martes, 20 de noviembre de 2012

25-N, otra ocasión perdida... y ya no queda tiempo

Suelo aprovechar las convocatorias electorales para hacer algún análisis político de las alternativas posibles, pero en esta ocasión no lo veo necesario. Repasando la entrada de hace un año, veo que las mismas palabras siguen siendo válidas. No hace falta cambiar ni una coma.

La diferencia, si acaso, sería que cada vez tenemos menos tiempo, que con la situación tan crítica que atravesamos, no podemos permitirnos el lujo de votar a los de siempre, y esperar 4 años, para votar por fin algo distinto. Deberíamos hundir ya a los partidos tradicionales. Pero no lo vamos a hacer. El día 26, los catalanes nos encontraremos gobernados de nuevo por CiU, PP, PSC, ERC... la historia se repite. Si acaso, con un poco de suerte, la probable entrada de CUP añadirá una cierta frescura al Parlament. Pero su escasa representación y el seguro olvido al que los van a condenar los medios, no hacen pensar que puedan tener una influencia importante. También podría ocurrir que EsconsEnBlanc o Pirata.cat consiguieran alguna pequeña representación (ojalá), pero las esperanzas no son muchas, y en todo caso sería un logro casi simbólico.

Dirán algunos que el tema del referendum sobre la independencia hace de esta convocatoria algo completamente diferente. Pero no nos engañemos: se trata de una gran cortina de humo con la que Mas y Rajoy pretenden, a base de revivir los nacionalismos catalán y español, tapar otras noticias y otros debates, y sobre todo el gran debate: cómo cambiar este sistema gastado, que ya no funciona.

lunes, 19 de noviembre de 2012

La intocable usura


Resulta curioso que en nuestra época, en la que cada día se habla de finanzas, de deuda y de intereses, nadie hable de la usura. La palabra misma se ha convertido en un tabú. Pero no siempre fue así.

La usura ha sido condenada en diversos momentos de la Historia, como uno de los grandes males de la sociedad. Ya en la antigüedad, el cónsul romano Lúculo, en sus campañas de Asia, tuvo que tomar severas medidas contra la usura, para liberar de ella a muchos pueblos aliados de Roma. En la Edad Media se adoptaron numerosas medidas para intentar erradicar este mal. Carlomagno, por ejemplo, la prohibió en el siglo VIII. Incluso en épocas tan cercanas como 1745, el papa Benedicto XIV la condenó en su encíclica Vix Pervenit.

Hoy, en cambio, reina el desorden y la arbitrariedad. Ante el clamor social que están provocando los desahucios, como producto de la burbuja inmobiliaria, y sobre todo los recientes suicidios de algunas personas que se veían ya en la calle, me resulta llamativo que se hable de pequeños parches como dar un aplazamiento (ojo: un aplazamiento, no se perdona ni un euro, simplemente es una moratoria) a las familias más necesitadas (prácticamente sólo una pocas en situaciones extremas: en general, todo sigue igual), mientras nadie alza la voz contra las prácticas financieras actuales, cuyos métodos bien pueden calificarse de usura. Con el pretexto del "mercado libre", se deja actuar a sus anchas al sector financiero, el cual puede aprovecharse sin límite de la ignorancia de sus clientes. Las consecuencias de esta "liberalidad" no son sólo los dramas de algunos particulares, como vemos con los desahucios, sino la espada de Damocles que supone para la economía mundial el terrible tamaño de la deuda pública. Los prestamistas se han convertido en unos auténticos mafiosos que amenazan con esclavizar, no sólo a unas cuantas desprevenidas familias o algunas pymes, sino al Estado mismo.

Nuestros políticos, mientras, callan. Incapaces de plantar cara por las enormes presiones internas de sus propios partidos, a menudo también endeudados con el sector financiero, no sólo no adoptan medidas para frenar esta barbarie, sino que ni siquiera sacan el tema. Cuando se les habla de ello, responden con frases generalistas y perogrulladas del estilo "las cosas son como son", "es que la realidad es la que es".

