martes, 9 de octubre de 2012

La era sin secretos

Como ya sabrán ustedes, hace unos días la señora Kate Middleton, duquesa de Cambridge y esposa del príncipe Guillermo de Inglaterra, fue pillada haciendo top-less. La reacción de la casa real británica fue propia del siglo pasado: no sólo denunciar a la revista que hizo las fotos sin consentimiento (lo que me parece lógico y normal), sino intentar por todos los medios eliminar esas fotos de la propia Internet, en un momento en que ya habían sido difundidas, ignorando así el famoso efecto Streissand, y consiguiendo todo lo contrario, dar publicidad a la revista Closer. Una buena metedura de pata, comprensible por otro lado, por parte de una institución tan anticuada.

También estos días ha saltado una polémica sobre facebook, al difundirse que los antiguos privados, anteriores al 2010 eran ahora visibles en el muro. Facebook reaccionó explicando que lo que ocurría era que ciertos comentarios del antiguo muro, son visibles ahora con el nuevo "timeline". En cualquier caso, si has de decir algo realmente privado, ¿es adecuado usar la base de datos de facebook? Por suerte, en la mayoría de los casos debían ser mensajes para quedar una tarde, para un café.

Leyendo las últimas entradas de este blog, me doy cuenta de que no son los únicos casos de situaciones desagradables, producto de la especial manera de funcionar que tiene Internet. Hace poco comenté la polémica del video privado de una concejal toledana, y justo las últimas entradas iban sobre el tremendo error del director de El Cosmonauta, al colgar en Internet algo que jamás debió llegar a escribir, ni siquiera en privado. Todos estos hechos me llevan a pensar que no somos aún capaces de captar la potencia de la red. Es una herramienta demasiado nueva. Incluso para quienes son muy jóvenes y la han conocido desde el principio de su adolescencia, sigue siendo un lugar extraño, cuyas consecuencias, a veces terribles, son difíciles de imaginar. Nuestra sociedad aún no está habituada a ella, seguimos creyendo, en el fondo, que las cosas funcionan como en los tiempos de las revistas, la TV y la radio, y creemos que Internet es simplemente, como una especie de televisión multicanal, en la que además puedes dejar comentarios.

No es así. Internet es algo mucho más poderoso. Hasta hace muy poco, las televisiones y las radios no siempre llegaban a todas partes (ahora sí que se ha puesto de moda tener "canales internacionales" para cada televisión que se precie), y las revistas y periódicos no siempre son fáciles de difundir. Si el Frankfurt Allgemeine publica algo, en España seguramente no leerá casi nadie ese artículo; sólo en el caso de que un diario local publique esa misma noticia, llegaríamos a enterarnos de ella. Y así con todo. En Internet esto no es así. Desde el momento en que apretamos el botón de "publicar" (o "enviar" o lo que corresponda), esa información llega a cualquier rincón del mundo. Incluso los blogs menos visitados (como este mismo :P) son vistos periódicamente por personas de los lugares más remotos. Acabo de mirar la localización geográfica de mis visitas y veo por ejemplo que en las últimas 24 horas he tenido 2 visitas de Taiwan (¿En serio hay alguien en Taiwan al que le interese lo que escribo?). Sea como sea, esas personas han podido enterarse en muy pocas horas de algo que yo he pensado, y lo que es peor: lo han podido guardar en su ordenador (aunque no creo que sea el caso). Esto significa que, si mañana me arrepiento y borro un artículo o un comentario, eso no implica que la información se pierda necesariamente. Podría estar guardada por ahí, vaya usted a saber en cuantos sitios y bajo el control de qué personas.

En definitiva: no somos dueños de lo que subimos a la red. Antaño, las personas poderosas manipulaban los medios para hacer desaparecer aquellos datos que no querían que llegasen al gran público. Esto tenía mucho éxito porque realizar copias de un diario no era tan fácil. Si era un programa de TV o radio, era improbable que alguien se hubiera entretenido grabándolo, e incluso aunque lo hubiera hecho, no era fácil multiplicar esa grabación por miles en poco tiempo, sin invertir muchos recursos. Por tanto, el "secuestro" de las publicaciones era relativamente efectivo. Cuanto más poderoso fuese el agente manipulador y más influencias tuviera, más efectivo era.

