar otra estrategia. Vamos a volver al criterio inicial de las fracciones enteras, y vamos a buscar la nota más consonante posible con las que tenemos. Puesto que ya sabemos que la más consonante con La es Mi, vamos a ver cuál sería la más consonante con Mi, que probablemente será también bastante consonante con La. Si buscamos la dominante de la escala de Mi, tendremos que 660·3/2 = 990, que trasladada a nuestra octava sería 495. A esta nota la llamaremos Si. Ya puestos, podríamos buscar la subdominante de Mi: 660·4/3 = 880. Vaya, resulta que es justamente la octava de La.

Vamos entonces a probar con los armónicos de Re, a ver qué pasa. Su dominante sería 586 + 586/2 = 879. Vaya, está claro que si usáramos toda la precisión decimal, sería en realidad 880, es decir, nuevamente La. No es sorprendente que todo cuadre, puesto que f·(3/2)·(4/3)=f·(4/3)·(3/2)=2f. Y aquí es donde vemos una vez más la importancia de la cuarta: resulta que el intervalo de cuarta es justamente el complementario del de quinta.

Parece, por tanto, que si vamos buscando siempre la quinta de la quinta (y corrigiéndola para que entre en nuestra octava) o bien la cuarta de la cuarta, esto va generando nuevas notas. Iremos multiplicando siempre por 3/2, 3/4 o 3/8, según nos convenga para que el resultado entre en la octava. Vamos a ver los resultados (una vez más, pongo cifras enteras e ignoro las desviaciones del cálculo):

Por quintas: La (440), Mi (660), Si (495), Fa# (742), Do# (556), Sol# (834), Mi♭ (625), Si♭(468), Fa (702), Do (526), Sol (789), Re (591), La (443).

Hay una cierta desviación por el cálculo con decimales, pero puede verse que, tras los doce pasos, llegamos a la nota original. Si intentáis hacer el mismo proceso con las cuartas, veréis que salen las mismas notas, pero en sentido contrario: La, Re, Sol, Do, Fa, etc. A este ciclo de notas se le llama ciclo de cuartas (e igualmente se puede hablar de ciclo de quintas para el de más arriba), y lo usan bastante los músicos para un cambio de escala llamado modulación, que va más allá del objetivo de este artículo.

La escala cromática

Es evidente que si hemos conseguido encontrar 12 notas tanto a través de las quintas como de las cuartas, y cerrar el ciclo, estas notas son buenas candidatas para formar una escala. Desgraciadamente, las hemos encontrado desordenadas. Vamos a intentar ordenarlas para formar la escala tal y como la usan los músicos:

La (440), Si♭(468), Si (495), Do (526), Do# (556), Re (591), Mi♭ (625), Mi (660), Fa (702), Fa# (742), Sol (789), Sol# (834), La (443)

En la notación anglosajona, esta escala es: A, A#, B, C, C#, D, D#, E, E#, F, F#, G, G#, A.

Si dividís dos frecuencias consecutivas, veréis que dan un resultado parecido, aproximadamente de 1,060 que es más o menos la raíz duodécima de 2. Esto cuadra bastante con lo que vimos más arriba de que un buen candidato para ir obteniendo las frecuencias es usar la raíz n-ésima de 2 como factor. En aquel momento escogimos el tono e intentamos dividir la octava en 6, y no nos sirvió. Entonces usamos K=660/586, que es aproximadamente 1,126, aproximadamente la raíz sexta de 2. Ahora vemos que si la dividimos en 12 intervalos y usamos la raíz duodécima, para obtener una escala bien temperada, cuadra bastante bien. Esta diferencia tonal es justo la mitad del tono, y por eso se llama semitono, y es el intervalo fundamental de la música occidental. La escala que forman estas 12 notas se llama cromática. Y ahora ya sabemos la fórmula para obtener la nota n-ésima de la escala de La4, que puede escribirse de esta bonita manera:

f = 440 · 2n/12

Lógicamente, cambiando 440 por la frecuencia de la nota deseada, podremos obtener las de su escala correspondiente. Aquí también vemos una explicación de por qué la división de la octava en intervalos iguales no cuadra con el método de los armónicos. Recordad que el método de los armónicos usa siempre multiplicaciones con fracciones enteras. En cambio, este método usa números irracionales. Por ejemplo, la sexta nota de la escala se obtendría multiplicando 440 por la raíz cuadrada de 2, que sabemos que es un número irracional. De todos modos, esta discrepancia es tan pequeña que no resulta relevante para el músico, y se puede afinar cuadrando bastante bien las dos reglas.