Yo me pregunto: ¿Es normal que se concedan prestamos 20, 30 o 40 años vista? ¿E incluso a más de 40? ¿Es normal que el interés pueda ser cualquiera, que no haya un tope establecido (como sí lo hubo, por ejemplo, en algunos momentos del Imperio Romano)? ¿Es normal que, en caso de impago, el acreedor no asuma absolutamente ninguna responsabilidad, ninguna pérdida, por desmedida o imprudente que fuese su inversión? Si un banco concede 200.000 euros a una familia de pocos recursos para una hipoteca, ¿no es él también parcialmente responsable en caso de impago? ¿No debería asumir como pérdidas una parte de esa deuda no pagada?

Veo cómo se radicalizan las posturas, sin que ninguna de las partes asuma su responsabilidad (o, como nos gusta más decir en España, su "culpa"). Si les preguntas a los bancos acreedores, te dirán que la ley está para cumplirla y que las personas firmaron voluntariamente. Si les preguntas a los embargados, te dirán que les estafaron y que la ley es inhumana. Aquí nadie es responsable, por lo visto, de sus actos.

Desde mi punto de vista, todos tienen su parte de responsabilidad. Los bancos no pueden negar que eran ellos quienes tenían los conocimientos suficientes (o deberían haberlos tenido) para intuir lo que podía llegar a pasar; para advertir, al menos, a sus clientes, de las consecuencias. Si la avaricia les cegó, ahora deben asumir parte de esa deuda como pérdidas. Las familias, por su lado, no pueden negar su imprudencia. Personas con escaso poder adquisitivo metiéndose en pisos clarísimamente subidos de precio y avalándolos con las viviendas de sus padres, no pueden hacerse ahora los despistados.

¿Qué parte de la deuda debe asumir cada cual? No lo sé. Quizás el 50% cada uno, o quizás el banco deba asumir el 70% y la familia el 30%... pero ambos deben asumir su parte. Porque yo me pregunto: si ahora mismo se perdonase el 100% de la deuda, ¿en qué situación quedamos aquellos ciudadanos que, prudentemente, decidimos no embarcarnos en hipotecas? Pues quedamos como unos tontos que no se aprovecharon del pastel, sabiendo que al final se les perdonarían todos sus pecados.

Y no basta con resolver los problemas actuales, sino de prevenir los futuros. Veo que se habla de reformar la ley para aceptar la dación en pago, pero eso no basta. ¿Por qué no se limita el interés de los préstamos (por ejemplo, a un moderado 6%)? ¿Por qué no se limitan los plazos de las deudas (10, 15 años parecen ya muchos)? En definitiva, ¿por qué no se regulan las actividades financieras, igual que se regulan tantas otras actividades económicas? Aparentemente, la usura es una actividad intocable, una práctica más allá de las leyes, una especie de dios contra el que, no sólo no se puede legislar, sino al que es pecado criticar, e incluso es pecado pensar algo malo de él.

martes, 9 de octubre de 2012

La era sin secretos

Como ya sabrán ustedes, hace unos días la señora Kate Middleton, duquesa de Cambridge y esposa del príncipe Guillermo de Inglaterra, fue pillada haciendo top-less. La reacción de la casa real británica fue propia del siglo pasado: no sólo denunciar a la revista que hizo las fotos sin consentimiento (lo que me parece lógico y normal), sino intentar por todos los medios eliminar esas fotos de la propia Internet, en un momento en que ya habían sido difundidas, ignorando así el famoso efecto Streissand, y consiguiendo todo lo contrario, dar publicidad a la revista Closer. Una buena metedura de pata, comprensible por otro lado, por parte de una institución tan anticuada.

También estos días ha saltado una polémica sobre facebook, al difundirse que los antiguos privados, anteriores al 2010 eran ahora visibles en el muro. Facebook reaccionó explicando que lo que ocurría era que ciertos comentarios del antiguo muro, son visibles ahora con el nuevo "timeline". En cualquier caso, si has de decir algo realmente privado, ¿es adecuado usar la base de datos de facebook? Por suerte, en la mayoría de los casos debían ser mensajes para quedar una tarde, para un café.