Hoy en día eso no es así. De nada sirve secuestrar un medio de comunicación (recordemos el famoso caso de El Jueves y su portada con el príncipe), de nada sirve borrar entradas de blogs o comentarios de foros. Es más: si se intenta hacer, se produce un efecto Streisand tan fuerte que la difusión original de la noticia queda en una mera anécdota, frente a las miles y miles de réplicas de la información y a los millones de comentarios al respecto de los usuarios. Uno de los casos más espectaculares fue el de la famosa clave de cifrado AACS. Lo curioso es que en el fondo lo sabemos. Sabemos que esa información se ha quedado ahí y que no la podemos eliminar, y sabemos que cuanto más removamos las ascuas más se avivará el fuego, pero de algún modo no lo acabamos de asimilar del todo. Algo en nuestro subconsciente nos hace creer que si nos molesta lo borramos y listo. Algo nos hace creer que lo que hacemos fuera de Internet no puede llegar a la red, lo cual no es cierto: ¿De verdad pensaba la duquesa de Cambridge que si hacía top-less no iba a haber por ahí algún paparazzi capaz de colarse con su objetivo de largo alcance y fotografiarla? Y si alguno lo conseguía, ¿creía de verdad que esas fotos no llegarían a la red, en cuyo caso ya estaría todo perdido? No, claro que no lo pensaba, igual que la concejal de Los Yébenes no ignoraba que quizás la mala suerte pudiera hacer que el vídeo que grababa llegase a ser mal empleado por algún adversario político o por algún chavalín con ganas de hacer daño; pero de alguna manera se relajaron, se dejaron llevar por la confianza en que probablemente no pasaría nada. Probablemente. Lo malo es que si pasa, no hay solución.

Muchos pensarán que eso a ellos no les afecta, que ellos no son tan famosos como la duquesa o como un cargo público; pero desgraciadamente eso es cada vez menos cierto. Lo compruebo cada vez que bajo paseando por las Ramblas de Barcelona, y veo a los turistas grabándolo todo en vídeo. Ya no es que te puedan pillar en una foto, no, no: en vídeo. Seguramente salgo yo por ahí caminando en bastantes grabaciones que pululan por las casas de algunas personas de Japón, de Noruega, o de cualquier otra parte.

Peor aún: grabaciones que quizás se hayan subido a la red y ya anden por ahí siendo compartidas. Vivimos en una nueva era en la que los secretos no existen, o al menos uno no puede tener mucha confianza en que existan. Y aún no hemos adaptado nuestros hábitos, nuestro subconsciente, a esta nueva realidad. No pensamos que incluso los mensajes privados que mandamos, no podemos estar seguros de que no puedan llegar algún día a hacerse visibles por culpa de un efecto informático (como el de facebook) o porque, sencillamente, la persona a la que se lo enviamos lo reenvía sin nuestro conocimiento. Reenviar un mensaje o capturar una conversación de chat, webcam incluida, es tan fácil, que probablemente el consejo más acertado al respecto lo dio quien dijo hace poco que en la era de Internet, si quieres que algo no se sepa, mejor ni lo pienses.

Y no es sólo Internet. ¿Nos hemos parado a pensar la cantidad de datos, fotos y vídeos que hay hoy en día disponibles sobre cualquiera de nosotros? Cuando indago información sobre quiénes eran mis abuelos, apenas tengo unas pocas fotos que mis padres aún conservan. De milagro, guardo aún una de unos bisabuelos míos. Y ya está. Eso y algunas anécdotas que mis padres guardan en su memoria (y que podrían ser inexactas) son toda la información de que dispongo sobre estas personas. En cambio, de mí hay docenas de fotos guardadas (algunas en ordenadores de gente con la que ya no tengo relación), está mi cuenta de facebook, está este mismo blog. Mis sobrinas, de unos pocos años de edad, prácticamente están fotografiadas durante cada día de su vida desde que nacieron.

En un contexto así, el secreto y el misterio se van perdiendo cada vez más, y nuestra vida queda expuesta a todo el mundo. No son sólo las fotos de carnet o de familia, son las fotos de borrachera, son los comentarios llenos de insultos que a lo mejor un día pusimos, cabreados, en el muro o en el blog de alguien que nos caía mal. Cosas que nosotros jamás conocimos de nuestros padres y abuelos, quizás serán perfectamente conocidas por nuestros hijos y nietos. Son miles de datos que en el futuro podrían ser consultados por miles de personas, que quizás ni conozcamos. Ya no es la CIA o el CNI, es algo mucho peor que eso: es la población mundial misma.

No tener secretos (o al menos secretos relativamente seguros) acarrea ventajas e inconvenientes. Los inconvenientes se los podemos preguntar a las personas que arriba he mencionado, seguro que por ejemplo Kate Middleton nos los podrá explicar. Las ventajas también existen: los seres humanos podrán conocer a sus antepasados a fondo, saber de quién vienen, cómo eran esas personas a las que les deben la vida. También creo que nos hará más responsables, nos obligará a cuidar nuestras formas, a poner más atención en lo que hacemos y decimos. Últimamente oigo hablar mucho del derecho al olvido. Algunos defienden que una persona debería tener derecho a borrar su pasado de todas las bases de datos del mundo y comenzar de cero, si así lo desea. Pero por mucho que filosóficamente podamos estar de acuerdo con esta idea, la realidad es que eso es ya imposible. Debemos afrontar la realidad de este mundo sin secretos, en el que nuestro pasado nos perseguirá siempre, desde todos los rincones del mundo.

martes, 2 de octubre de 2012

El cosmonauta que cayó antes de despegar (II)


Actualizo en un nuevo artículo en lugar de extender el anterior, ya que el asunto lo merece. Resulta que justamente hoy he recibido un correo de Carola, una de las socias de Riot Cinema, que dice lo siguiente:

Queridos inversores de El Cosmonauta: 
Como siempre, queremos que seáis los primeros en recibir las buenas noticias así que allá va…
¡Vamos a estrenar los primeros catorce minutos de la película en el Festival de Sitges! 
El festival ha querido hacernos un hueco en su programación, en concreto dentro de la sección "Sitges, Coming soon", fuera de concurso y junto a proyectos como "Rec 4" de Jaume Balagueró. 
La proyección será el martes que viene, día 9, a las 17 horas en la Sala Tramuntana, con entrada libre.
El proceso de postproducción está yendo muy bien y seguimos con la fecha de estreno para abril.
Y por lo demás, en unas tres semanas tendréis una actualización exhaustiva de la situación financiera y contable. Además, publicaremos un nuevo Plan de Negocio actualizado, el "The Plan 3". En este nuevo documento, podréis ver al detalle qué estrategia de distribución y difusión realizaremos en la etapa final del proyecto, detallaremos los contenidos finales transmedia que verán la luz y muchas otras cosas más relacionadas con el estreno de la película. 
Os mandamos un fuerte abrazo y, si tenéis cualquier duda, ya sabéis donde estamos :) 
Un saludo
Carola R.


Como me pareció justo responder a la carta, les he enviado esta contestación:


Estimada Carola:


En primer lugar quiero felicitaros por las buenas noticias, el fin del rodaje y el estreno de un trozo de la película (aunque no acabo de entender eso de proyectar los primeros 14 minutos, no le encuentro sentido, pero a lo mejor son cosas mías).

Sin embargo, como inversor de "El Cosmonauta", me hubiera gustado que, igual que nos enteramos de las noticias buenas, nos enterásemos también de las malas. Esa es la verdadera transparencia, Carola: contarlo todo, no sólo una parte.

Como sabrás, se ha desatando recientemente una gran polémica alrededor de Nicolás Alcalá, y por extensión de todo Riot Cinema, y por extensión de "El Cosmonauta". Sinceramente, creo que la polémica ha llegado a un punto que pone en grave riesgo el futuro del proyecto, y por tanto la ilusión depositada en vosotros por parte de quienes donamos dinero en su día. Sin embargo, vuestra única reacción fue publicar una disculpa bastante poco convincente en vuestro blog, a la que centenares de personas han respondido, mayoritariamente de manera negativa. No he visto que hayáis contestado por vosotros mismos a esos comentarios (o quizás me he perdido entre los más de 2.800 que ya hay), ni que hayáis puesto en vuestra web (que por cierto es bastante pobre) ni en la de "El Cosmonauta" nada más, ni hayáis anunciado qué medidas pensáis tomar para recuperar la confianza de la "opinión pública" (supongo que podemos llamarla así). O si lo habéis hecho, desde luego no he sabido encontrarlo.

Como inversor, creo que el futuro es bastante amenazador, puesto que la película se basa en buena medida en el apoyo de la gente, especialmente de la que se mueve por la red; y creo que es evidente que ese apoyo lo habéis perdido, así que os pregunto: ¿habéis pensado en hacer algo al respecto o simplemente vais a esperar? No soy un experto en tratar estos temas, pero entiendo que sería necesario alguna acción por vuestra parte. El hecho de que no hagáis nada, me hace intuir que no sabéis cómo lidiar con el problema. Si yo, en lugar de una modesta aportación, hubiera invertido miles de euros en la película, ¿cómo crees que me sentiría ahora mismo ante vuestra inacción? Un tanto nervioso, ¿verdad? Por suerte no es el caso.

Desde luego, mi confianza y mi respeto como empresa los habéis perdido, y de hecho en mi blog personal (http://monsieurlesix.blogspot.com.es/) he publicado recientemente algún artículo sobre vosotros, explicando lo que opino sobre esto, y también he subido tu correo y esta misma contestación. Sois libres de opinar allá mismo si queréis, pero andad con ojo, que lo que se publica lo lee todo el mundo, y ya sabéis lo peligroso que es subir algún texto desafortunado a la red... Si me contestáis por correo y vuestra respuesta me pareciese interesante, también la subiría, puesto que no considero que esto sea una conversación exclusivamente privada, sino sobre un tema público. Y también por aquello de la "transparencia", ya sabéis.

Hablando de transparencia: un comentarista me ha hecho notar que en vuestro presupuesto está detallado todo, incluída la subvención pública de casi 100.000 euros. Eso está muy bien. Pero hubiera sido mucho más honesto, en mi modesta opinión, si alguna que otra vez, en vuestras declaraciones, entrevistas, artículos, etc., en lugar de tanto presumir de crowdfunding y de novedosas maneras de hacer cine, mencionáseis explícitamente estas subvenciones, ya que, si no me equivoco, en las cuentas a enero del 2011 suponían casi la mitad de lo recaudado (100K sobre 217K), muy por encima del crowdfunding (sólo 50K). Si somos transparentes, lo somos de una manera clara, no vamos vendiendo lo que nos interesa, y luego dejamos para la letra pequeña lo que es impopular. Nadie nos obliga a presumir de transparentes, pero si presumimos de ello, debemos serlo, y debemos serlo bien.