Vemos pues una primera explicación de por qué hay 12 notas. Ahora bien, desde pequeños vemos que en un piano se distinguen siete notas con teclas blancas, más grandes, y otras cinco con teclas negras, más pequeñas. Aquellas que no forman parte de las 7 notas de la escala mayor de Do, se escriben como una alteración de otras notas, con el símbolo sostenido (#) para aumentar un semitono, o bemol (♭) para bajarlo. Por cierto: formalmente se podría usar indistintamente uno u otro; no pasa nada por escribir Re# en lugar de Mi♭. Simplemente, por tradición se tiende a usar el bemol sobre Mi y Si, y el sostenido sobre Do, Sol y Fa.
Vamos a ver ahora la razón de esta separación entre las 7 notas básicas y las 5 restantes.

La escala diatónica

Nos puede parecer que, matemáticamente, desde un punto de vista formal, la escala cromática es el no-va-más. Sin embargo, para un músico tiene dos pequeños inconvenientes. El primero es que el intervalo de semitono es bastante pequeño. Esto hace, por un lado, que surjan demasiadas notas (nos hubiera bastado con 7 u 8) y por el otro, que los tonos estén demasiado juntos, ya que en música suele venir bien que el "salto" entre las notas de una melodía no siempre sea tan pequeño.

El segundo inconveniente es que la escala no tiene "carácter". Es totalmente regular. Si uno toca la escala con un instrumento, nota como si simplemente hubiera una progresión de un sonido que se hace cada vez más agudo, no transmite nada. Para que una escala resulte emotiva, viene bien que ella misma sea una especie de melodía, con saltos irregulares previamente escogidos para causar una sensación.

De alguna manera puede parecer contradictorio que hayamos comenzado buscando la máxima consonancia y la máxima regularidad, y ahora queramos introducir irregularidades. Pero al principio se trataba de sentar unas bases lógicas, un fundamento teórico, y ahora ya necesitamos algo más práctico, que nos sea útil musicalmente. En la música, aunque el intervalo de semitono se usa, es conveniente basarse más bien en el de tono, e incluso a veces en el de tercera menor (tono + semitono). ¿Cómo podemos crear una escala con estos intervalos? Ya lo intentamos más arriba al dividir la escala en 6 y fracasamos, porque resultaba que la nota cuarta está a dos tonos y medio de la primera, y la quinta a tres tonos y medio, y nos conviene que tanto una como la otra pertenezcan a la escala.

Para ello vamos a volver al ciclo de quintas: La, Mi, Si, Fa#, Do#, Sol#, Mi♭, Si♭, Fa, Do, Sol, Re, La... Pero como la que verdaderamente tiene importancia para nosotros es la tónica (La) vamos a mirar el ciclo centrándonos en ella:

...Mi♭, Si♭, Fa, Do, Sol, Re, La, Mi, Si, Fa#, Do#, Sol#, Mi♭...

Fijémonos en un detalle: todas las notas "no diatónicas" están juntas, y bastante alejadas del La. Es como si la escala diatónica mayor (Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si) se hubiera definido centrándose en el ciclo de quintas y escogiendo unas cuantas notas por encima y unas cuantas por debajo de la tónica deseada. Y en efecto, así es como se construye. En concreto, escogiendo Do como tónica, su cuarta (Fa) y las siguientes cinco quintas, se obtiene esa escala. A su vez, la escala diatónica menor en La se obtiene centrándose en el La, y escogiendo las dos siguientes quintas y las cuatro anteriores cuartas.

Para completar la octava sin que haya intervalos mayores que el tono, nos basta con escoger siempre siete notas. He aquí la explicación de por qué la música occidental se basa en escalas de siete notas precisamente. Lo que diferencia a cada una de las escalas que se suelen escoger son los lugares en los que caen los intervalos de semitono, ya que para completar la octava es necesario que dos de los intervalos sean de semitono. De lo contrario, no podremos incluir las notas dominante y subdominante, y eso sería un problema.

En el caso de la escala mayor, se prefiere un esquema del tipo tono-tono-semitono-tono-tono-tono-semitono, mientras que en la escala menor se prefiere tono-semitono-tono-tono-semitono-tono-tono. Existen también otras muchas modalidades de la escala, llamadas modos, cada una con su "carácter", eso que la escala cromática no nos ofrecía y que el músico ha de saber escoger en sus composiciones. Pero escribir sobre los modos y su carácter ya entraría en una discusión puramente musical, más allá de la teoría que he intentado explicar en este texto.

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