Leyendo las últimas entradas de este blog, me doy cuenta de que no son los únicos casos de situaciones desagradables, producto de la especial manera de funcionar que tiene Internet. Hace poco comenté la polémica del video privado de una concejal toledana, y justo las últimas entradas iban sobre el tremendo error del director de El Cosmonauta, al colgar en Internet algo que jamás debió llegar a escribir, ni siquiera en privado. Todos estos hechos me llevan a pensar que no somos aún capaces de captar la potencia de la red. Es una herramienta demasiado nueva. Incluso para quienes son muy jóvenes y la han conocido desde el principio de su adolescencia, sigue siendo un lugar extraño, cuyas consecuencias, a veces terribles, son difíciles de imaginar. Nuestra sociedad aún no está habituada a ella, seguimos creyendo, en el fondo, que las cosas funcionan como en los tiempos de las revistas, la TV y la radio, y creemos que Internet es simplemente, como una especie de televisión multicanal, en la que además puedes dejar comentarios.

No es así. Internet es algo mucho más poderoso. Hasta hace muy poco, las televisiones y las radios no siempre llegaban a todas partes (ahora sí que se ha puesto de moda tener "canales internacionales" para cada televisión que se precie), y las revistas y periódicos no siempre son fáciles de difundir. Si el Frankfurt Allgemeine publica algo, en España seguramente no leerá casi nadie ese artículo; sólo en el caso de que un diario local publique esa misma noticia, llegaríamos a enterarnos de ella. Y así con todo. En Internet esto no es así. Desde el momento en que apretamos el botón de "publicar" (o "enviar" o lo que corresponda), esa información llega a cualquier rincón del mundo. Incluso los blogs menos visitados (como este mismo :P) son vistos periódicamente por personas de los lugares más remotos. Acabo de mirar la localización geográfica de mis visitas y veo por ejemplo que en las últimas 24 horas he tenido 2 visitas de Taiwan (¿En serio hay alguien en Taiwan al que le interese lo que escribo?). Sea como sea, esas personas han podido enterarse en muy pocas horas de algo que yo he pensado, y lo que es peor: lo han podido guardar en su ordenador (aunque no creo que sea el caso). Esto significa que, si mañana me arrepiento y borro un artículo o un comentario, eso no implica que la información se pierda necesariamente. Podría estar guardada por ahí, vaya usted a saber en cuantos sitios y bajo el control de qué personas.

En definitiva: no somos dueños de lo que subimos a la red. Antaño, las personas poderosas manipulaban los medios para hacer desaparecer aquellos datos que no querían que llegasen al gran público. Esto tenía mucho éxito porque realizar copias de un diario no era tan fácil. Si era un programa de TV o radio, era improbable que alguien se hubiera entretenido grabándolo, e incluso aunque lo hubiera hecho, no era fácil multiplicar esa grabación por miles en poco tiempo, sin invertir muchos recursos. Por tanto, el "secuestro" de las publicaciones era relativamente efectivo. Cuanto más poderoso fuese el agente manipulador y más influencias tuviera, más efectivo era.

Hoy en día eso no es así. De nada sirve secuestrar un medio de comunicación (recordemos el famoso caso de El Jueves y su portada con el príncipe), de nada sirve borrar entradas de blogs o comentarios de foros. Es más: si se intenta hacer, se produce un efecto Streisand tan fuerte que la difusión original de la noticia queda en una mera anécdota, frente a las miles y miles de réplicas de la información y a los millones de comentarios al respecto de los usuarios. Uno de los casos más espectaculares fue el de la famosa clave de cifrado AACS. Lo curioso es que en el fondo lo sabemos. Sabemos que esa información se ha quedado ahí y que no la podemos eliminar, y sabemos que cuanto más removamos las ascuas más se avivará el fuego, pero de algún modo no lo acabamos de asimilar del todo. Algo en nuestro subconsciente nos hace creer que si nos molesta lo borramos y listo. Algo nos hace creer que lo que hacemos fuera de Internet no puede llegar a la red, lo cual no es cierto: ¿De verdad pensaba la duquesa de Cambridge que si hacía top-less no iba a haber por ahí algún paparazzi capaz de colarse con su objetivo de largo alcance y fotografiarla? Y si alguno lo conseguía, ¿creía de verdad que esas fotos no llegarían a la red, en cuyo caso ya estaría todo perdido? No, claro que no lo pensaba, igual que la concejal de Los Yébenes no ignoraba que quizás la mala suerte pudiera hacer que el vídeo que grababa llegase a ser mal empleado por algún adversario político o por algún chavalín con ganas de hacer daño; pero de alguna manera se relajaron, se dejaron llevar por la confianza en que probablemente no pasaría nada. Probablemente. Lo malo es que si pasa, no hay solución.