Ya para finalizar, confesarte, Carola, que vuestro proyecto me produce ahora mismo un choque de sentimientos enfrentados. Lo digo con toda sinceridad. Por un lado, sería bonito que os fuera bien, que la película fuera un éxito, que se impulsara el crowdfunding, que un tema como la cosmonáutica se tratase a fondo en una película española (aunque no sé cómo de española puede considerarse cuando no sólo está rodada en inglés, sino que la página de Riot Cinema no está disponible en español); por otro lado, sería muy injusto que una empresa como la vuestra, que demuestra tan poco tacto con la gente, y tan poca profesionalidad para ciertos temas, que ni siquiera sabe afrontar con valor y responsabilidad un problema en el que se juega su futuro, tuviera éxito.

La verdad es que no sé qué desear de este estreno. Tampoco sé si alegrarme o arrepentirme de haberos donado 100 euros. Supongo que en realidad no deseo nada; simplemente dejaré que ocurra y me quedaré con lo bueno de cada caso. Si triunfáis, me alegraré porque un proyecto interesante haya salido adelante; si os hundís, pensaré que tenéis el justo final para vuestra falta de profesionalidad empresarial. Quien no se consuela, es porque no quiere.


Pablo C.

Creo que no hace falta añadir nada más.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El cosmonauta que cayó antes de despegar

Cuando comenzó la polémica sobre las descargas a través de Internet y los derechos de autor, la frase "pues que den conciertos" se convirtió en un clásico para referirse a los músicos que sacaban una canción famosa y luego se dedicaban a vivir de rentas, pero que luego venían quejándose de que la gente se descargaba su música, llamándoles piratas. Sin embargo, cuando se hablaba del mundo del cine, no parecía que hubiera muchas alternativas para un arte tan costoso si la gente se descargaba la película sin pagar ni un duro.

Hacia 2009, sin embargo, se inició en España un curioso proyecto llamado El Cosmonauta. Se trataba de una película que pretendía financiarse a través de donaciones voluntarias por parte de gente que estuviera interesada en que se realizara la película. A esta manera de hacer las cosas se la designa con la palabra anglosajona crowdfunding. El director era un joven llamado Nicolás Alcalá, y la película iba a pertenecer a una pequeña empresa de la que él era socio, Riot Cinema.

Como yo estaba interesado en la película (la astronáutica siempre me ha parecido interesante, y más la soviética, que es más desconocida para nosotros), y como además me parecía una idea novedosa que podía ayudar al mundo del cine, el mes de mayo de 2011 decidí hacer una donación de 100 euros. Realmente, no lo vi nunca como una inversión; era consciente de que era muy improbable recuperar ni un solo euro de la financiación, ya que se trataba de un proyecto prácticamente amateur y que difícilmente conseguiría recaudar el dinero que seguramente hace falta para una película sobre un tema como ese. Lo hice simplemente por principios y porque me caía simpática la idea.

En efecto, fue pasando el tiempo sin que tuviera noticias de que la película estuviera acabada. Una pena, pensé, pero ya me lo esperaba. Sin embargo, en julio de 2012 me enviaron una carta anunciando que el estreno sería para la primavera de 2013. Por un lado me alegré de que por fin fuese a ver la luz, pero tuve una sensación extraña. ¿Cómo es que un grupo de chavales se toman casi 4 años para hacer una película? ¿De qué han estado viviendo todo este tiempo? Si realmente se les iba de presupuesto, ¿no hubiera sido mejor que se centrasen en algo más asequible? Pero bueno, tampoco le di importancia, y me volví a olvidar del tema. Ya me avisarán, pensé, cuando por fin la estrenen, y a ver cómo queda.

Cuál fue mi sorpresa cuando hace unos días, volví a tener noticias de Nicolás Alcalá y de su empresa (de la que entonces he averiguado muchas cosas que no sabía), pero no por la película, sino por una lamentable carta que se atrevió a enviar a un parado llamado Carlos que le pedía trabajo, en la que lo humillaba de una manera injustificable, y que luego tuvo la desfachatez de subir a Internet y compartir con sus colegas.

Este hecho no pasó inadvertido a los usuarios de las diferentes redes sociales, y se multiplicaron los comentarios de condena, por lo que los chicos de Riot Cinema intentaron disimularlo, haciendo ver que en realidad era una carta positiva, enviada con la mejor intención, para aconsejar a Carlos en su búsqueda de empleo, así que publicaron esta entrada en su blog, para calmar un poco las críticas, aunque sin arrepentirse ni darse cuenta del patético ridículo que habían hecho (lo cual dice muy poco de ellos y de sus capacidades para llevar una empresa).

Pero la gente no es tonta, y esta manera de negar la evidencia es demasiado burda, así que las críticas se encendieron aún más, llegando incluso a foros como menéame o forocoches, que reciben miles de visitas cada día.

Acorralados, y temiendo por el futuro de su empresa, volvieron a intentar calmar a la gente con otra entrada del blog, aparentemente llena de humildad y arrepentimiento, pero que no desprendía suficiente sinceridad, y que a estas alturas ya no colaba. Se veía demasiado claramente que sólo querían salvar sus culos. Esta disculpa tiene ahora mismo más de 2.600 comentarios, casi todos poniéndolos a caldo, e incluso amenazándoles.

No voy a entretenerme ahora en comentar todos los detalles de las dos cartas y las dos disculpas; con lo que hay por la red podéis contrastar opiniones en gran cantidad. Si tenéis curiosidad por mi opinión, podéis leer los comentarios que hago en menéame, donde escribo como donatien.

El acojone de los chicos llegó tan lejos que incluso sacaron sus fotos de su web. Las habían colgadó ahí para dar una imagen de empresa actual y transparente, una empresa que da un trato personal, muy 2.0 que se dice ahora; todos ellos en poses propias de modernillos graciosos y con comentarios de lo más gafapastosos sobre ellos mismos. Si tenéis curiosidad, aquí hay una captura de caché donde podéis contemplar el aspecto de su web antes de que escondiesen sus perfiles. El tipo de la manzana, con pinta de choni es Nicolás Alcalá. Como veis, todos ellos transmiten profesionalidad al máximo.

También desde algunos sitios surgieron voces en su defensa (como esta o esta), aunque mucho menos numerosas y contundentes que las voces críticas.

Me enteré también, gracias a algunos comentarios de menéame, de que han recibido ayudas públicas por valor de casi 100.000 euros (aquí podéis consultar la lista de empresas que han recibido ayudas y la cantidad de cada una).

En definitiva, a lo largo de estos días he ido descubriendo más y más cosas sobre este tema, que tenía ya casi olvidado, y de esta empresa de cuyo nombre ya no me acordaba, y cuya página web no llegué a descubrir en su día (pues lo dirigían todo hacia la página del proyecto). He notado, por ejemplo, que la página de la empresa, aparte de muy sosa y bastante pobre, sólo está en inglés. También está sólo en inglés el trailer de la película. Yo me pregunto: tratándose de una empresa española, ¿tanto costaba traducir cuatro frases (porque eso es lo que hay de texto) y ofrecer la web también en español? De acuerdo que la hagan también en inglés para promocionarse, pero no me parece normal que no tengan versión española, y más cuando su principal proyecto pretenden financiarlo a base de donativos, muchos de los cuales vienen, indudablemente, de España.

Por cierto, que el trailer deja entrever una película que parece una copia de las norteamericanas, tanto por la banda sonora, como por las actitudes de los actores, el hecho de que esté rodada en inglés... es que ni siquiera la estética es muy soviética que digamos. Si tan intelectuales e innovadores se creen, mejor que hubieran contratado a algunos actores locales y la hubieran rodado en ruso. Al menos hubiera quedado más auténtica.

Pues bien, estos tipos, estos chavalines con aires de modernillos y que no son capaces de presentar su miserable paginilla en español, pese a ser una empresa española, o que tienen un correo de empresa tan "guay" y tan serio como hola@riotcinema.com; estos presuntuosos que se declaran "organized, efficient and the best in her field" o "real workaholic", pero que luego tardan 4 años en hacer su proyecto inicial; estos insensibles que humillan a alguien que está en paro y que les escribe una carta de presentación estándar, sí, pero correctísima, y que luego se embolsan 100K euros de nuestros impuestos; en definitiva, estos caraduras, resultan ser aquellos mismos a los que hace un año doné 100 euritos.

¿Me arrepiento de ello? No exactamente. En cierto modo tengo la sensación de que mejor me los hubiera gastado en otra cosa; pero tampoco es menos cierto que en ese momento, con la información que tenía, parecía una buena opción. Lo que sí deseo es que ahora el destino le dé a cada uno lo que merece, y sin duda así va a ser, puesto que El Cosmonauta, como proyecto volcado en Internet que es, está ya irremediablemente condenado; y con él probablemente caiga la propia empresa. De alguna manera, la ira del gran público, a veces injusta e irracional, servirá de correcta venganza a la carta que le enviaron a Carlos, que es también injusta e irracional. Ojo por ojo, que suele decirse.

Si tuviera que darles un consejo, les diría que Nicolás Alcalá debe abandonar Riot Cinema, por el bien de su empresa; quizás entonces aún estarían a tiempo de salvar su imagen. El problema es que en realidad ya es tarde para eso. Con las pretendidas "disculpas" de su blog, lo que han  tardado en darse cuenta de su error y la manera de explicarlo, se ve claramente que la empresa misma le respaldaba en cierto modo, por lo que a estas alturas, ya todos son vistos como culpables, y el orden de los acontecimientos ha sido tal que probablemente ninguna disculpa le valga al público. Sólo queda desearles que esta experiencia les enseñe a ser más humildes y más profesionales, y que esa lección les sirva en los proyectos con los que intenten ganarse la vida una vez que Riot Cinema se hunda, lo cual, previsiblemente, no va a tardar mucho en ocurrir.


Actualización: He encontrado este artículo en el que se trata bastante acertadamente la repercusión de esta movida. También he visto un comentario en la entrada original de Riot Cinema, que explica muy bien lo que muchos pensamos sobre la carta; sólo hay que ir a la página y buscar el comentario de "El justiciero".