Muchos pensarán que eso a ellos no les afecta, que ellos no son tan famosos como la duquesa o como un cargo público; pero desgraciadamente eso es cada vez menos cierto. Lo compruebo cada vez que bajo paseando por las Ramblas de Barcelona, y veo a los turistas grabándolo todo en vídeo. Ya no es que te puedan pillar en una foto, no, no: en vídeo. Seguramente salgo yo por ahí caminando en bastantes grabaciones que pululan por las casas de algunas personas de Japón, de Noruega, o de cualquier otra parte.

Peor aún: grabaciones que quizás se hayan subido a la red y ya anden por ahí siendo compartidas. Vivimos en una nueva era en la que los secretos no existen, o al menos uno no puede tener mucha confianza en que existan. Y aún no hemos adaptado nuestros hábitos, nuestro subconsciente, a esta nueva realidad. No pensamos que incluso los mensajes privados que mandamos, no podemos estar seguros de que no puedan llegar algún día a hacerse visibles por culpa de un efecto informático (como el de facebook) o porque, sencillamente, la persona a la que se lo enviamos lo reenvía sin nuestro conocimiento. Reenviar un mensaje o capturar una conversación de chat, webcam incluida, es tan fácil, que probablemente el consejo más acertado al respecto lo dio quien dijo hace poco que en la era de Internet, si quieres que algo no se sepa, mejor ni lo pienses.

Y no es sólo Internet. ¿Nos hemos parado a pensar la cantidad de datos, fotos y vídeos que hay hoy en día disponibles sobre cualquiera de nosotros? Cuando indago información sobre quiénes eran mis abuelos, apenas tengo unas pocas fotos que mis padres aún conservan. De milagro, guardo aún una de unos bisabuelos míos. Y ya está. Eso y algunas anécdotas que mis padres guardan en su memoria (y que podrían ser inexactas) son toda la información de que dispongo sobre estas personas. En cambio, de mí hay docenas de fotos guardadas (algunas en ordenadores de gente con la que ya no tengo relación), está mi cuenta de facebook, está este mismo blog. Mis sobrinas, de unos pocos años de edad, prácticamente están fotografiadas durante cada día de su vida desde que nacieron.

En un contexto así, el secreto y el misterio se van perdiendo cada vez más, y nuestra vida queda expuesta a todo el mundo. No son sólo las fotos de carnet o de familia, son las fotos de borrachera, son los comentarios llenos de insultos que a lo mejor un día pusimos, cabreados, en el muro o en el blog de alguien que nos caía mal. Cosas que nosotros jamás conocimos de nuestros padres y abuelos, quizás serán perfectamente conocidas por nuestros hijos y nietos. Son miles de datos que en el futuro podrían ser consultados por miles de personas, que quizás ni conozcamos. Ya no es la CIA o el CNI, es algo mucho peor que eso: es la población mundial misma.