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Una visión alternativa sobre la "emprendeduría"


Hará cosa de un año o dos, me llegó una invitación para asistir a unas conferencias sobre algo que está muy de moda, y que determinados círculos han bautizado con la divertida palabra "emprendeduría". Es decir, la creación de empresas. El emprendedor (lo de "empresario" está mal visto y nos recuerda a un tipo gordo y con cara de mala hostia que se pasea en su Mercedes fumando un puro) es un tipo guay. El superhéroe de nuestra época, sobre todo en España, donde tanto se está criticando últimamente el carácter tradicionalmente pasivo y poco emprenderdor del español medio.

Pues bien, el caso es que me hizo gracia ver como estaba el tema, y fui. Eran una serie de conferencias, algunas bastante interesantes, que me hicieron ver las cosas de otra manera; pero probablemente en el sentido contrario al que pretendían sus organizadores. Me explico: antes de ir a las conferencias, yo comulgaba bastante con esa idea de que el emprendedor es la hostia. Un tipo que se arriesga, que crea empleo (aunque esto último es matizable), que dinamiza la economía... Cuando salí de allí, me di cuenta de que los emprendedores son, junto con los becarios y los subcontratados, una especie más explotada por el sistema; con la diferencia de que la mayoría no son conscientes de esa explotación. Pero vayamos poco a poco, que si no no se entiende.

La financiación

Algunas conferencias iban sobre el tema de la financiación. Se habló mucho de los business angels, es decir, tipos con pasta (o incluso empresas) que ponen capital para impulsar a ciertos emprendedores. Dicho así, con esas palabras (ojo a la palabra "angels", que tiene narices), parece encantador, como si lo hicieran de manera desinteresada. Nada más lejos de la realidad. Son, en realidad, inversores que quieren realizar operaciones de altísimo interés (hablamos incluso de doblar o triplicar la inversión inicial en un par de años), a cambio de asumir el riesgo de la empresa. Y no lo hacen así como así, sino a menudo a través de empresas intermedias que filtran miles de proyectos y los reducen a una pequeña bolsa de 10 o 20, que tienen posibilidades reales de éxito.

En definitiva, un fondo de inversión como cualquier otro, pero con un nombre bonito.

Aprovecho para puntualizar que se hablaba sobre todo de empresas relacionadas con las nuevas tecnologías, la informática, etc. Montar un bar es otra historia. Por eso el paradigma del triunfador, el modelo que se presentaba para animar a los futuros emprendedores, era Google.

También se habló de financiación por parte de las administraciones. Era reducidísima, y sólo a través de avalarlo casi hasta con tus órganos. Vamos, nada que no pudiera hacer un banco cualquiera.

De todo esto puede sacarse una primera conclusión: Si esperas financiación, ya puedes ir avalando con todas las posesiones que tengas, si es que tienes, porque si no, no habrá dinero para arrancar. En un caso muy poco probable, si tu proyecto es muy, muy interesante y te mueves mucho, quizás algún inversor ponga parte de la pasta (ojo, una parte no muy grande), a costa de devolvérsela con unos intereses acojonantes, y muy a menudo con una parte de la propiedad de la empresa. Y encima los llamán "ángeles".

Pero hasta aquí todo normal. Sigamos. En casi todas las conferencias se habló de la bajísima probabilidad de éxito de una empresa nueva. En los primeros dos años de actividad, la mayoría de empresas desaparecían. De las que sobrevivían, tan sólo una pequeñísima parte conseguían luego crecer y llegar a ser empresas "con cara y ojos". El resto, o desaparecían, o quedaban estancadas como eternas pymes, donde se trabajaban muchas horas para, simplemente, sobrevivir. Hablamos de un 2%, un 4% de verdadero éxito final. Ciertamente, cifras muy bajas teniendo en cuenta el riesgo que se asume y lo mucho que hay que trabajar.

La paradoja de la investigación

Lo más divertido era enterarse de que, de las poquísimas empresas que llegaban a abrirse paso con un futuro prometedor, la mayoría acababan siendo adquiridas por los gigantes del sector, que se plantaban ante los propietarios con ofertas de esas que no se pueden rechazar. Los antiguos emprendedores, o bien pasaban a formar parte del personal de la gran empresa (Dios sabe por cuánto tiempo), o bien se iban con la pasta y montaban otra start-up. Si la suma era muy elevada, quizás se dedicasen el resto de su vida a veranear en la Polinesia, pero no era lo más habitual. Resultaba curioso incluso enterarse de que las grandes empresas apoyaban la aparición de estas start-ups. Uno podía pensar que para el gran empresario eran un riesgo, y que por tanto querría aplastar a todos estos pequeños futuros competidores en potencia; pero no. Todo lo contrario. Veamos por qué: 

Imaginemos que un gigante como Apple (por decir algo) quiere lanzar nuevos productos exitosos. Una opción es tener un enorme y costosísimo departamento de I+D, dividirlo en equipos (pongamos 10 equipos), y encargar a cada equipo que se invente algo. Al cabo de un tiempo, se hace una presentación de cada novedad, se seleccionan los proyectos más interesantes (pongamos que sólo la mitad lo son) y se sacan al mercado. Una vez en el mercado, quizás uno o dos de ellos tengan éxito, pero muy posiblemente el resto sean fracasos. ¿Qué conclusión sacamos? Hemos financiado a 10 equipos de I+D durante, pongamos, 1 año, para acabar sacando 1 o 2 productos rentables. El resto son pérdidas.