No tener secretos (o al menos secretos relativamente seguros) acarrea ventajas e inconvenientes. Los inconvenientes se los podemos preguntar a las personas que arriba he mencionado, seguro que por ejemplo Kate Middleton nos los podrá explicar. Las ventajas también existen: los seres humanos podrán conocer a sus antepasados a fondo, saber de quién vienen, cómo eran esas personas a las que les deben la vida. También creo que nos hará más responsables, nos obligará a cuidar nuestras formas, a poner más atención en lo que hacemos y decimos. Últimamente oigo hablar mucho del derecho al olvido. Algunos defienden que una persona debería tener derecho a borrar su pasado de todas las bases de datos del mundo y comenzar de cero, si así lo desea. Pero por mucho que filosóficamente podamos estar de acuerdo con esta idea, la realidad es que eso es ya imposible. Debemos afrontar la realidad de este mundo sin secretos, en el que nuestro pasado nos perseguirá siempre, desde todos los rincones del mundo.

martes, 2 de octubre de 2012

El cosmonauta que cayó antes de despegar (II)


Actualizo en un nuevo artículo en lugar de extender el anterior, ya que el asunto lo merece. Resulta que justamente hoy he recibido un correo de Carola, una de las socias de Riot Cinema, que dice lo siguiente:

Queridos inversores de El Cosmonauta: 
Como siempre, queremos que seáis los primeros en recibir las buenas noticias así que allá va…
¡Vamos a estrenar los primeros catorce minutos de la película en el Festival de Sitges! 
El festival ha querido hacernos un hueco en su programación, en concreto dentro de la sección "Sitges, Coming soon", fuera de concurso y junto a proyectos como "Rec 4" de Jaume Balagueró. 
La proyección será el martes que viene, día 9, a las 17 horas en la Sala Tramuntana, con entrada libre.
El proceso de postproducción está yendo muy bien y seguimos con la fecha de estreno para abril.
Y por lo demás, en unas tres semanas tendréis una actualización exhaustiva de la situación financiera y contable. Además, publicaremos un nuevo Plan de Negocio actualizado, el "The Plan 3". En este nuevo documento, podréis ver al detalle qué estrategia de distribución y difusión realizaremos en la etapa final del proyecto, detallaremos los contenidos finales transmedia que verán la luz y muchas otras cosas más relacionadas con el estreno de la película. 
Os mandamos un fuerte abrazo y, si tenéis cualquier duda, ya sabéis donde estamos :) 
Un saludo
Carola R.


Como me pareció justo responder a la carta, les he enviado esta contestación:


Estimada Carola:


En primer lugar quiero felicitaros por las buenas noticias, el fin del rodaje y el estreno de un trozo de la película (aunque no acabo de entender eso de proyectar los primeros 14 minutos, no le encuentro sentido, pero a lo mejor son cosas mías).

Sin embargo, como inversor de "El Cosmonauta", me hubiera gustado que, igual que nos enteramos de las noticias buenas, nos enterásemos también de las malas. Esa es la verdadera transparencia, Carola: contarlo todo, no sólo una parte.

Como sabrás, se ha desatando recientemente una gran polémica alrededor de Nicolás Alcalá, y por extensión de todo Riot Cinema, y por extensión de "El Cosmonauta". Sinceramente, creo que la polémica ha llegado a un punto que pone en grave riesgo el futuro del proyecto, y por tanto la ilusión depositada en vosotros por parte de quienes donamos dinero en su día. Sin embargo, vuestra única reacción fue publicar una disculpa bastante poco convincente en vuestro blog, a la que centenares de personas han respondido, mayoritariamente de manera negativa. No he visto que hayáis contestado por vosotros mismos a esos comentarios (o quizás me he perdido entre los más de 2.800 que ya hay), ni que hayáis puesto en vuestra web (que por cierto es bastante pobre) ni en la de "El Cosmonauta" nada más, ni hayáis anunciado qué medidas pensáis tomar para recuperar la confianza de la "opinión pública" (supongo que podemos llamarla así). O si lo habéis hecho, desde luego no he sabido encontrarlo.

Como inversor, creo que el futuro es bastante amenazador, puesto que la película se basa en buena medida en el apoyo de la gente, especialmente de la que se mueve por la red; y creo que es evidente que ese apoyo lo habéis perdido, así que os pregunto: ¿habéis pensado en hacer algo al respecto o simplemente vais a esperar? No soy un experto en tratar estos temas, pero entiendo que sería necesario alguna acción por vuestra parte. El hecho de que no hagáis nada, me hace intuir que no sabéis cómo lidiar con el problema. Si yo, en lugar de una modesta aportación, hubiera invertido miles de euros en la película, ¿cómo crees que me sentiría ahora mismo ante vuestra inacción? Un tanto nervioso, ¿verdad? Por suerte no es el caso.