Ahora imaginemos que Apple, en lugar de hacer eso, simplemente contrata a unas personas para que sondeen el mercado buscando pequeñas empresas que están empezando a abrirse paso con ideas interesantes. Pongamos que en 1 año estas pocas personas sondean unos cuantos centenares de empresas, de las cuales seleccionan 10. De esas 10, los directivos deciden comprar 2. Resultado: Apple se ha gastado una pasta en comprar esas 2 empresas, más el sueldo de los "sondeadores" del mercado. Pero fijémonos en dos diferencias:

1. No hay apenas riesgo: como se están comprando proyectos que ya están en el mercado y que se sabe que están gustando a los consumidores, el éxito tras la compra está prácticamente garantizado.
2. En lugar de 10 proyectos, se pueden haber sondeado centenares, quizá miles, con lo cual es más probable llegar a encontrar algo interesante. Con la opción de crear equipos internos de investigación, podría pasar perfectamente que ninguno de los 10 acabase teniendo éxito. Y crear centenares de equipos hubiera sido inviable y costosísimo.

Es decir, que a las grandes empresas les sale más a cuenta que emprendan otros y, si tienen éxito, comprarles su empresa. Cierto que esa compra les cuesta un dinero, pero mucho menos que lo que les costaría crear centenares de equipos de investigación.

Esta estrategia la han usado durante décadas muchas empresas, y de hecho a Microsoft se la ha acusado infinidad de veces de aprovecharse de ideas de los demás, en lugar de crear las suyas. Por ejemplo, su base de datos, SQL Server, fue en realidad una adquisición de este tipo.

Evidentemente, las situaciones no son tan extremas, y las grandes empresas, aunque compran ideas, también mantienen departamentos internos de I+D.

En cierto modo, la "emprendeduría" es el último paso de la externalización. Al principio las empresas tenían trabajadores; luego pasaron a tener becarios, contratos de prácticas, etc.; luego vino la época de las subcontratas; y la compra de empresas es ya el último paso, una externalización llevada al extremo en la que la empresa grande no hace ya nada: es sólo una marca que ha conseguido prestigio, y un montón de dinero. Vaya, que se comporta como un banco, como un inversor; un ente que no crea nada ni asume ningún riesgo, sólo compra cosas que le interesan y se desprende de las que no le interesan. Las ideas, que las ponga otro; el riesgo, que lo asuma otro; ellos se limitan a comprar cuando ya se ve que la cosa va a funcionar. El beneficio gordo, se lo quedan ellos; los sacrificios, que lo pongan esos simpáticos chicos que van a las escuelas de negocio para crear su start-up.

La maestría de la jugada consiste en presentar al emprendedor como el modelo a imitar, cuando en realidad, es el más pringado de todos. Y lo más mágico, genial, y macabro de todo: lo hace contento. Jamás un trabajo externalizado hizo tan feliz a quien lo practicaba. Ni George Orwell hubiera podido imaginar algo así.

Conclusiones

En general, el ambiente de aquella escuela de emprendedores me pareció muy sectario; era como si a esos chavales les hubieran lavado el cerebro para que sacrificasen su tiempo, su salud y sus pocos ahorros en crear futuros productos de las grandes empresas. Por ejemplo, en otra conferencia, apareció un joven emprendedor que había montado una empresa con unos colegas y que se había beneficiado de un programa (creo que de Banesto, pero hablo de memoria), que le había dado la oportunidad de ir a California para asistir a conferencias, intercambiar experiencias con empresarios de prestigio de allí, etc. Algo que no está nada mal, ciertamente, pero me llamó la atención no sólo el extraño entusiasmo del chico, sino el lenguaje de los conferenciantes, que se daban siempre la razón entre ellos, las lapidarias afirmaciones con las que sostenían que la "emprendeduría"  era poco menos que la panacea, la solución a todos los males del mundo. El emprendedor era algo así como el superhombre de Nietzsche, vamos. Qué queréis que os diga, lo vi todo muy sectario; casi me imaginaba que en unos minutos nos harían levantar a todos y cantar Góspel haciendo palmas.