Desde luego, mi confianza y mi respeto como empresa los habéis perdido, y de hecho en mi blog personal (http://monsieurlesix.blogspot.com.es/) he publicado recientemente algún artículo sobre vosotros, explicando lo que opino sobre esto, y también he subido tu correo y esta misma contestación. Sois libres de opinar allá mismo si queréis, pero andad con ojo, que lo que se publica lo lee todo el mundo, y ya sabéis lo peligroso que es subir algún texto desafortunado a la red... Si me contestáis por correo y vuestra respuesta me pareciese interesante, también la subiría, puesto que no considero que esto sea una conversación exclusivamente privada, sino sobre un tema público. Y también por aquello de la "transparencia", ya sabéis.

Hablando de transparencia: un comentarista me ha hecho notar que en vuestro presupuesto está detallado todo, incluída la subvención pública de casi 100.000 euros. Eso está muy bien. Pero hubiera sido mucho más honesto, en mi modesta opinión, si alguna que otra vez, en vuestras declaraciones, entrevistas, artículos, etc., en lugar de tanto presumir de crowdfunding y de novedosas maneras de hacer cine, mencionáseis explícitamente estas subvenciones, ya que, si no me equivoco, en las cuentas a enero del 2011 suponían casi la mitad de lo recaudado (100K sobre 217K), muy por encima del crowdfunding (sólo 50K). Si somos transparentes, lo somos de una manera clara, no vamos vendiendo lo que nos interesa, y luego dejamos para la letra pequeña lo que es impopular. Nadie nos obliga a presumir de transparentes, pero si presumimos de ello, debemos serlo, y debemos serlo bien.

Ya para finalizar, confesarte, Carola, que vuestro proyecto me produce ahora mismo un choque de sentimientos enfrentados. Lo digo con toda sinceridad. Por un lado, sería bonito que os fuera bien, que la película fuera un éxito, que se impulsara el crowdfunding, que un tema como la cosmonáutica se tratase a fondo en una película española (aunque no sé cómo de española puede considerarse cuando no sólo está rodada en inglés, sino que la página de Riot Cinema no está disponible en español); por otro lado, sería muy injusto que una empresa como la vuestra, que demuestra tan poco tacto con la gente, y tan poca profesionalidad para ciertos temas, que ni siquiera sabe afrontar con valor y responsabilidad un problema en el que se juega su futuro, tuviera éxito.

La verdad es que no sé qué desear de este estreno. Tampoco sé si alegrarme o arrepentirme de haberos donado 100 euros. Supongo que en realidad no deseo nada; simplemente dejaré que ocurra y me quedaré con lo bueno de cada caso. Si triunfáis, me alegraré porque un proyecto interesante haya salido adelante; si os hundís, pensaré que tenéis el justo final para vuestra falta de profesionalidad empresarial. Quien no se consuela, es porque no quiere.


Pablo C.

Creo que no hace falta añadir nada más.

lunes, 24 de septiembre de 2012

El cosmonauta que cayó antes de despegar

Cuando comenzó la polémica sobre las descargas a través de Internet y los derechos de autor, la frase "pues que den conciertos" se convirtió en un clásico para referirse a los músicos que sacaban una canción famosa y luego se dedicaban a vivir de rentas, pero que luego venían quejándose de que la gente se descargaba su música, llamándoles piratas. Sin embargo, cuando se hablaba del mundo del cine, no parecía que hubiera muchas alternativas para un arte tan costoso si la gente se descargaba la película sin pagar ni un duro.

Hacia 2009, sin embargo, se inició en España un curioso proyecto llamado El Cosmonauta. Se trataba de una película que pretendía financiarse a través de donaciones voluntarias por parte de gente que estuviera interesada en que se realizara la película. A esta manera de hacer las cosas se la designa con la palabra anglosajona crowdfunding. El director era un joven llamado Nicolás Alcalá, y la película iba a pertenecer a una pequeña empresa de la que él era socio, Riot Cinema.

Como yo estaba interesado en la película (la astronáutica siempre me ha parecido interesante, y más la soviética, que es más desconocida para nosotros), y como además me parecía una idea novedosa que podía ayudar al mundo del cine, el mes de mayo de 2011 decidí hacer una donación de 100 euros. Realmente, no lo vi nunca como una inversión; era consciente de que era muy improbable recuperar ni un solo euro de la financiación, ya que se trataba de un proyecto prácticamente amateur y que difícilmente conseguiría recaudar el dinero que seguramente hace falta para una película sobre un tema como ese. Lo hice simplemente por principios y porque me caía simpática la idea.

En efecto, fue pasando el tiempo sin que tuviera noticias de que la película estuviera acabada. Una pena, pensé, pero ya me lo esperaba. Sin embargo, en julio de 2012 me enviaron una carta anunciando que el estreno sería para la primavera de 2013. Por un lado me alegré de que por fin fuese a ver la luz, pero tuve una sensación extraña. ¿Cómo es que un grupo de chavales se toman casi 4 años para hacer una película? ¿De qué han estado viviendo todo este tiempo? Si realmente se les iba de presupuesto, ¿no hubiera sido mejor que se centrasen en algo más asequible? Pero bueno, tampoco le di importancia, y me volví a olvidar del tema. Ya me avisarán, pensé, cuando por fin la estrenen, y a ver cómo queda.

Cuál fue mi sorpresa cuando hace unos días, volví a tener noticias de Nicolás Alcalá y de su empresa (de la que entonces he averiguado muchas cosas que no sabía), pero no por la película, sino por una lamentable carta que se atrevió a enviar a un parado llamado Carlos que le pedía trabajo, en la que lo humillaba de una manera injustificable, y que luego tuvo la desfachatez de subir a Internet y compartir con sus colegas.

Este hecho no pasó inadvertido a los usuarios de las diferentes redes sociales, y se multiplicaron los comentarios de condena, por lo que los chicos de Riot Cinema intentaron disimularlo, haciendo ver que en realidad era una carta positiva, enviada con la mejor intención, para aconsejar a Carlos en su búsqueda de empleo, así que publicaron esta entrada en su blog, para calmar un poco las críticas, aunque sin arrepentirse ni darse cuenta del patético ridículo que habían hecho (lo cual dice muy poco de ellos y de sus capacidades para llevar una empresa).

Pero la gente no es tonta, y esta manera de negar la evidencia es demasiado burda, así que las críticas se encendieron aún más, llegando incluso a foros como menéame o forocoches, que reciben miles de visitas cada día.

Acorralados, y temiendo por el futuro de su empresa, volvieron a intentar calmar a la gente con otra entrada del blog, aparentemente llena de humildad y arrepentimiento, pero que no desprendía suficiente sinceridad, y que a estas alturas ya no colaba. Se veía demasiado claramente que sólo querían salvar sus culos. Esta disculpa tiene ahora mismo más de 2.600 comentarios, casi todos poniéndolos a caldo, e incluso amenazándoles.

No voy a entretenerme ahora en comentar todos los detalles de las dos cartas y las dos disculpas; con lo que hay por la red podéis contrastar opiniones en gran cantidad. Si tenéis curiosidad por mi opinión, podéis leer los comentarios que hago en menéame, donde escribo como donatien.

El acojone de los chicos llegó tan lejos que incluso sacaron sus fotos de su web. Las habían colgadó ahí para dar una imagen de empresa actual y transparente, una empresa que da un trato personal, muy 2.0 que se dice ahora; todos ellos en poses propias de modernillos graciosos y con comentarios de lo más gafapastosos sobre ellos mismos. Si tenéis curiosidad, aquí hay una captura de caché donde podéis contemplar el aspecto de su web antes de que escondiesen sus perfiles. El tipo de la manzana, con pinta de choni es Nicolás Alcalá. Como veis, todos ellos transmiten profesionalidad al máximo.