Las conclusiones a las que llegué al final fueron estas:

1. Es digno de admirar que haya gente con el valor necesario para crear nuevas empresas, afrontar nuevos retos, y embarcarse en la aventura de trabajar para sí mismos, en lugar de para otros. Aunque esto ya lo sabíamos, no hacía falta ir a conferencias.
2. Quienes lo hacen, tienen una probabilidad ínfima de llegar a crear una empresa importante. Quizás puedan sobrevivir, pero sería muy raro que consiguieran mucho más.
3. La mayoría de los pocos que lo consiguen (5%) acaban vendiendo su empresa a una multinacional.
4. Los que arrancan pero no acaban de despuntar (20%) malvivirán como hace cualquier autónomo, aunque su suerte puede ser diversa. Aquellos que acaben teniendo una empresa mediana, con unos beneficios aceptables, seguramente son los más afortunados y dignos de imitar.
5. El resto (75%) acabaran, imagino, en la puta calle, tras haber pagado con todo su patrimonio las deudas a los inversores.
6. Una ínfima parte (mucho menos del 1%) decidirá no venderse a las grandes empresas y quizás, con suerte, acaben convirtiéndose ellos mismos en grandes empresas. Es el caso de Google, que se mencionó docenas de veces en las conferencias, pero que no es nada, pero que nada representativo del futuro que le espera a una start-up.

Los porcentajes que pongo son aproximados, hablo de memoria, pero más o menos iban por ahí.

Yo qué quieren que les diga, con unas perspectivas como estas, la "emprendeduría" no me parece nada atractiva. Pero no sólo eso: no me parece que sea para nada la solución de nuestra economía. No puede ser que unos pocos dinosaurios se adueñen del mercado a base de talonario, mientras unos cuantos chavales les hacen el trabajo sucio.

Todo esto a veces me lleva a pensar que las sociedades anónimas no deberían existir. No puede ser que una empresa, que es un proyecto de vida y el resultado de muchos sacrificios e ilusiones, se venda y se compre como si nada. La empresa debe ser de quienes trabajan en ella. En el fondo, deberían ser siempre cooperativas. Si dos empresas deciden fusionarse, de acuerdo, pero no que un inversor mueva las fichas de la economía real como si estuviera jugando al Risk.

Pero eso es para otro artículo.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Algunas recomendaciones


Ya sabemos que uno de los vicios de la blogosfera es "mirarse el ombligo", es decir, acabar hablando, no de otras cosas interesantes, sino de sí misma, en una extraña endogamia provocada unas veces por la vanidad de los bloggeros, otras veces por la falta de ideas.

Pero aún así, comentar un poco los blogs que uno encuentra interesantes no está nada mal, porque ayuda a que los lectores descubran sitios valiosos en los que quizá no se hubiesen interesado sin una recomendación previa. Así que hoy os hago tres breves reseñas, por si a alguien le interesa, y porque los autores se lo merecen.

El primero es un blog algo caótico (como el mío), en el que se habla de cualquier cosa, pero en el que no es raro encontrar ideas impactantes, y refelexiones profundas, expresadas de una manera directa y contundente. Se trata del Diario de la crisis. El nombre podría llevar a engaño: no se habla de la actual crisis económica, sino de cualquier cosa, y siempre con un gran sentido crítico, apartándose, si es necesario, de la opinión mayoritaria. 

Los autores son venezolanos, o al menos residen allí, así que a menudo hay referencias a este país y su presidente. Me llama la atención, sin embargo, que su manera de expresarse es muy española, así que la lectura me resulta muy natural.

El segundo: Intersexciones, un blog dedicado a las relaciones sentimentales. Este blog me sorprendió porque, al igual que ocurre con el Diario de una ex-azafata, creo que es muy meritorio hablar siempre sobre un solo tema y, a pesar de eso, resultar interesante la mayoría de las veces. Más aún cuando la "jefa" del blog y autora de la mayoría de los artículos (otros los escriben algunos colaboradores) es de Bielorrusia. Tiene mucho mérito hablar de estos temas con seriedad, pero sin caer en el aburrimiento, con humor, pero sin caer en tópicos, y con desparpajo, pero sin caer en la vulgaridad. Más aún cuando Internet rebosa de páginas que hablar de amoríos y de sexo, pero caen en la cursilería, o en la pedantería de quien pretende ser un gran escritor sin serlo, o se reducen a los típicos diarios de solteras desengañadas que, básicamente, lo único que hacen es soltar bilis sobre los hombres.

Aquí, en cambio, se afrontan las diferentes vertientes de las relaciones de una manera bastante madura, creo, y con un estilo literario bastante alto, en mi opinión. Pero lo mejor son los comentarios. Se ha creado alrededor del blog un cierto grupo de seguidores (básicamente seguidoras) de un gran nivel que, con sus puntualizaciones, son capaces de convertir incluso los artículos mediocres en páginas interesantes sobre el tema. Y fue precisamente una de las seguidoras del blog, Ronronia, la que me sorprendió cuando descubrí que llevaba una página, que es la tercera que voy a comentar.

Se trata del blog What Ronronia Wants. Un blog que habla casi de cualquier cosa, pero especialmente de temas científicos, de una manera muy amena, con muchas referencias a otros sitios donde informarse mejor, y con artículos extensos y profundos. Me pregunto de dónde sacará el tiempo su autora para publicar tan a menudo y con un contenido tan bien preparado. Creo que junto con Fogonazos, es una de las páginas imprescindibles para quienes nos gustan las curiosidades, especialmente las que están relacionadas con la ciencia.

Y hasta aquí las recomendaciones. Espero que las disfrutéis tanto como yo.