También desde algunos sitios surgieron voces en su defensa (como esta o esta), aunque mucho menos numerosas y contundentes que las voces críticas.

Me enteré también, gracias a algunos comentarios de menéame, de que han recibido ayudas públicas por valor de casi 100.000 euros (aquí podéis consultar la lista de empresas que han recibido ayudas y la cantidad de cada una).

En definitiva, a lo largo de estos días he ido descubriendo más y más cosas sobre este tema, que tenía ya casi olvidado, y de esta empresa de cuyo nombre ya no me acordaba, y cuya página web no llegué a descubrir en su día (pues lo dirigían todo hacia la página del proyecto). He notado, por ejemplo, que la página de la empresa, aparte de muy sosa y bastante pobre, sólo está en inglés. También está sólo en inglés el trailer de la película. Yo me pregunto: tratándose de una empresa española, ¿tanto costaba traducir cuatro frases (porque eso es lo que hay de texto) y ofrecer la web también en español? De acuerdo que la hagan también en inglés para promocionarse, pero no me parece normal que no tengan versión española, y más cuando su principal proyecto pretenden financiarlo a base de donativos, muchos de los cuales vienen, indudablemente, de España.

Por cierto, que el trailer deja entrever una película que parece una copia de las norteamericanas, tanto por la banda sonora, como por las actitudes de los actores, el hecho de que esté rodada en inglés... es que ni siquiera la estética es muy soviética que digamos. Si tan intelectuales e innovadores se creen, mejor que hubieran contratado a algunos actores locales y la hubieran rodado en ruso. Al menos hubiera quedado más auténtica.

Pues bien, estos tipos, estos chavalines con aires de modernillos y que no son capaces de presentar su miserable paginilla en español, pese a ser una empresa española, o que tienen un correo de empresa tan "guay" y tan serio como hola@riotcinema.com; estos presuntuosos que se declaran "organized, efficient and the best in her field" o "real workaholic", pero que luego tardan 4 años en hacer su proyecto inicial; estos insensibles que humillan a alguien que está en paro y que les escribe una carta de presentación estándar, sí, pero correctísima, y que luego se embolsan 100K euros de nuestros impuestos; en definitiva, estos caraduras, resultan ser aquellos mismos a los que hace un año doné 100 euritos.

¿Me arrepiento de ello? No exactamente. En cierto modo tengo la sensación de que mejor me los hubiera gastado en otra cosa; pero tampoco es menos cierto que en ese momento, con la información que tenía, parecía una buena opción. Lo que sí deseo es que ahora el destino le dé a cada uno lo que merece, y sin duda así va a ser, puesto que El Cosmonauta, como proyecto volcado en Internet que es, está ya irremediablemente condenado; y con él probablemente caiga la propia empresa. De alguna manera, la ira del gran público, a veces injusta e irracional, servirá de correcta venganza a la carta que le enviaron a Carlos, que es también injusta e irracional. Ojo por ojo, que suele decirse.

Si tuviera que darles un consejo, les diría que Nicolás Alcalá debe abandonar Riot Cinema, por el bien de su empresa; quizás entonces aún estarían a tiempo de salvar su imagen. El problema es que en realidad ya es tarde para eso. Con las pretendidas "disculpas" de su blog, lo que han  tardado en darse cuenta de su error y la manera de explicarlo, se ve claramente que la empresa misma le respaldaba en cierto modo, por lo que a estas alturas, ya todos son vistos como culpables, y el orden de los acontecimientos ha sido tal que probablemente ninguna disculpa le valga al público. Sólo queda desearles que esta experiencia les enseñe a ser más humildes y más profesionales, y que esa lección les sirva en los proyectos con los que intenten ganarse la vida una vez que Riot Cinema se hunda, lo cual, previsiblemente, no va a tardar mucho en ocurrir.


Actualización: He encontrado este artículo en el que se trata bastante acertadamente la repercusión de esta movida. También he visto un comentario en la entrada original de Riot Cinema, que explica muy bien lo que muchos pensamos sobre la carta; sólo hay que ir a la página y buscar el comentario de "El justiciero".